lunes, 7 de enero de 2019

Bernardo Kliksberg. Gestión social. Argumentos, evidencias y estrategias


Bernardo Kliksberg. AOA. 2016.                          

Hermosillo, Sonora a 7 de enero de 2019.


Proemio

Por más de cuatro décadas gobiernos, empresas y organismos internacionales han respaldado políticas neoliberales de desarrollo. En 1989 estas políticas fueron integradas en un paquete de reformas impulsadas por los organismos financieros internacionales. Bajo la égida del Consenso de Washington se pretendió resolver las crisis del sistema capitalista mediante fórmulas de mercado enfocadas a dotar de estabilidad macroeconómica, sanear las finanzas públicas, reducir los compromisos de la deuda y sus servicios, impulsar la liberalización comercial a nivel global, desregular y mejorar el marco institucional para favorecer los intercambios y la inversión, y particularmente redefinir el tamaño y funcionamiento del aparato estatal. 

Los argumentos empleados para fundamentar este modelo de desarrollo fueron de viejo cuño, alegando las libertades económicas, los principios de la competencia y la retracción del papel económico del Estado. En un contexto de globalización, regionalización económica, prevalencia de los avances científicos y tecnológicos de la información y la comunicación, y en la reivindicación de la democracia como forma de gobierno, este modelo ha tenido un relativo éxito en el ámbito económico. Sin embargo, los productos generados han evidenciado su énfasis en la búsqueda de satisfactores de corto plazo y muestran una despreocupación por los magros resultados económicos y sociales manifestados en la desigualdad social, la reducción temporal del ciclo económico y por los problemas del medio ambiente.

Al respecto Bernardo Kliksberg ha aportado contundentes argumentos para debatir la retórica en que se sustenta el modelo neoliberal, y, a la vez, trazar estrategias de una visión alternativa en la que se privilegia la interdisciplinariedad en su análisis de los fenómenos sensibles a toda la sociedad, y en la que se promueve el establecimiento de alianzas entre los diversos actores sociales y sus gobiernos para impulsar programas y proyectos que permitan avanzar en colectividad hacia un desarrollo con rostro humano. En este sentido es su empeño para refutar las falacias en relación con los problemas sociales y el desarrollo impulsado por una activa y comprometida gestión social.

Francisco Zúñiga. Figuras sentadas. 1981. Litografía. 76.2 x 58.4 cm. 


La pobreza de los países subdesarrollados

El subdesarrollo y la pobreza son rasgos presentes en la vida cotidiana de los países de América Latina. Son fenómenos estructurales cuyas manifestaciones lacerantes se hacen presentes cotidianamente en los hogares y centros de trabajo de la población. La pobreza mata, a ella se asocian graves problemas de desnutrición, condiciones de vida insalubres, faltantes de servicios públicos, déficits en educación y salud, afectaciones al medio ambiente, que, en general, acusan la presencia de amplios sectores de la población que viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema.

Para Bernardo Kliksberg, la persistencia de la pobreza en nuestros países evidencia su asentamiento en aspectos estructurales cuya atención es impostergable. Con base en el Informe de la Comisión Latinoamericana y del Caribe sobre el Desarrollo Social 1995 del BID, Naciones Unidas y PNUD, asume el autor (Kliksberg, 1997: XXIX) que resulta un escándalo moral las condiciones de amplios segmentos de la población en América Latina y el Caribe que viven en pobreza, con falta de empleo y en marginación social, que de no ser atendidos resultan una amenaza a la paz social, la estabilidad política y un freno al desarrollo.

Desde la década de los setenta se introdujeron las políticas neoliberales en la estrategia de desarrollo de los países del continente. Esta perspectiva del desarrollo fue asumida por los organismos internacionales, de tal manera que las medidas impulsadas se convirtieron en parte esencial de los paquetes reformistas propuestas por dichas instancias a los países receptores de sus servicios de asistencia y financiamiento. A fines de los ochenta, el Consenso de Washington incorporó estos planteamientos en un decálogo de políticas orientadas a promover la estabilidad macroeconómica, la atención de la deuda externa, la liberalización comercial, la privatización de las empresas estatales, la desregulación, la reorientación de las inversiones y la redefinición del papel Estatal y de su participación en las actividades económicas. Sin embargo, estas medidas han tenido magros resultados.

Kliksberg en su momento cuestionó la teoría del derrame que supone que «…de por sí el crecimiento se “derramaría” hacia el conjunto de la población, y que se trata en definitiva de un problema de “tiempo y paciencia histórica”» (Kliksberg, 1997: XXXVII), lo que en los hechos ha resultado un argumento infundado. Para el autor, esta conectividad entre el desarrollo económico y el social es mucho más complejo, como se ha demostrado en la realidad.

Como factor crucial del fracaso de las medidas neoliberales se ha señalado la equivocada política de retraimiento del aparato estatal y la preminencia de la acción del mercado sobre la distribución de la riqueza y los satisfactores sociales: desde las fallas en los mecanismos de privatización de los monopolios estatales para conformar monopolios privados, pasando por el mal manejo del gasto público y de las decisiones de política macroeconómica, hasta pretender marginar el papel político y ético que se desprende de una pertinente acción estatal en cuanto a la producción de bienes y servicios públicos que los particulares difícilmente pueden cumplir.

Por ello, Kliksberg ha destacado la idea de conciliar el manejo equilibrado de la macroeconomía con el progreso social. De su evaluación del fracaso social ocurrido en décadas pasadas, considera que obedeció a «...factores como la pésima distribución del ingreso, el papel deficiente del Estado, así como la falta de articulación de las políticas económicas y sociales.» (Kliksberg, 1994: 25) Así, resulta un error asumir una visión reduccionista del desarrollo, limitándolo a la perspectiva economicista sin contemplar aspectos como la equidad, la calidad de vida de todos los grupos sociales, la justicia, los sentimientos sociales, entre otros aspectos fundamentales.

Francisco Zúñiga. Campesinas. 1974. Print filmado en plancha. Reproducción Offset. 63.5 x 48.0 cm.



Retórica y argumentos. Debate con mitos y falacias

Se considera que, en el debate de las ideas, y particularmente en el debate público, es fundamental el manejo adecuado de los argumentos y evidencias que se arguyen con el fin de convencer o persuadir a los interlocutores. Giandomenico Majone ha definido que la «retórica es el arte de la persuasión, el estudio de todas las formas de hacer cosas con palabras.» (Majone, 2005: 42) Esta práctica requiere del manejo y generación de conocimientos, experiencias y esquemas valorativos que sirvan a los participantes en el intercambio discursivo y en el debate persuasivo.

En dicho proceso los argumentos son acompañados con datos, información y evidencias con base en los cuales se presentan y defienden las opiniones e intereses de los deliberantes. Son los soportes lógicos y materiales de la visión que se tiene de una realidad determinada.

La obra de Kliksberg resulta excelente ejemplo de este ejercicio argumentativo. Tanto en la tarea de soportar sus planteamientos teóricos como en el armado de sus alegatos sobre las ideas y modelos ideológicos de otros intelectuales a los que han cuestionado en el proceso de discusión del desarrollo latinoamericano. 

A lo largo de su trayectoria intelectual, Bernardo Kliksberg ha sometido al debate sus ideas y argumentos acerca de la realidad latinoamericana. Su producción de evidencias y argumentos se caracteriza por su rigurosidad, objetividad y consistencia. En su discurso, Kliksberg suma a la producción de conceptos, categorías y principios el manejo retórico de los mitos y falacias. Con estos últimos, debate los argumentos de los que se han valido quienes defienden e impulsan los modelos y estrategias instrumentados para enfrentar los problemas de la sociedad y promover el desarrollo en un determinado sentido.

Kliksberg advierte cómo se han construido historias imaginarias que alteran la comprensión de la realidad, tales como el demérito dado al significado y papel que tiene el gasto social como instrumento de los gobiernos para encarar la deteriorada situación social de nuestros países; la creencia de que los logros que se tengan en el campo de la economía, tarde o temprano, “derramarán” beneficios a toda la sociedad, de igual manera cuestiona que estos procesos no ocurren mecánicamente y que, en cambio, resulta necesario el compromiso para el diseño e instrumentación de «políticas sociales activas y eficientes, y mejorar la equidad.» (Kliksberg, 2002: 87) A partir de ello, discurre en argumentos relacionados a los siguientes mitos sobre el gasto social:
Mito 1. Gastar en lo social es distraer recursos que se pueden emplear productivamente.
Mito 2. El gasto social no genera resultados inmediatos.
Mito 3. Los programas sociales son ineficientes por naturaleza.
Mito 4. El gasto en programas sociales suele ser superficial.

Frente a estos planteamientos, Kliksberg (2002: 88-89) argumenta que el gasto que pueda orientarse a programas educativos o en el campo de la salud constituyen inversiones ampliamente rentables, teniendo en cuenta que con ellos se desarrollan capacidades en la formación de la población que hacen posible una mejor convivencia social y permite contar con alternativas profesionales en el campo laboral; en el mismo sentido se tendrían consecuencias enormes con lo que denomina inversión en mejoras sanitarias.

Si bien los resultados del gasto social, señala, se llegan a observar en el mediano y largo plazo, esto no significa que se menosprecie este tipo de inversión, pues los países desarrollados que en el pasado han comprometido sumas importantes en el campo de la educación y la salud, son hoy las potencias que pautan el rumbo de la economía mundial.

Las prácticas administrativas relacionadas con el manejo del presupuesto público, en particular el destinado a los programas sociales, como todo proceso, deben cuidarse y someterse a la innovación. Las prácticas que incurren en ineficiencia administrativa y desvíos presupuestales, deben ser revisadas y sometidas a ajustes inmediatos para que se cumpla el cometido para el que sirven. Es comprensible que el sector público no es el único en donde suceden fallas y problemas en la gestión de recursos.

Francisco Zúñiga. Maternidad. 1974. Print filmado en plancha. Reproducción Offset. 63.5 x 48.0 cm.


Por otra parte, argumenta el autor, prescindir de los programas sociales es atentar contra el bienestar de muchas familias que dependen de ellos; la pobreza y los problemas asociados a ella tienen una correlación alta con la ausencia del gasto público en programas y proyectos sociales. El compromiso, reflexiona, debe ser con el uso eficiente y honesto de los recursos canalizados, promoviendo la sinergia de los diferentes grupos sociales para su mejor gestión y control.

Otro de los intereses del científico argentino lo han llevado a identificar y promover una reflexión colectiva sobre un conjunto de falacias sobre los problemas sociales, que han servido como argumentos que justifican las decisiones de diversos organismos al impulsar políticas que han tenido resultados limitados para el bienestar de la gente. Tales argumentos han llevado a una razonabilidad engañosa, generando conclusiones equivocadas y decisiones con efectos negativos para la población.

Kliksberg ha identificado las siguientes falacias sobre los problemas económicos y sociales en América Latina:
Falacia 1:  Desconocer o relativizar la pobreza.
Falacia 2:  Considerar que la pobreza puede esperar, su situación mejorará, hay que tener paciencia.
Falacia 3:  Ponderar que con el crecimiento económico basta, éste generará un “efecto derrame”.
Falacia 4:  Considerar como natural la desigualdad social en el proceso del desarrollo.
Falacia 5:  Asumir que la política social es de una categoría inferior que la política económica.
Falacia 6:  Deslegitimar maniqueamente el papel del Estado.
Falacia 7:  Privilegiar las virtudes del mercado y menospreciar las aportaciones de la sociedad civil.
Falacia 8:  Reconocer la importancia de la participación social, pero no incorporarla.
Falacia 9:  Eludir a la ética como componente en el análisis de los problemas de la población.
Falacia 10: Argumentar con el “pensamiento único” centrado en el razonamiento económico ortodoxo.

Los trabajos de Kliksberg están sustentados en una profusa información de los problemas que aquejan a la sociedad, con ello presenta las evidencias que le permiten fundamentar sus argumentos. Esto le ha servido en la confrontación de ideas, identificando mitos y falacias que intelectuales y organizaciones han propuesto como retórica contra la denuncia de la situación crítica en la que viven segmentos gruesos de la población de nuestros países, contra lo fallido de las medidas que ellos mismos han propuesto como estrategias del desarrollo y contra los avances de la colectividad participativa.

Las diez falacias detectadas por Kliksberg (2002: 128-154) relativizan la pobreza y la situación en general de los graves problemas que van aparejados a ella: “hay pobres en todas partes”, “sólo son focos de pobreza”, son frases en ese sentido, enmascarando la problemática estructural subyacente. En el mismo sentido, otras voces plantean que “tarde o temprano se resolverá esta condición”, “es cuestión de paciencia”, sin embargo, generacionalmente los pobres siguen sufriendo los achaques por la pobreza en la que viven; la crisis para ellos es latente y el tiempo lo que hace es agudizarla.

Las teorías convencionales del desarrollo centralizan sus esfuerzos en el crecimiento económico, con la idea de que sus frutos se “derramarán” hacia la sociedad, dando solución a los “rezagos” que pueda haber entre sectores, de una región a otra y en la población. Sin embargo, los informes sobre el desarrollo emitidos por diversos organismos internacionales hacen notar que, si bien ha ocurrido crecimiento económico, éste no se ha traducido en desarrollo social, todo lo contrario, ha aumentado la inequidad y la desigualdad.

Estas consecuencias, se han vuelto problemas sistémicos, lejos de aquella idea que presentan algunos teóricos señalando que a la desigualdad sería algo temporal, propio de la etapa inicial del proceso de desarrollo, y que con el tiempo esta condición cambiaría.

El tratamiento de la pobreza es fuertemente desvalorizado por estas falacias, considerando que son medidas secundarias en las que los recursos que se destinan no se usan eficientemente; se ha probado, sin embargo, que estos gastos gubernamentales operan como inversiones que generan amplios réditos en los diferentes plazos en los que actúan y con beneficios patentes en el colectivo social.

Lo mismo ocurre con la imagen negativa del Estado que se ha tratado de presentar; sin excusar las fallas y disfunciones que esta institución ha presentado a lo largo de su historia, tampoco es posible demeritar los resultados positivos que se desprenden de su papel como tutor del interés público y de la generación de bienes y servicios sociales, actividades que no son propias del mercado ni de los particulares.

Francisco Zúñiga. Dos mujeres. 1966. Litografía. 52.0 x 65.0 cm.


Los argumentos de las políticas implementadas en nuestro continente se han centrado en el mercado y sus fundamentos; en esta perspectiva se concibe a la sociedad civil y su participación como un elemento secundario, que llega a resultar irrelevante en la medida que los mecanismos del mercado constituyen el camino más adecuado en la asignación de bienes y servicios. Pero en la realidad esto no es cierto, puesto que la participación social tiene un alto potencial y los resultados de su activismo tiene efectos en la consolidación del capital social, en el reforzamiento de la confianza, en el estímulo de la responsabilidad social y en el fortalecimiento de la vida democrática.

Estos elementos tendrían que valorarse cuando se convoca a la participación social, considerando que ésta debe desarrollarse plenamente, trascendiendo los procesos simulados característicos de los regímenes demagógicos y autoritarios.

La visión unidimensional del modelo económico implementado ha dejado de lado cuestiones prioritarias para la población. Esta falla de perspectiva exige una repensar los valores en los que el modelo neoliberal se ha venido respaldando. El desarrollo debe tener como finalidad la felicidad de todos, debe asumir un rostro humano, cuidando del entorno en el que vive el ser humano, preservando las condiciones de vida para las futuras generaciones. Sí es posible otra alternativa, pero ésta tiene que pasar por el compromiso ético para alcanzar un mundo mejor, en el que la solidaridad se canalice hacia una participación social comprometida con el bienestar de todos.

Kliksberg (2001: 199-201) reconoce la importancia de la participación y la considera como un mecanismo de cooperación para el éxito de los programas sociales y producir efectos significativos en el desarrollo de la población. Su legitimidad se da en los ámbitos ético, político, social, económico y gerencial.

Con el propósito de ayudar en la confección de una agenda para su discusión y análisis, el autor ha enunciado las siguientes tesis no convencionales sobre la participación:
Primera tesis: La participación da resultados.
Segunda tesis: La participación presenta ventajas comparativas.
Tercera tesis: La participación es fundamental en la manera de gerenciar a las organizaciones.
Cuarta tesis: La participación implica cambios, lo que implica enfrentar resistencias e intereses.
Quinta tesis: La participación requiere de políticas y estrategias orgánicas y activas.
Sexta tesis: La participación es propia de la naturaleza del ser humano.

En este sentido, Kliksberg argumenta (2001: 202-228) que la participación social produce muchos beneficios inmediatos y mediatos; en principio, señala que sus resultados son superiores a los que se producen cuando el gerenciamiento de los programas sociales ocurre “de arriba hacia abajo”. Insiste en que su éxito deriva de que sean esfuerzos reales y no simulados, donde se facilite la participación activa y continua, y que se respete la historia, cultura y creencias de todos los involucrados.

La participación da un sentido distinto a los programas sociales, presenta ventajas comparativas superiores con respecto aquellos proyectos de tipo paternalista. Con la participación, se genera un sentido de pertenencia y compromiso para quienes se involucran en sus acciones, al tiempo que se generan y desarrollan capacidades que enriquecen a sus participantes.

Desde el punto de vista gerencial se revalúa a la participación social; se le considera como fundamental para el desarrollo de organizaciones inteligentes, innovadoras y adaptivas. En este sentido, se ponderan los efectos positivos de la participación tanto en la productividad y reducción de costos, como en la cooperación y moral de los participantes, así como en la creación de confianza al interior de la organización y la construcción de capital social.

La participación social activa las relaciones sociales. Ello implica cambios de pensamiento y en la forma de hacer las cosas. Los temores que despierta su activismo han fortalecido el declaracionismo respecto a su importancia, pero con pocos resultados efectivos. A ello se agregan diferentes trabas que tiene que enfrentar, como: el eficientismo cortoplacista que se le exige; el reduccionismo economicista que privilegia la maximización de la ganancia sobre los beneficios sociales que se puedan generan; la vigencia de modelos organizacionales tradicionales que excluyen la participación y descentralización de las decisiones; el subestimar la participación, y en particular la de los pobres, como capaces de intervenir en el diseño, implementación, dirección y control de los programas sociales; las prácticas clientelares dirigidas al control social y a la creación de liderazgos falsos e impuestos; así como la resistencia de dar el poder a la gente para tomar decisiones a su favor, concentrándose en las élites políticas y económicas predominantes.

Francisco Zúñiga. Mujeres al mar. 1977. Litogafía. 77.47 x 59.05 cm.


El avance de la participación requiere de políticas y estrategias orgánicas. Estos esfuerzos necesitan el desarrollo de estudios e investigación en la materia; impulsar acciones continuas de formación y aprendizaje; recuperar y replicar experiencias innovadoras; impulsar alianzas estratégicas para la participación, articulando regiones, sectores e, incluso al nivel nacional; y fomentar una conciencia pública respecto a sus ventajas y beneficios.

En general, se considera que la participación social es un rasgo del ser humano. La participación lo dignifica, le da sentido de pertenencia colectiva y lo involucra productivamente para su bienestar y el bienestar de toda la sociedad.

Como fundador de la teoría de la Gerencia Social, Kliksberg pondera las ventajas de contar con los medios y procesos gerenciales eficientes capaces de concretar exitosamente los propósitos de programas y proyectos sociales. Considerando la importancia de la gerencia social en la lucha contra la pobreza, en su momento, lo condujo a la revisión de tres mitos que obstaculizan la efectividad de las acciones planteadas como parte de sus estrategias, estos son:
·       Mito de la ilegitimidad del gasto social.
·       Mito de la ineficiencia congénita de la gerencia social.
·       Mito de la visión burocrática de la gestión social.

Kliksberg (1997: 91-97) ha propuesto generar una gerencia social diferente, que aproveche los mejores procesos, métodos y sistemas de la iniciativa privada como del sector gubernamental. Una gerencia orientada a los problemas sociales que tome en cuenta de manera integral las condiciones específicas en las que se desarrollan los programas que atiende. Una gerencia respaldada por los principios teóricos administrativos como por las prácticas exitosas y las innovaciones que favorezcan el mejor resultado de su acción.

De igual manera se opone a la idea de que los programas sociales operen bajo pautas burocráticas, pues considera que su implementación difícilmente se llevará a cabo automáticamente, además de que su gerenciamiento ocurre en ámbitos altamente complejos, donde diferentes transacciones y lucha de intereses reclaman una gestión alerta, inteligente y eficiente.

Francisco Zúñiga. Juchitecas. 1981. Litografía. 74.0 x 56.0 cm.



Conclusión

Bernardo Kliksberg ha denunciado que con el fracaso de la alternativa neoliberal se incrementó la concentración del ingreso, al igual que la exclusión y la vulnerabilidad de la población: desigualdad y pobreza siguen siendo fenómenos estructurales de una realidad latinoamericana que reclama una ética distinta a la que se argumentó con las políticas globalizadoras, privatistas y de liberalización de los mercados. Para Kliksberg, «La exigencia por volver a discutir de ética en América Latina forma parte de un clamor más amplio que se está extendiendo mundialmente» (Kliksberg, 2004: p. 11). Más allá del esquema economicista como el que se ha planteado desde hace décadas, se requiere un modelo que considere el desarrollo social y humano de manera responsable y comprometida.

Bustelo y Minujin (1998: 15-16) consideran que las experiencias que se han vivido con la aplicación de los dictados de la ortodoxia neoliberal dieron como resultado una “democracia protectiva”, centrada en garantizar la vigencia de los mercados y la aplicación del principio de la ganancia como fundamento del comportamiento humano y las organizaciones. Esto, agregan, impulsó una filosofía del “dinero fácil”, lo que a su vez propició prácticas corruptas y el debilitamiento de la vida democrática. En este proceso el Estado mismo se debilitó, pasando a ser un Estado “ausente”, alejado de los ciudadanos y de su papel como generador de bienestar público y conductor del desarrollo.

Ante esta situación, con la revitalización de la ciudadanía, es importante recuperar la figura del Estado, que, como lo plantean Bustelo y Minujin, resulta fundamental en un enfoque de búsqueda del desarrollo para todos, «…con funciones y responsabilidades democráticamente definidas y como interlocutor básico de todos los agentes económicos. Se trata de un Estado necesario, no un Estado mínimo ni mucho menos, un Estado ausente.» (Bustelo y Minujin, 1998: 17)

Estas ideas son congruentes con la óptica con la que Kliksberg analiza al Estado de nuestro tiempo. Para Kliksberg es necesario constituir una institucionalidad social necesaria, inteligente, fuerte y eficiente. Advierte que la idea de este Estado no es la misma que la del pasado, omnipresente y burocratizado, pero tampoco responde a la de un Estado débil e ineficiente; considera la proyección de «…un Estado con un servicio civil profesional, bien gerenciado, transparente, descentralizado, monitoreado por la comunidad y articulado estrechamente con la sociedad civil en su tarea.» (Kliksberg, 2001: 186)

La relativización del papel del Estado en la promoción del desarrollo se sustentó en buena medida al relacionarlo con los actos de corrupción. Con ello se le opuso a la misma sociedad y al mercado como su virtual “contrincante”. Las fallas estatales provocadas por el burocratismo y la corrupción deben ser erradicadas. Sin embargo, su papel como generador de bienestar público, promotor del desarrollo económico y social, y como responsable de la seguridad colectiva no se debe desdeñar.

Kliksberg ha reconocido la importancia de conciliar propósitos comunes del Estado, el mercado y las organizaciones del tercer sector. Teniendo como premisa que la «pobreza no es una maldición inevitable» (Kliksberg, 2002b, 18), se tienen que encontrar soluciones pertinentes para el desarrollo social, donde la participación de la gente de certidumbre al correcto ejercicio de los programas de bienestar social y al manejo honesto de los recursos públicos.

Francisco Zúñiga. Hombres con barca. Litografía. 1984. 34.5 x 24.5 cm.


Referencias

Bustelo, Eduardo y Alberto Minujin (editores). 1998. Todos entran. Propuesta para sociedades incluyentes. Colección Cuadernos de Debate. Santa Fe de Bogotá: UNICEF y Editorial Santillana.
Kliksberg, Bernardo. 2001. El nuevo debate sobre el desarrollo y rol del Estado. Mitos y realidades en la América Latina de hoy. México: Instituto Nacional de Administración Pública, A. C.
Kliksberg, Bernardo (Compilador). 1994. El Rediseño del Estado. Una Perspectiva Internacional. México: Instituto Nacional de Administración Pública, A. C. y Fondo de Cultura Económica.
Kliksberg, Bernardo. 2002. Hacia una economía con rostro humano. Fondo de Cultura Económica de Argentina, S.A.
Kliksberg, Bernardo. 2004. Más ética, más desarrollo. Buenos Aires: Temas Grupo Editorial.
Kliksberg, Bernardo (Compilador). 1997. Pobreza un Tema Impostergable. México: Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Fondo de Cultura Económica.
Majone, Giandomenico. 2005. Evidencia, argumentación y persuasión en la formulación de políticas. Cd. de México: Fondo de Cultura Económica y Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública, A. C.

NOTA: Este trabajo es un resumen de la primera parte del libro del autor, Diálogos sobre el desarrollo, el Estado y la participación social. Colección: Ensayos de Administración Pública No. 5, Editorial Garabatos y Universidad de Sonora, México, 2018. ISBN: 978-607-518-288-9.