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lunes, 9 de octubre de 2023

Curso Planeación y Programación del Desarrollo

Juan O´Gorman. Ciudad de México


Hermosillo, Sonora a 10 de octubre de 2023.

Con el propósito de reflexionar acerca de los procesos de planeación, programación, presupuestación, control y evaluación gubernamental, revisando planteamientos teóricos y prácticas de los mismos, se implementó el curso Planeación y Programación del Desarrollo dirigido a estudiantes del Programa de la Licenciatura en Administración Pública.

En respuesta a los resultados de la encuesta Estrategias de enseñanza-aprendizaje en el contexto de la post-pandemia por Covid 19, se propuso la realización de cursos remediales, con duración de al menos 20 horas, dirigidos a estudiantes inscritos y egresados con el fin de complementar su formación en aquellos temas que por motivos de pandemia no se comprendieron por parte del alumnado.

Los profesores de la Academia de Administración Pública de la Universidad de Sonora acordaron en su sesión ordinaria número 50 realizada el 26 de junio de 2023 impulsar la propuesta de impartir un curso centrado en seis aspectos temáticos: 1. Gobierno y Desarrollo, 2. Objetivos del milenio y Objetivos del desarrollo sostenible, 3. Sistema Nacional de Planeación Democrática, 4. Planeación, Programación y Presupuestación, 5. Programación y Presupuestación por Resultados, y 6. Control y Evaluación.

El curso se realizó del 25 de agosto al 29 de septiembre de 2023, con duración de 20 horas, en las instalaciones del Departamento de Sociología y Administración Pública. Se verificaron seis sesiones semanales impartidas los días viernes.

Se convocó a participar en este evento académico a estudiantes inscritos del programa de la Licenciatura en Administración Pública del 5o al 7o semestre y Egresados del mismo programa de las generaciones que concluyeron sus estudios en los semestres 2022-1 y 2023-1. Los requisitos para acreditar el curso fueron asistir al 80 % de las asistencias y cumplir con las asignaciones propuestas por los instructores.

Juan O´Gorman, Azcapotzalco

La presentación de los contenidos del curso fue realizada por los profesores Arturo Ordaz Alvarez, quien impartió los tres primeros apartados temáticos, y Francisco Javier Santini Rodríguez quien cerró la conducción del curso. Ambos profesores forman parte de la Academia de Administración Pública.

Como aspectos relevantes en la presentación de los contenidos del curso se tiene el análisis del Sistema de Planeación Democrática instrumento gubernamental que sirve para direccionar la actividad de los servidores públicos en su compromiso para impulsar el desarrollo nacional. También se revisaron la estructura y contenidos del plan de desarrollo, así como los diferentes programas y el presupuesto gubernamentales.

También se dio relevancia a los procesos de control y evaluación del ejercicio gubernamental, con los cuales se complementa el proceso de planeación gubernamental. Durante el curso se destacó la manera en que se alinean todos estos instrumentos entre sí y con los objetivos del desarrollo sostenible, asumiendo el compromiso de atender y superar los retos y problemas nacionales, así como los de índole mundial.



domingo, 27 de diciembre de 2015

La Planeación estratégica y la acción de gobierno

AOA. Esculturas de Alfredo Velarde. 2015.
 
Hermosillo Sonora, Diciembre 27 de 2015.

En los primeros años de la década de los ochenta, bajo el impulso de un nuevo estilo gubernamental centrado mayormente en la renovación moral, la reconversión industrial y la racionalidad económica en los actos de gobierno, se planteó modificar la base institucional para la organización y funcionamiento del gobierno y la manera en que se regularían las condiciones de operación de la economía mixta. En este sentido es que se dieron las reformas constitucionales a los Artículos 25, 26, 27, 28 y 115 de la carta fundamental del país.
 
El marco de las relaciones intergubernamentales fue modificado al institucionalizarse el papel del Estado como rector del desarrollo nacional con atribuciones en materia de planeación, conducción coordinación y orientación de la actividad económica nacional, mediante la estructuración del sistema de planeación nacional y los esquemas de coordinación entre los tres órdenes de gobierno, así como las relaciones de éstos con los sectores social y privado del país, los estados y municipios.
 
Con este esquema sistémico de planeación, se pretendía establecer nuevas formas de ordenación y racionalidad en las decisiones y actuación del gobierno, revertir el centralismo característico del federalismo mexicano y la apertura de vías formales para el diálogo entre gobernantes y gobernados. Técnicamente, y de manera paulatina, se fueron sumando al quehacer gubernamental estrategias e instrumentos exitosos en la administración de negocios; dependencias y organismos del sector paraestatal experimentaron los primeros ejercicios de la planeación estratégica (desde los setenta estos influjos se empezaron a notar en estos espacios).
 
Sin embargo, el sistema de planeación promovió el desarrollo de una nueva cultura organizacional en el gobierno, al incorporar dos elementos que venían a modernizar la administración pública y su relación con los gobernados: el diseño, instrumentalización y práctica del plan de desarrollo, por una parte, y la apertura de vertientes de participación en el diseño, implantación y seguimiento de las acciones de gobierno contenidas en el plan.
 
En este contexto, la construcción de una agenda planeada del gobierno resulta de los procesos institucionales que llevan a diseñar diferentes instrumentos del sistema de planeación gubernamental reconocidos en la constitución del país y en las respectivas de las entidades federativas. Se puede afirmar que su concreción formal es el plan de desarrollo. Su objetivo radica en la racionalización de las decisiones y acciones del gobierno, brindando atención a los problemas de interés público. Esta agenda involucra dimensiones de diversa naturaleza en su confección (Gráfico 1), teniendo en cuenta que esta concurrencia de diversos elementos sirve de base para su definición objetiva e integral.
 
 
A lo largo de la década de los noventas se hicieron expresas las intenciones de impulsar una nueva forma de hacer gobierno mediante la incorporación de prácticas del mercado en el quehacer de las organizaciones del Estado. Con el fin de promover la productividad y estabilidad económica del Estado reformado, se elevó la propuesta, de manera más firme, de incorporar las prácticas administrativas de la iniciativa privada al interior de las oficinas de gobierno.
 
México vivió durante el sexenio 1982-1988 el relevo generacional con la presencia de nuevos políticos que fueron adjetivados como tecnócratas y/o neoliberales; tocó a ésta y a las dos subsecuentes administraciones emanadas del Partido Revolucionario Institucional promover y poner en práctica las grandes transformaciones de la etapa exoprivatizadora, en tanto que durante el sexenio del primer Presidente surgido de las filas del Partido Acción Nacional se abrieron francamente las puertas para la introducción de la nueva cultura de gestión pública.
 
Vivencias transformadoras ya se habían experimentado con la dinámica de la alternancia del poder en las entidades federativa, poniéndose en práctica nuevos estilos y métodos de gestión (Cabrero Mendoza et al., 1996), que van desde la apertura hasta la participación ciudadana en programas de gobierno, pasando por la tecnologización de procesos y la incorporación de prácticas administrativas de los negocios privados, como el Desarrollo Organizacional y la Planeación Estratégica.
 
El nuevo Sistema Nacional de Planeación Participativa, quedó explícito en el Plan de gobierno del periodo 2001-2006. A fin de apoyar la operación continua y eficaz de la administración pública, el sistema contemplaba tres grandes procesos: la planeación estratégica (fundamento del sistema), el mejoramiento organizacional (mediante la modernización de estructuras, procesos y proyectos) y el seguimiento y control (para correcciones y ajustes de programas).
 
En la primera parte de dicho documento se presentó la evaluación de las condiciones del gobierno y del entorno del país, definiendo sus propósitos generales a partir de la estructura convencional de la planeación estratégica: la visión del país a 25 años, la misión del gobierno, los principios conductuales para el desarrollo de las funciones de gobierno (desagregados en tres postulados: humanismo, equidad y cambio; en cuatro criterios para el desarrollo nacional: inclusión, sustentabilidad, competitividad y desarrollo regional; y en cinco normas básicas de acción gubernamental: apego a la legalidad, gobernabilidad democrática, federalismo, transparencia y rendición de cuentas) y, guiados por estos principios, los programas, proyectos y acciones del gobierno.
 
El Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 siguió el mismo enfoque en su elaboración. Si bien apuntaba que respondía a las disposiciones constitucionales y de la Ley de Planeación y al Sistema Nacional de Planeación Democrática, su configuración partió del establecimiento de una estrategia para lograr la visión del país a 23 años.
 
Sustentado en una visión de futuro, pretendía fomentar el cambio de actitud e impulsar un ejercicio de planeación y prospectiva que ampliara los horizontes de desarrollo. Lo singular de este plan es que definió al Desarrollo Humano Sustentable como premisa para el desarrollo integral del país en el largo plazo. Considerando la visión y la premisa básica del desarrollo, a partir de ambos se fijaron los cinco ejes rectores de la política pública, los objetivos nacionales, las estrategias generales y las prioridades de desarrollo propuestos en los programas sectoriales, institucionales, regionales y especiales.
 
El Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, teniendo al Partido Revolucionario Institucional de nuevo al frente del Poder Ejecutivo, ha retomado el esquema tradicional del Sistema Nacional Democrática. En su contenido, sin embargo, se conservan determinados términos y elementos de análisis diagnóstico que recuerdan la perspectiva estratégica, tales como la visión general, el aprovechamiento de oportunidades para el desarrollo y las limitantes para este proceso.
 
AOA. Estructura. 2015.
 
La práctica de la planeación estratégica se ha generalizado, enriqueciendo los planteamientos originales del Sistema de Planeación. Los gobiernos de las entidades federativas también la han implementado, y se ha ido más allá, hasta el ámbito de gobierno municipal. Para ello no ha sido obstáculo el hecho de que estos gobiernos procedan de filiaciones partidistas diferentes.
 
El manejo de la planeación estratégica no ha dependido del partido político que gobierna, se ha visto que es un medio empleado en planes de gobiernos estatales y municipales encabezados por funcionarios provenientes de diversos partidos políticos. Como lo señala Mauricio Merino (2006), a medida que la gestión municipal se ha vuelto más compleja, es cierto que se vuelve necesaria la incorporación de técnicas modernas propias de la Nueva Gestión Pública y de nuevas estructuras técnicas, pero también es imprescindible el desarrollo de nuevas actitudes, convicciones e identidades de los servidores públicos con estas nuevas prácticas, e incluso, agregaríamos, con las prácticas de la administración convencional, como la planeación del desarrollo.
 
 
Fuentes:

Cabrero Mendoza, Enrique, Rodolfo García del Castillo y Martha Gutiérrez Mendoza. 1996. La nueva gestión municipal en México: Análisis de experiencias innovadoras en gobiernos locales. México: Miguel Ángel Porrúa Grupo Editorial y CIDE, A. C.
Merino, Mauricio (Editor). 2006. La gestión profesional de los municipios en México. Diagnóstico, oportunidades y desafíos. México: CIDE, A. C.
Ordaz Alvarez, Arturo. 2010. La Gestión Pública Municipal. Estudio sobre las Capacidades Institucionales y Administrativas en el Ayuntamiento de Hermosillo Sonora. 2006-2009. México: Universidad de Sonora.
 
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
Planes de Desarrollo 1982-1988, 2001-2006, 2007-2012, 2013-2018

martes, 22 de diciembre de 2015

Administración pública y planeación del desarrollo

AOA. Cruce de calles. 2014,

Hermosillo Sonora, Diciembre 22 de 2015.

Función sustantiva de la administración pública
 
El cambio institucional y organizacional del Estado y la administración pública se puede entender como un proceso más o menos racional y deliberado para lograr el cumplimiento de sus objetivos. Dicho cambio puede ser planeado y anticiparse a los cambios en el entorno, o bien asumirse como un cambio reactivo a las contradicciones y problemáticas que reclaman una acción racional eficiente y racional capaz de responder a las necesidades, demandas y problemas de tipo público. El aparato gubernamental se asume como un sistema abierto, en permanente retroalimentación mutua con la sociedad y cuya calidad de servicio es sometida al escrutinio desde el interior de sus órganos de control y evaluación como desde el exterior, por los ciudadanos y sectores de la sociedad.
 
Al comprender la función sustantiva de la administración pública, es necesario considerar los compromisos que asume en los distintos ámbitos del desarrollo de la sociedad. Es inherente a su definición considerarla como entidad en acción, en permanente movimiento. Esto le permite concretar su función de generar bienestar público. Al gobierno en acción se le concibe como un sistema abierto en permanente retroalimentación, lo cual le exige definir y redefinir estrategias, emplear instrumentos y procesos administrativos, así como ajustar estructuras con miras a responder a las demandas sociales y cumplir sus compromisos como entidad de gobierno.
 
AOA. Mientras esperamos. 2014,
 
De igual manera, se considera relevante que, para el cumplimiento de su función sustantiva, el Estado cuente y promueva en su relación con la sociedad el desarrollo de instituciones que sirvan de marco apropiado para que se dé la convivencia entre ambas entidades. Incluso, como lo señala Fukuyama (Prólogo en Lora, 2007: xv), hemos de suponer que el adecuado funcionamiento de las instituciones, y particularmente de quienes las ponen en acción, hacen posible que las políticas de gobierno tengan consecuencias positivas. Por ello la importancia de reflexionar acerca de sus características, su funcionamiento y sobre los diversos factores que influyen en su diseño y en la capacidad para reformarlas.
 

El desarrollo y el bienestar público
 
El Estado, a través de la administración pública, se erige como un actor fundamental en el proceso de desarrollo de cualquier país y sus regiones. El Estado, y por lo tanto la administración pública, tienen como fin de su acción un propósito dual: de orden público y de tipo político, fines que le llevan a desarrollar diversas funciones dirigidas a la prestación de servicios y la concreción de obras públicas, por un lado, y a la conservación del orden social y la reproducción de las condiciones necesarias para el sostenimiento de la vida de la sociedad civil. El bienestar público constituye el propósito último de la acción gubernamental.
 
La organización de la administración pública permite definir la estructura y funcionamiento del poder ejecutivo y, de esta manera, por medio de la división del trabajo administrativo atender los diferentes intereses que atañen al colectivo social. Esta organización se expresa en diferentes ámbitos territoriales, con el fin de llevar a toda la población los beneficios que se desprenden de la acción pública, y contar con los centros de contacto directo y permanente en donde la ciudadanía pueda expresar sus necesidades, intereses y demandas al gobierno.

AOA. Desde adentro. 2014,
 
La sociedad actual vive una realidad determinada por el fenómeno de la globalización, el cambio acelerado de la ciencia y la tecnología, la preeminencia de la vida democrática y una revisión permanente de las instituciones que modulan las conductas de los miembros de la sociedad y su relación con las estructuras de gobierno.
 
Los intereses sociales se plantean en términos de principios y valores generales que resumen el interés público, y que tienen que ver con la perpetuidad del mismo colectivo social, una buena calidad de vida, y la extensión a toda la sociedad de los beneficios que derivan del progreso científico y tecnológico planteados en términos de subsistencia, mejoramiento de las condiciones de vida material, así como el desenvolvimiento de la vida espiritual individual y colectiva. Desde mediados del siglo XX, estos propósitos sociales se han ido incorporando y revalorando en el concepto de desarrollo, que, habiendo tenido orígenes profundos en la ciencia económica, ha trascendido fronteras disciplinarias hasta ser en la actualidad un propósito social al que se orienta la acción social vista desde cualquier perspectiva de análisis.

AOA. Camino. 2014,
 
El desarrollo se define (Todaro, 1991: 154) como un proceso multidimensional cuyo destino es el hombre en comunidad, en colectivo. Cuando al desarrollo se le colocan adjetivos es para resaltar alguna de las dimensiones en que es posible desagregarlo para su estudio; así es posible entender que alguien proponga analizar el desarrollo económico, el social, el político, el cultural, etc. Sin embargo, la realidad del desarrollo no aísla esas dimensiones, por ello se entiende que aun cuando se privilegia al crecimiento económico sobre otros aspectos, éstos también ven alterada su situación: se provocan avances en las variables sociales o hay retroceso, se crece económicamente coincidiendo con avances en la vida política, o esta dimensión se rezaga y se producen trastornos en las instituciones y la gobernabilidad política. El desarrollo, por lo tanto, es un fenómeno que debe ser comprendido de manera integral.
 
El concepto de desarrollo muestra en los últimos años una evolución que lo ubican en una perspectiva más amplia que la del simple crecimiento económico. Si bien el desarrollo de un país, de una entidad federativa, de una región o de un municipio tiene como base y condición fundamental al crecimiento económico, la noción que hoy se asume corresponde a una versión ampliada (Boisier, 2003: 1), en donde “prima lo subjetivo, lo valórico, lo intangible, lo holístico, lo sistémico, lo recursivo, lo cultural, la complejidad, para citar sólo algunas de las características que se atribuyen ahora a la idea de un desarrollo societal”.
 
La comprensión del desarrollo parte del reconocimiento de su naturaleza territorial y social, de allí la complejidad y multidimensionalidad de este proceso. Su atención, entonces, exige acudir a diversos campos de conocimiento para que, a través de la interdisciplinariedad y transdisciplinariedad, se puedan elaborar diagnósticos integrales de la realidad social y definir las estrategias y programas de acción necesarios para la solución de la problemática identificada. En el plano de la acción, por su parte, esto lleva a la estructuración de una gestión adecuada para la generación de desarrollo: en un sistema territorial dado, se requiere una gestión local o regional concreta que acuda a la comprensión sistémica del desarrollo, buscando equilibrios entre subsistemas endógenos y exógenos, la autorreproducción y la sinergia que conjugue los esfuerzos de los actores sociales y del gobierno para el logro de las metas del desarrollo.

AOA, Voy y vienes. 2014.
 
Se plantea que el interés del desarrollo reside en el hombre que vive en sociedad. El desarrollo se preocupa por sus condiciones materiales y espirituales para lograr una convivencia efectiva. De allí los propósitos por generar proyectos productivos que, a la vez, constituyen fuentes de empleo, la construcción de espacios urbanos que posibiliten el acceso a servicios de vivienda, vías de comunicación y servicios públicos en general, la integración de comunidades con gobiernos que proporcionen seguridad y orden, comunidades que, además, se constituyen en fuente y destino del trabajo intelectual y material. El desarrollo es un fenómeno integral que coloca en el centro de atención al hombre social. Se considera que el destino del desarrollo es el ser humano, que debe tener un rostro humano.
 
El desarrollo, y en particular el desarrollo que ocurre en el territorio municipal y local, se da en el concierto del conjunto de relaciones sociales que reproducen las condiciones de la sociedad civil, buscando mejorar las condiciones de vida de esa comunidad (si bien en una permanente confrontación entre equidad y eficiencia económica); como dice Palacios (1993: 117), estos procesos sociales llevan “…inherentemente una dimensión espacial (en este caso la del territorio municipal) como condición de su existencia.”
 
Se considera que el orden municipal es central en el federalismo. De igual manera, es reconocida su relevancia en cuanto a la relación Estado-sociedad, pues es en el municipio donde coinciden y se desarrollan las energías de la vida social, de la vida en comunidad. El gobierno municipal es responsable de la gestión de recursos, la formulación e implementación de programas y proyectos que dentro de un territorio particular expresan la acción administrativa concretada en un conjunto diverso de bienes y servicios públicos.
 

AOA. Paloma. 2014,
 
 
Intentos para racionalizar la acción estatal: la planeación del desarrollo
 
Los ochenta han sido considerados una década de grandes cambios para la definición del Estado y el papel de las políticas gubernamentales. Tras arrastrar las condiciones contextuales de la crisis surgida en los setenta, ante circunstancias de urgencia del deterioro del bienestar social y el desgaste del llamado Estado interventor, se plantearon cambios necesarios para rehabilitar la relación Estado-sociedad, ordenar la vida económica del país y construir instituciones que favorecieran la competitividad del país y modificaran las relaciones del sistema político.
 
Esto se dio con el encumbramiento del mercado como eje básico de la asignación de recursos económicos y la retracción del Estado y la redefinición de su tamaño y de la forma de interactuar con los grupos sociales cada vez más activos en un ambiente de mayor participación y reconocimiento de su rol en el espacio público.
 
En contraposición de la visión gubernamental de un Estado majestuoso y omnipresente en todos los campos de la vida social, durante los primeros años de esa década, con el ascenso de un nuevo estilo de hacer gobierno centrado mayormente en la renovación moral y la racionalidad económica en los actos de gobierno, se planteó modificar la base institucional para la organización y funcionamiento del gobierno y la manera en que se regularían las condiciones de operación de la economía mixta. En este sentido es que se dieron las reformas constitucionales a los Artículos 25, 26, 27, 28 y 115 de la carta fundamental del país.
 
AOA. En el alambre. 2014,
 
El marco de las relaciones intergubernamentales fue modificado al institucionalizarse el papel del Estado como rector del desarrollo nacional con atribuciones en materia de planeación, conducción coordinación y orientación de la actividad económica nacional, mediante la estructuración del sistema de planeación nacional y los esquemas de coordinación entre los tres órdenes de gobierno, así como las relaciones de éstos con los sectores social y privado del país, los estados y municipios. El fortalecimiento municipal bajo este esquema fue considerado factor primordial para el desarrollo regional, local y de la federación. 
 
El artículo 25 de la Constitución política del país quedó definido en los siguientes términos:

“Artículo 25. Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral y sustentable, que fortalezca la Soberanía de la Nación y su régimen democrático y que, mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege esta Constitución.
 
El Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional, y llevará al cabo la regulación y fomento de las actividades que demande el interés general en el marco de libertades que otorga esta Constitución.
 
Al desarrollo económico nacional concurrirán, con responsabilidad social, el sector público, el sector social y el sector privado, sin menoscabo de otras formas de actividad económica que contribuyan al desarrollo de la Nación.
 
El sector público tendrá a su cargo, de manera exclusiva, las áreas estratégicas que se señalan en el Artículo 28, párrafo cuarto de la Constitución, manteniendo siempre el Gobierno Federal la propiedad y el control sobre los organismos que en su caso se establezcan.
 
Asimismo podrá participar por sí o con los sectores social y privado, de acuerdo con la ley, para impulsar y organizar las áreas prioritarias del desarrollo.
 
Bajo criterios de equidad social y productividad se apoyará e impulsará a las empresas de los sectores social y privado de la economía, sujetándolos a las modalidades que dicte el interés público y al uso, en beneficio general, de los recursos productivos, cuidando su conservación y el medio ambiente.
 
La ley establecerá los mecanismos que faciliten la organización y la expansión de la actividad económica del sector social: de los ejidos, organizaciones de trabajadores, cooperativas, comunidades, empresas que pertenezcan mayoritaria o exclusivamente a los trabajadores y, en general, de todas las formas de organización social para la producción, distribución y consumo de bienes y servicios socialmente necesarios.
 
La ley alentará y protegerá la actividad económica que realicen los particulares y proveerá las condiciones para que el desenvolvimiento del sector privado contribuya al desarrollo económico nacional, en los términos que establece esta Constitución.”

Con este esquema sistémico de planeación, se pretendía establecer nuevas formas de ordenación y racionalidad en las decisiones y actuación del gobierno, revertir el centralismo característico del federalismo mexicano y la apertura de vías formales para el diálogo entre gobernantes y gobernados.
 
En los hechos, los ejercicios de planeación han tenido que enfrentar distintos problemas acumulados por la historia del federalismo mexicano y la preeminencia del orden federal sobre los otros dos órdenes de gobierno (en el que la vida municipal y sus gobiernos estaban marcados con profundos rezagos de autonomía, amplía dependencia financiera y escaso desarrollo, y limitadas capacidades institucionales y administrativas).

AOA. De noche. 2014,
 
Con el ascenso al poder de gobiernos de alternancia, de derecha, este sistema se cuestionó y se matizó con elementos característicos del ámbito empresarial. El nuevo Sistema Nacional de Planeación Participativa, quedó explícito en el Plan de gobierno del periodo 2001-2006 (su presencia no representó reforma alguna que sustituyera al Sistema de Planeación como está definido en la Constitución). A fin de apoyar la operación continua y eficaz de la administración pública, el sistema contemplaba tres grandes procesos: la planeación estratégica (fundamento del sistema), el mejoramiento organizacional (mediante la modernización de estructuras, procesos y proyectos) y el seguimiento y control (para correcciones y ajustes de programas).
 
En la primera parte de dicho documento se presentó la evaluación de las condiciones del gobierno y del entorno del país, definiendo sus propósitos generales a partir de la estructura convencional de la planeación estratégica: la visión del país a 25 años, la misión del gobierno, los principios conductuales para el desarrollo de las funciones de gobierno (desagregados en tres postulados: humanismo, equidad y cambio; en cuatro criterios para el desarrollo nacional: inclusión, sustentabilidad, competitividad y desarrollo regional; y en cinco normas básicas de acción gubernamental: apego a la legalidad, gobernabilidad democrática, federalismo, transparencia y rendición de cuentas) y, guiados por estos principios, los programas, proyectos y acciones del gobierno.
 
Estas aportaciones del mundo de los negocios se han extendido a todos los ámbitos de gobierno, volviéndose una práctica común en la confección de los planes de desarrollo con rasgos de planeación estratégica.


Referencias:

Boisier, Sergio, (2003) “Una (re) visión heterodoxa del desarrollo (territorial): un imperativo categórico”. En Revista Estudios Sociales. Volumen 12, número 23. Pp. 10-36. Hermosillo, Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A. C.
Lora, Eduardo (Editor), (2007) El estado de las reformas al Estado en América Latina, Prólogo de Francis Fukuyama. Washington, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y Mayol Ediciones.
Palacios, Juan José, (1993) “El concepto de Región”. En Héctor Ávila Sánchez (Compilador), Lecturas de análisis regional en México y América Latina. México, Universidad de Chapingo.
Todaro, Michael P., (1991) Economía para un mundo en desarrollo. Segunda Edición. México, Fondo de Cultura Económica.

Documentos Institucionales:

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
Plan Nacional de Desarrollo de los sexenios 1983-1988, 1989-1994, 1995-2000, 2001-2006 y 2007-2012

domingo, 25 de enero de 2015

El Proyecto de Inversión. Definición e importancia

Hermosillo Sonora, 25 de Enero de 2015.

El proyecto de Inversión significa un esfuerzo de emprendimiento para la ejecución y operación de una unidad de producción de bienes o prestación de servicios. Implica el diseño y constitución de una empresa, de algo que se emprende.
 
Propiciado desde el sector privado, social o público, el proyecto tiene un propósito o razón de ser, que por su naturaleza está vinculado a una dimensión del desarrollo del país, de una región, estado o municipio.
 
Desde una perspectiva económica, hablar de proyectos de inversión nos plantea proponer la producción de un bien o la prestación de un servicio; en ello se involucra la participación de diversos factores productivos, cuya combinación hará posible la conformación de una función de producción determinada. Plantea, además, el empleo de procesos y técnicas definidos para el logro de un determinado resultado o ventaja económica y social.
 
El proyecto también, desde esta perspectiva, busca responder a la demanda de bienes y servicios que se observa en el mercado, pero, además, implica la generación de diversos efectos primarios, directos e indirectos, y secundarios que propicien cambios positivos en el empleo, el nivel de ingreso, en la inversión y el consumo, así como en el desarrollo social de la comunidad.
 
Por otra parte, se concibe al proyecto de inversión como un plan de acción, un plan en el que se precisan objetivos y metas así como los medios necesarios para su realización. En este sentido, un proyecto se problematiza en términos de sus consecuencias para la sociedad y para los mismos inversionistas, y en términos de las implicaciones que tiene la movilización de los factores requeridos para alcanzar determinados objetivos y metas.
 
En términos generales, representa un plan prospectivo de una unidad de producción dirigida a materializar un aspecto del desarrollo. Esto, en el caso mexicano, nos define al proyecto de inversión como el eslabón final de una cadena de decisiones que se toman en el marco del Sistema Nacional de Planeación Democrática.
 
Vídeo. Proyecto de Inversión. AOA. 2015

domingo, 26 de octubre de 2014

Federalismo y planeación del desarrollo


 Hermosillo Sonora, 26 de Octubre de 2014.

El desarrollo del país está marcado por su forma de gobierno federal y republicana. Desde siempre se han buscado caminos para que el federalismo mexicano sea una realidad: una realidad en donde los tres órdenes de gobierno coexistan en equilibrio y respeto.

La preeminencia del ámbito federal sobre los órdenes estatal y municipal ha generado que el desarrollo nacional presente en nuestros días un dislocamiento y la acentuación de grandes diferencias regionales, sectoriales y sociales.

Haber privilegiado a uno de los órdenes de gobierno ha desvirtuado el sentido del sistema federal. Esta situación ha provocado, consecuentemente, la presencia de un gobierno autoritario y discrecional, que en muchas de las ocasiones ha frenado intentos de descentralizar política y administrativamente el ejercicio gubernamental.

El federalismo constituye la forma más acabada de la descentralización gubernamental, toda vez que supone el compromiso político de acercar las decisiones y programas de gobierno a todo el pueblo. En esta perspectiva, el federalismo implica el reconocimiento de tres ámbitos de hacer gobierno, todo ellos igual de importantes y significativos para la vida pública.

El Dr. Pedro Zorrilla Martínez, reconocido federalista, con acierto había señalado la importancia del sistema federal y el imperativo de recobrar el desarrollo de la vida municipal; apuntó en su momento que “Debido a que el municipio es la entidad más cercana al individuo, resulta indispensable conocer sus problemas y plantear soluciones que permitan encaminar las acciones del gobierno para satisfacer las necesidades de la comunidad. Así, hacer desarrollo de la comunidad es propiciar las condiciones para la transformación de la vida de los individuos de la manera más rápida, dentro de una eficiente planeación y programación para el logro de los objetivos deseados. Por eso, es indispensable revitalizar la institución municipal pero no sólo teniendo en mente los ámbitos oficialmente reconocidos, que en la mayoría de los casos se reducen a la cabecera municipal. Debemos hacer descender los procesos descentralizadores hasta los niveles "vecinales", es decir, las agencia municipales, delegaciones municipales, barrios, colonias, etc., que son "municipios en embrión". A partir de estas consideraciones, nos hemos propuesto (…), plantear las posibilidades de un Federalismo renovado, que no se traduzca en mero formalismo, sino por el contrario que se pueda traducir o dar origen a una institucionalidad democrática, y en el que el orden de gobierno municipal recobre su importancia. Para tal efecto, hacemos una propuesta de descentralización intramunicipal y la reelaboración del concepto del Federalismo a partir de la idea de las Relaciones Intergubernamentales.” (“Federalismo y Gobierno Local”, Revista Gestión y Estrategia. Departamento de Administración. Universidad Autónoma Metropolitana. Nº 8, Julio-Diciembre de 1995. México).

Junto con el federalismo, otros procesos cobran vida. Tal vez, el más relevante sea que conlleva el desarrollo de las regiones, el desarrollo de los estados y municipios, generando equilibrios y propiciando mejores condiciones de vida para los ciudadanos.

Federalismo, por lo tanto, es un principio para impulsar el desarrollo en una versión más acabada e integral que aquello que deviene del impulso desde un solo ámbito gubernamental.

La agenda nacional en los últimos años ha consignado diversos esfuerzos para concretar el federalismo mexicano. Desde 1982, cuando en el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado se presentaron las primeras reformas al 115 constitucional buscando el “fortalecimiento municipal”, hasta las últimas reformas en donde se profundizó el cambio para hacer realidad el denominado “nuevo federalismo”.

Por otra parte, con la instalación del Sistema Nacional de Planeación Democrática se hizo obligatorio el compromiso de los gobiernos de confeccionar un Plan de Desarrollo (uno en cada ámbito de gobierno y por el periodo correspondiente de gobierno), en el que entre otras cosas, de manera reiterada, se han trazado como objetivos el impulso al federalismo nacional, a la vida democrática, a la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos y al desarrollo equilibrado de las regiones.

Ahondar en este tema hoy que se apela a una transición democrática, republicana y federalista, implica la incorporación de nuevas concepciones de hacer gobierno asociadas a esta definición constitucional; así, junto con esta tradición por la que necesariamente tenemos que pasar, se piensa que el nuevo gobierno debe ser responsable, eficiente y eficaz, orientado a satisfacer al ciudadano y comprometido con resultados de orden público.

En este esfuerzo, también, se revisan los procesos y tecnologías planteadas en el pasado reciente como alternativa de gobierno y que, por diversos motivos, no han tenido una aplicación efectiva en la práctica gubernamental.

En este sentido, se apelaría a la verificación del Sistema Nacional de Planeación Democrática como tal. Un sistema que involucra no sólo la constitución de un Plan de gobierno, sino su concatenamiento con programas, proyectos y acciones que desde el gobierno, y con la participación activa de la sociedad, plantean una perspectiva del desarrollo del país, la entidad o el municipio al que se haga referencia.

Planteado como un Sistema de Planeación, éste no se limita a la definición del plan. Representa un proyecto de vida para el futuro de mediano plazo de un conglomerado social. A través del sistema se definen los objetivos y metas que la sociedad se propone consumar en un plazo de 6 o de tres años, según sea el caso, y la estrategia por medio de la cual llegará a cumplir tales propósitos; el interés público que debe ser el modus vivendi del gobierno se resume en los diversos instrumentos de la planeación para el desarrollo.

El Sistema Nacional de Planeación Democrática, mecanismo para la racionalidad y publicidad de la acción de gobierno, representa, además, la posibilidad de coordinar los programas impulsados en los tres ámbitos de gobierno, igual que se propicia la participación ciudadana en las tareas de orden público. Al respecto, Cristina Teresa Penso D’Albenzio ha señalado que: “En esta línea de un sistema de planeación democrático, la planeación del desarrollo municipal resulta importante para prever necesidades y programar actividades que se desarrollarán en el futuro y, fundamentalmente, para lograr un mejor aprovechamiento de los recursos. Se pone de relieve que este proceso coadyuva y permite aplicar los recursos financieros que los gobiernos federal y estatales transfieren para el desarrollo de proyectos productivos y de beneficio social.” (“Participación social en el ámbito local”, Revista Gestión y Estrategia. Departamento de Administración. Universidad Autónoma Metropolitana. Nº 15, Enero-Junio de 1999. México).

Hechas estas reflexiones, se pueden resumir las siguientes ideas y agregar propuestas para el fortalecimiento del Federalismo en nuestro país:

  • El Federalismo constituye una forma de vida que los mexicanos nos hemos definido y que define una forma determinada de gobierno y un conjunto de relaciones entre los elementos constitutivos de dicho sistema federal.
  • Un mecanismo relevante para impulsar el federalismo lo constituye el Sistema Nacional de Planeación Democrática.
  • Es necesario activar las instancias que dicho sistema propone para llevar a cabo las relaciones intergubernamentales en programas de interés común.
  • Hacer efectivo el conjunto de vertientes del sistema: obligatoria, de concertación, de coordinación y de inducción. De esta manera se vuelve necesario promover las relaciones de coordinación intergubernamental y las del gobierno con la sociedad.
  • Como propósitos centrales de la planeación estratégica y de los planes de gobierno deben consignarse el impulso de nuestro sistema de gobierno, el desarrollo sustentable, el mejoramiento de las condiciones de vida de todos los ciudadanos, así como una respetuosa relación con otros gobiernos y países.
  • Asociar al Sistema Nacional de Planeación Democrática con los procesos de planeación estratégica implica, por principio, definir el sentido de la planeación y el papel de los organismos gubernamentales (esto, en términos conceptuales se resumiría en la definición de la Misión y Visión), estos últimos en un plano de gobernar responsablemente, en forma transparente, rindiendo cuentas a los mandantes del gobierno y con irrestricto cumplimiento del Estado de derecho.
  • El desarrollo regional es relevante en la definición de nuestro federalismo. El desarrollo regional es soporte del desarrollo nacional, viendo a éste con un sentido de justicia y equilibrio social y económico.
  • Los medios del gobierno para fomentar el desarrollo son tan diversos que pueden involucrarse aquéllos relativos a la gestión empresarial, cuidando que el sentido con el que sean utilizados sea siempre el público.
  • El desarrollo debe considerar las dimensiones de crecimiento económico, mejoramiento de las condiciones de vida, ampliación de los espacios democráticos y preservación del medio ambiente. Se trabajaría en términos de un desarrollo sustentable.
  • El federalismo como forma de gobierno plantea que la administración de los asuntos públicos puedan ser atendidos en niveles de la mayor agregación, como es el ámbito nacional, así como en ámbitos donde los gobiernos contactan con los destinatarios de sus servicios. El Gobierno se convierte así en elemento activo de impulso del desarrollo social.