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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Carraci y Caravaggio: el estilo del Barroco

Sesión del Consejo en la Catedral. Autor escuela veneciana segunda mitad del siglo XVI, Se mantuvo en el Museo del Louvre.        Probablemente obra de Domenico Brusasorci Verona.

Hermosillo Sonora, Diciembre 23 de 2015.

El entorno histórico en el que ocurre el Barroco coincide con el proceso de acumulación originaria de capital en Europa. El mercantilismo de los siglos XV y XVI ocurre tras los grandes descubrimientos de nuevas tierras ultramar. El flujo de metales preciosos de América hacia Europa y la importación de especies desde el Lejano Oriente a través de las nuevas rutas se tradujeron en un incremento de circulante, el desarrollo de grupos empresariales poderosos distintos de la nobleza y el clero, así como una serie de cambios en las ciudades y sus sociedades.
 
José Pijoan describió que a mediados del siglo XVI «…la disociación del mundo cristiano era pavorosa. Dinamarca, Noruega, Suecia, Inglaterra, Países Bajos y gran parte de Alemania se habían separado de la Iglesia Romana. Solimán había sometido Hungría bajo el estandarte del Islam y amenazaba las propias puertas de Viena. Los progresos de la Reforma y la corrupción interior hacían cada vez más difícil la situación de la Iglesia Romana, que con el Concilio de Trento (1545-1563) y la recién fundada Compañía de Jesús pretendía imponer un nuevo estilo de combate y afirmar el poder de la catolicidad bajo los generales jesuitas.» (Pijoan, 1979: 9).
 
Se emprendió entonces una nueva pedagogía en la que cobraron relevancia el dogma religioso, la renovación de la Iglesia, la prédica y la oración en común; de esta manera, fue «… necesario basarse en las fuerzas inconscientes y afectivas no racionales. Los hombres de la Contrarreforma comprendieron estas nuevas condiciones de lucha mental y supieron ver que la propaganda debe basarse más en la emoción que en el pensamiento. Por ello desarrollaron el arte religioso barroco: un arte emotivo y teatral, con un gran sentido escenográfico, que se vale sobre todo de la sugestión y el prestigio.» (Ibíd.: 9-10).
 
La Contrarreforma se propuso enfrentar los dificultosos índices de corrupción en el seno de la Iglesia Católica, paliar los efectos del cisma luterano, revitalizar el dogma católico y recuperar el prestigio de la figura papal. Con tal propósito, además de los cambios en términos ideológicos, se impulsó, también, la modernización urbana de Roma, la construcción de nuevas y más funcionales iglesias propicias para la congregación y predicación, y el embellecimiento de los espacios religiosos mediante el patronazgo artístico que, a su vez, aseguraba un medio para cultivar las mentes del pueblo dentro de los principios de la doctrina católica.
 
Miguel Ángel y su obra majestuosa cierran el ciclo del Renacimiento, con él termina la imagen del artista definida por Vasari. La perfección mítica de su arte servirá de ejemplo para los artistas del Barroco, pero desde una perspectiva radicalmente opuesta, fincada en el cuestionamiento a los seguidores del maestro, los manieristas (quienes tratan de seguir la manera de crear del florentino), la reconsideración de la obra de Rafael de Sanzio como diferente al modelo propuesto por Vasari y por consecuencia a la obra de Miguel Ángel, la revaloración plástica del arte medieval, así como el énfasis en la realidad humana en donde se pretende el equilibrio entre idea y naturaleza (Fernández Arenas, 1983: 22-23).
 
En el mundo del Barroco se busca que el arte se convierta en un medio «…eficaz de persuasión, a partir de los tres objetivos del discurso clásico: deleitar, educar y conmover. La novedad consiste en procurar que la fuerza emotiva del arte sea susceptible de control sobre el resultado de su propio discurso, sin que éste pierda un tono de dignidad, de forma tradicional, clásica, aceptada y aceptable.» (Ibíd.: 23).
 
Se considera el Barroco como un estilo artístico vigente desde fines del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVIII. García Ponce de León considera que el Barroco «…concretó su propio lenguaje, ofreciendo diversas soluciones estéticas y formales, como fruto de la sociedad y el espíritu de su tiempo. No es ni contrario ni derivado del Renacimiento: las formas eran las mismas pero cambia su composición.» (García Ponce de León, 2006: 114).
 
Annibale Carracci. Autorretrato, 1580. Catálogo de pinturas removidas de Polonia por la ocupación alemana 1939-1945.
 
Por una parte Annibale Carraci, proveniente de Bolonia, y por otra Michelangelo de Merisi, originario de Caravaggio, cerca de Milán, encarnan dos visiones del nuevo estilo que irrumpe en Roma con aire transformador en la última década del siglo XVI. Annibale, proveniente de una familia de pintores estudiosos el arte Veneciano y seguidores de Correggio, propone una obra excelsa fundada en bases clasisistas, cuyo referente son las pinturas de Rafael de Sanzio. Sin embargo, apunta Gombrich hablando de su Piedad (1599-1600), en contraste con la Crucifixión (1512-1515) del renacentista alemán Mathías Grünewald: «No tenemos más que recordar el atormentado cuerpo del Cristo pintado por Grünewald para darnos cuenta de cuánto cuidado puso Annibale Carraci en no hacernos pensar en los horrores de la muerte y en las agonías del dolor. El cuadro mismo es tan sencillo y armónico en su composición como el de cualquier pintor renacentista. Con todo, no lo tomaríamos fácilmente por un cuadro renacentista. La forma de hacer caer la luz sobre el cuerpo del Cristo, su manera de provocar nuestras emociones, es distinta por completo, es barroca.» (Gombrich, 2011: 391).
 
Annibale Carracci. Pietà. 1599-1600. Óleo sobre tela, 158 x 151 cm. Museo di Capodimonte. Nápoles, Italia.
 
En el caso de la obra de Caravaggio, ésta se forja en un naturalismo realista de manera tal que su sencillez y fácil comprensión para el observador la hacen fundamental en la transmisión del mensaje de la Contrarreforma. Sin embargo, en el temperamental Michelangelo tal naturalismo no se limita, por más cruda o falta de decoro que fuese la realidad plasmada en sus lienzos; si bien, estas libertades del artista redundan en la consistencia de su obra dentro del estilo Barroco, como dice Fernández Arenas: «Algunas de las subversiones al decoro, como muchas obras de Caravaggio, pueden entenderse como juegos conceptuales, de ingenio, susceptibles de integrarse a la estética de su tiempo por su valor lúdico dirigido al delectare.» (Fernández Arenas, 1983: 24). Inclusive, aunque tuviese que representar la fealdad en su obra, lo que a Caravaggio le interesaba, «…lo que él deseaba era la verdad. La verdad tal como él la veía.» (Gombrich, 2011: 392).
 
Michelangelo Merisi da Caravaggio c. 1621 por Ottavio Leoni (1578–1630) Colección de la Biblioteca Marucelliana, Firenze, Italia.
 
El Barroco define una época y se asocia con otras concepciones formuladas en ese tiempo las cuales sirvieron, de alguna manera, a los grupos sociales de la época; se ha propuesto que «El Naturalismo sirvió a la Iglesia como instrumento de la Contrarreforma, el Clasicismo a los intelectuales, el Realismo a la burguesía y el Barroco a la Iglesia triunfante y a los monarcas absolutos.» (García Ponce de León, 2006: 116). Todo ello suma a la definición del Theatrum mundi, a la cual el Barroco aporta tanto delante como atrás del telón de la vida que se nos presenta de manera cotidiana. En alusión a Pedro Calderón de la Barca, se ha dicho que el Barroco representa el mundo como un teatro,

«…los hombres actúan como actores en presencia de Dios Padre y de la corte celestial, la obra que interpretan es su propia vida y el escenario es el mundo. (…) Ser y parecer, ostentación y ascetismo, poder y debilidad: he aquí las constantes antagonistas del período. En un mundo sacudido por los conflictos sociales, las guerras y las luchas de religión el gigantesco espectáculo ofrecía un cierto sostén. La autescenificación del soberano tanto si se trataba del Papa como del Rey, constituía al mismo tiempo un programa político. El ceremonial, las acotaciones de este “teatro universal”, era el espejo de un orden superior, supuestamente de orden divino.» (Toman, 2007: 7).

Michelangelo Merisi da Caravaggio, Entierro de Cristo. Óleo sobre lienzo. 1602-1604. 300 × 203 cm. Museos Vaticanos. Italia.
 
Y el arte del Barroco, tiene un papel fundamental en esta escenificación, pues le toca, además de montar de manera plástica dicha representación, la transmisión al grueso social de un mensaje ideológico y político que interesa a quienes ostentan el poder terrenal y celestial.
 
Fuentes:

Fernández Arenas, José y Bonaventura Bassegoda i Hugas (editores). 1983. Barroco en Europa. Colección Fuentes y Documentos para la Historia del Arte. Barcelona: Editorial Gustavo Gilli.
García Ponce de León, Paz. 2006. Breve Historia de la Pintura. Madrid: Libsa ed.
Gombrich, Ernest H. 2011. La historia del Arte, Decimosexta edición en español. China: Phaidon Press Limited.
Pijoan, José. 1979. “Arte barroco en Italia”. En Historia del Arte, Tomo 8. México: Salvat Mexicana de Ediciones, S. A de C. V. Pp. 9-37.
Toman, Rolf (Editor). 2007. El Barroco. Arquitectura. Escultura. Pintura. China: Ullmann & Könemann.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Acerca de las Categorías Estéticas en el Renacimiento y en el Barroco

Sandro Botticelli. Nacimiento de Venus.1484. Temple sobre lienzo.  278,5 cm × 172,5 cm. Galería Uffizi, Florencia.

Hermosillo Sonora, Diciembre 21 de 2015.

De acuerdo con Adolfo Sánchez Vázquez (1992), son las condiciones materiales de vida y la producción material las que determinan los elementos de la producción artística, la percepción estética de los movimientos o estilos artísticos, así como la comprensión de la realidad, la obra artística y su categorización estética.
 
El dominio que ejerce el hombre sobre la naturaleza y su comprensión cada vez más profunda y precisa de la realidad le da elementos para percibir y definir intelectualmente determinadas situaciones, en este caso el objeto artístico, su producción y consumo considerando las diferentes percepciones del creador como del sujeto que lo percibe; la definición, caracterización y categorización de la obra de arte como un objeto estético implica el desarrollo de la conciencia así como de la capacidad sensible del individuo.
 
En este sentido, la definición de las categorías estéticas, según Sánchez Vázquez, plantea “determinaciones generales y esenciales del universo real que llamamos estético.” (1992: 145) Se trata de categorías históricas que surgen en el ámbitos de las relaciones sociales, las cuales las determinan y que, de acuerdo con periódico histórico, denotan ciertos rasgos o características de aquello que llamamos estético. Es decir, la belleza, considerada la categoría emblemática de la estética, no siempre ha conservado la misma definición en la historia de la humanidad, pues su percepción se modifica de lugar en lugar y de tiempo en tiempo; lo mismo ocurre con las demás categorías, como lo feo, lo grotesco, lo cómico, lo sublime o lo trágico.
 
Durante el Renacimiento la Belleza verdadera radica en el Ser Supremo, la realidad sensible y las creaciones del ser humano, en lo posible deben buscar la semejanza con la Creación. El equilibrio, la armonía y todo aquello que sea agradable a la vista, y al espíritu, era considerado como característico de lo bello, por ello el estudio acucioso de la naturaleza y la construcción de cánones que la aproximaran a la obra del Creador. Esta última, precisamente, se concebía como reflejo de lo Sublime; tal categoría, definida en la antigüedad griega, caracteriza, se puede decir, a la belleza extrema, a la que escapa a la comprensión racional, pero que siendo virtuoso el ser humano puede aspirar a acercarse al patrón divino.
 
 Miguel Ángel Buonarroti. Siete caricaturas. 1515. 
Plumilla y tinta sepia sobre papel banco. 180 x 120 mm. Academia de Venecia.
 
Lo feo, e incluso lo grotesco, encuentran su definición en relación con la categoría de lo bello. Los artistas renacentistas concentrados en la recreación de lo bello no dejan de percibir en la naturaleza ejemplos alejados de esta condición, pero su representación, sin dejar de destacar las características de esa realidad, se integran en composiciones donde la armonía y el equilibrio, además del dominio de los medios con los que se ejecutan las obras hacen que los aspectos desagradables o desfavorables pasen a un segundo término, incluso cuando la narrativa o la finalidad de la obra justifica su empleo.
 
En este caso, cabría recordar los estudios de Leonardo de las “Cabezas grotescas” donde aparecen cinco estudios de ancianos con una fisonomía que pudiera resultar desagradable, pero que debido a la composición, la calidad del dibujo y el empleo del canon anatómico llevan a quien las observa a reflexionar acerca de la manufactura de la obra e incluso en las manifestaciones del “espíritu” de cada uno de los dibujados como ejemplo de la naturaleza humana.
 
De igual manera se puede analizar el mural de Miguel Ángel, El Juicio Final, cuya majestuosidad y temática se impone al espectador: nos acerca al momento en que el hombre se reencuentra con Dios para la decisión sobre su destino final: tan terrible es su significado que la misma Madre de Cristo se voltea para no ver el destino de los condenados, el sufrimiento de los mártires y la lucha entre el bien y el mal. Incluso, la manera que Miguel Ángel se pinta a sí mismo nos aleja de la percepción que se tiene de lo bello: desollado, es sólo un despojo humano, reflejo de la fragilidad de la vida terrena y del conflicto al que el ser humano está sujeto permanentemente en razón de la tentación del pecado.
 
 Miguel Ángel Buonarroti. El Juicio Final. 1537-1541. Fresco, 13,70 x 12,20 m. Capilla Sixtina.
 
Adolfo Sánchez Vázquez considera que en el Renacimiento se reivindicó la apariencia sensible aunque de manera espiritualizada; si bien, es en el Barroco donde se lleva a los extremos la belleza del cuerpo humano, particularmente en lo que hace a la anatomía de la mujer, que dejando de lado el interés por los cánones clásicos y en un segundo plano cualquier significación espiritual, se centra en lo corpóreo y lo que el carácter del personaje retratado pudiera expresar. Al respecto este filósofo señala que “…el apogeo de lo corpóreo está en el ideal de la belleza femenina que, en el barroco, encarnan las mujeres robustas y frondosas de Las tres gracias de Rubens. Vemos, pues, que cambian los ideales de belleza y con ellos, en unidad indisoluble, ciertos esquemas formales y el significado vital inherente a ellos. Estos cambios históricos de lo que, en una época o sociedad dada, se tienen por bellos no son por supuesto casuales. Tiene que ver con los cambios que se operan en el conjunto de ideas, valores o actitudes en esa época o sociedad…” (Sánchez Vázquez, 1992: 180)

Michelangelo Merisi da Caravaggio. Los discípulos de Emaús. 1606. Oleo sobre lienzo. 141 × 175 cm.
Pinacoteca de Brera. Milán, Italia.
 
Esto se observa, por ejemplo, en la obra de Caravaggio, para quien “lo importante es la materia, con el volumen lleno de la vida revelada con su bulto y forma por la luz. El asunto es lo de menos. Caravaggio decía que cabe la misma espiritualidad en un cesto con frutas que en una escena piadosa. Esto explica que no tuviera en cuenta los precedentes tradicionales del cuadro destinado a servir de altar.” (Pijoán, 1957b: 14) Se da pues relevancia a lo material, a lo que la realidad presenta a nuestra vista: ¡cuál gracia encontramos en los cuerpos rollizos y evidentemente llenos de celulitis de las “Gracias” del cuadro de Rubens!
 
Peter Paul Rubens. Las tres Gracias. Óleo sobre tela. 221 x 181 cm. Museo del Prado de Madrid, España.
 
Con Bernini, decían sus admiradores, la piedra se volvió carne, los cuerpos estáticos elaborados bajo patrones ortodoxos se tornan dinámicos, expresivos, como es la misma realidad; la vitalidad de las esculturas de Bernini es palpable, producto de su alta capacidad como artista plástico y de la concepción que en su tiempo él alimentará en el sentido de que el mármol imite la realidad que el artista observa al elaborar sus esculturas. El dinamismo y vitalidad de la obra de este escultor italiano es evidente cuando se compara su David con aquel que esculpió Miguel Ángel.
 
Gian Lorenzo Bernini. David. 1623-1624. Mármol. 170 cm. Galería Borghese, Roma, Italia.
 
"Ciertamente en el siglo XVII la fealdad ya había entrado en el arte de la mano de tres grandes pintores: Velázquez, Rembrandt y Ribera. Y entra con su propio ser, sin convertirse en su opuesto: lo bello. Así entran en sus cuadros los bufones, monstruos, mendigos, idiotas o borrachos de Velázquez; el buey desollado o la caza colgada de Rembrandt, o los santos martirizados, los viejos decrépitos o la monstruosa mujer babada de Rivera.” (Sánchez Vázquez, 1992: 194) La percepción estética cambió en el Barroco en comparación con las percepciones del Renacimiento. Lo sublime, por ejemplo, se exponencia durante el Barroco, toda vez que los artistas deben representar los contactos milagrosos de los santos con Dios; de allí la importancia de la teatralidad en las composiciones de estos artistas, y del contraste de luces y sombras para dar intensidad al momento que se ha pintado o esculpido.
 
Diego Velázquez. El triunfo de Baco o Los borrachos. 1628-1629.
Oleo sobre lienzo. 165 x 225 cm. Museo del Prado, Madrid, España.
 
 
José de Ribera. El martirio de San Felipe. 1639.
Óleo sobre lienzo. 234 × 234 cm. Museo del Prado, Madrid, España.
 
 
Rembrandt Harmenszoon van Rijn. Autorretrato como Zeuxis. c.1662.
Óleo sobre tela. 82.5 x 65 cm. Museo Wallraf-Richartz, Colonia, Alemania.
 
Por ejemplo, El éxtasis de Santa Teresa una de las obras más celebradas de Bernini, recupera el momento preciso en que la religiosa encuentra su glorificación; más allá del acto devocional, la escultura muestra a una mujer que da la sensación de gozo erótico por el momento que está viviendo. Al respecto, José Pijoán reconoce que “Fue Bernini, con su lección, quien hizo encontrar buenos los excesos barrocos.” (Pijoán, 1957a: 36); y se agrega que el escultor decidió representar “…para la glorificación de la santa la escena de su «desmayo dichoso», de la «muerte que da vida» (…) Bernini prefirió representarla como monjita, pasmada, los ojos entornados, apenas respirando. ¡Con un poco más la muerte! Lo que les interesaba a los italianos no eran sus fundaciones ni doctrinas místicas, sino el milagro del estigma excepcional.” (Ibíd., 47)
 
Gian Lorenzo Bernini. El Éxtasis de Santa Teresa.1647 y 1651.
Mármol. 351 cm. Iglesia de Santa María de la Victoria, Roma, Italia.
 
El Renacimiento y el Barroco son importantes movimientos culturales originados en Europa occidental que luego se propagaron a otras regiones del mundo. El estilo que cada uno definió marcó las pautas estéticas de su época, sin embargo en nuestro tiempo aún son objeto de estudio y ejemplo en la creación artística.
 
Como productos intelectuales, las categorías estéticas son reflejo de las condiciones históricas y materiales en las que se definen. Los objetos estéticos cambian así como la comprensión que de ellos tenemos. Son producto de una conciencia histórica social e individual, tal como lo son las expresiones artísticas que se constituyen como objeto de su reflexión.
 
La labor del artista implica, a su vez, su propia transformación. El conocimiento, técnicas y valores son fundamentales en su proceso creativo. Atrás de la representación de la figura humana o de la expresión abstracta de la realidad subyace una visión filosófica o teórica que la explica, tanto en la perspectiva de los creadores como de los espectadores del arte. En ese sentido, el contexto histórico y social es un referente imprescindible para entender la obra de arte y su categorización estética.
 
Fruto de la modernidad, los estilos estéticos del Renacimiento y el Barroco siguen definiendo pautas en el mundo de lo postmoderno. Son referentes en la reflexión estética como en la formación académica. También son motivo de admiración en las salas de los museos donde se exhiben obras de estos periodos. Y aunque con nuevas percepciones y de la realidad y el uso de nuevos medios y esquemas de expresión, el arte representacional es cultivado por artistas realistas e hiperrealistas en el significativo, diverso e individualizado espectro del ámbito artístico.
 
Referencias
 
Pijoán, José, 1957a. “Bernini”. Tomo XVI: Arte Barroco en Francia, Italia y Alemania. 1957. PP. 35-52. En SUMMA ARTIS. Historia general del Arte. Antología. Selección de textos de Miguel Cabañas Bravo. Tomo VII. Arte de los Siglos XVII y XVIII en Europa. Madrid: Espasa Calpe. 2004.
-----------------, 1957b. “Caravaggio”. Tomo XVI: Arte Barroco en Francia, Italia y Alemania. 1957. PP. 9-34. En SUMMA ARTIS. Historia general del Arte. Antología. Selección de textos de Miguel Cabañas Bravo. Tomo VII. Arte de los Siglos XVII y XVIII en Europa. Madrid: Espasa Calpe. 2004.
Sánchez Vásquez, Adolfo, 1992. Invitación a la Estética. Colección Tratados y Manuales. México: Editorial Grijalbo.


viernes, 19 de diciembre de 2014

Estética, idea del hombre y representación de la figura humana en el Renacimiento y el Barroco




Hermosillo Sonora, Diciembre 19 de 2014.
 
Las ideas humanistas dieron sentido al Renacimiento. Sin desconocer los poderes de la iglesia y del monarca, los pensadores y artistas de ese tiempo colocaron al hombre como el centro de la naturaleza y de la vida en sociedad: se trata del hijo de Dios, facultado para “reinar” sobre la naturaleza; el desarrollo de sus virtudes le permitirá crear las condiciones para una convivencia armoniosa y feliz con sus semejantes.
 
Al recuperar las ideas y patrones de la cultura griega, el hombre del Renacimiento se planteó como principio fundamental el equilibrio y la armonía que deben de estar presentes en todas sus acciones y productos. El neoplatonismo fundamentó la concepción estética del Renacimiento; se consideraba que la belleza primaria se encuentra en el alma sabia, como lo apuntaba Plotino (Bayer, 2011: 80), por lo que la belleza sensible radica en su inteligibilidad, en el reconocimiento de la forma de los objetos, la belleza entera se recobra en nuestra verdad interior, allí donde coexiste el yo con lo Real.
 
Raymond Bayer propone que en la concepción del Renacimiento se considera que “La belleza sensible glorifica en su raíz misma las más elevadas manifestaciones del arte. La vida no es meramente vida contemplativa; el hombre deja de anular su sensualidad: ésta debe expandirse; ésta es la ideal del nuevo artista, (…) El arte es una magnificación de todo el ser humano. Tal concepción del arte, típica de los hombres renacentistas, no es sólo teórica, sino que las obras apoyan esa teoría.” (Bayer, 2011: 103). Es el momento en que el artista se define como tal, cobra individualidad como creador y comunicador de ideas, e incluso se reconoce como un agente capaz de influir en los demás y transformar su entorno con su obra.
Leonardo Da Vinci. La Virgen de las Rocas, detalle. 1483-1486
 
Los artistas italianos y flamencos de la mitad del siglo XV generaron diversos descubrimientos en el proceso creativo y en los medios empleados para crear sus obras. Esto retroalimentó su espíritu creativo dando pie a la divulgación de conocimientos, tales como la perspectiva, el estudio de la anatomía humana, la incorporación de las matemáticas y la geometría en la creación artística, el empleo del óleo, el desarrollo del sfumato, la recuperación histórica y sistemática de las obras del pasado como marco referencial, la incorporación del metal en el arte del grabado, y la formulación de cánones de la figura humana que permitieran representar fidedignamente su naturaleza pero considerando su armonía y equilibrio tal como fue definida por el Creador. (Cfr. Gombrich, 2011: Caps. 13 y 14)
 
Artistas geniales como Leonardo y Miguel Ángel son ejemplos claros de esta labor creadora en la que se integra teoría y práctica, el dominio de los principios científicos y las prescripciones y manejo de los elementos técnicos, así como la reflexión acera de la temporalidad de la vida humana y de sus creaciones, la cual, sin embargo está ligada a las disposiciones del Creador. Gilles Néret escribió que Miguel Ángel concebía que “…la belleza humana es un reflejo de la belleza celestial, y por consecuencia, debe elevar el alma cuando se contempla.” (Néret, 2003: 7-8) Y agrega que de “…la dualidad de este amor a la belleza del cuerpo y del alma nacen necesariamente el sufrimiento y la creación, que son las dos fuerzas impulsoras de la obra de Miguel Ángel. Con ese «corazón de azufre y carne de estopa» que se atribuye a sí mismo y del que hace responsable a su Creador en un célebre soneto, sucumbe a la debilidad de la carne al igual que Botticelli y Leonardo con sus garzoni.” (Ibíd.: 9)
 
Miguel Ángel Buonarroti. La Creación de Adán. 1511
 
El artista del Renacimiento puede ser considerado como un polímata; su comprensión y dominio de muchos campos del conocimiento nos muestran su formación integral y diversa. Es el caso de Leonardo, quien de manera paralela a su labor artística llevó a cabo diversos estudios y proyectos tanto científicos como arquitectónicos y de estrategia bélica. Frank Zöllner resalta el hecho de que “…mientras trabajaba en el monumento ecuestre a Francesco Sforza, Leonardo se ocupó por primera vez de manera exhaustiva con estudios verdaderamente relevante sobre las proporciones del cuerpo humano, anatomía y fisiología.” (Zöllner, 2003: 37) El canon de Leonardo, inspirado en el Hombre de Vitruvio, consiguió superar los cánones antiguos, e incluso algunos estudiosos lo consideran el más perfecto en nuestros días.
 
También Alberto Durero realizó estudios consistentes acerca del canon de la figura humana (Cfr. Panofsky, 1987: Cap. 2). Basado en Euclides y en Pitágoras, el artista germano consideraba que la creación se encontraba regulada por ecuaciones razonadas y precisas. De esta suerte es que llevará a cabo el estudio de las proporciones de la figura humana, teniendo en consideración que en la armonía de las mismas radica su belleza: “¡Ah si él llegara a descubrir el módulo y los múltiplos y submúltiplos de la forma bella del hombre y la mujer perfectos! (…) Durero dice que sueña que un día la Humanidad la conocerá; mientras tanto, se satisface con la esperanza. Todavía continúa observando cuerpos que están a su alcance. Traza triángulos y círculos para encerrar la forma; unos son chaparros, otros esbeltos. Analiza las proporciones de ocho hombres y diez mujeres, que toma como representativos de diferentes tipos de la especie. Parecen contradecirse, y descorazonado exclama: «No se puede encontrar el hombre que reúna las proporciones de la belleza perfecta. Siempre hay posibilidad de algo mejor: o que es bello, definitivamente sólo lo sabe Dios».” (Pijoan, 1952: 187) Tan delicada y compleja le resultó esta labor al pintor alemán que al final encontrará consuelo en el estudio de la naturaleza por no alcanzar el absoluto estético en sus estimaciones de la figura humana.
 
Alberto Durero. Adán y Eva. 1597
 
El desencanto político, social y económico por las condiciones de vida imperantes a principios del siglo XVII, planteaban una imagen más cercana a la realidad que aquella que podía desprenderse de las pautas formales, equilibradas y armoniosas que proponía el Renacimiento. La realidad, tal cual es, será el referente del nuevo estilo artístico, del Barroco.
 
La retórica, la imaginación y la teatralidad se introducen en el estilo Barroco. Con ellas se definen y argumentan las obras barrocas. La ciencia imperante reclama de la veracidad y el realismo en el comportamiento y los productos del ser humano; sin embargo el mundo infinito y relativo que se tiene enfrente da al artista la posibilidad de expresarse de manera cruda y directa, como también dando vuelo a su imaginación matizada por las creencias religiosas de la época. Por un lado el monarca quiere perpetuarse en las obras barrocas, por ello se le representa de manera asidua, incluso en su espacio cotidiano e íntimo; por otro lado, la Iglesia reclama al artista su completa disposición para construir en la tierra un lugar propio de Dios, por ello arquitectos, escultores y pintores dedican su obra a la reedificación del Vaticano. También la burguesía contrata el servicio de los artistas barrocos, ellos tendrán que crear las evidencias de su posición y poder económico.
 
Gian Lorenzo Bernini. David. 1623-1624
 
El estilo Barroco prescinde de los esquemas estáticos, equilibrados y clásicos que se usaron en el Renacimiento para representar la figura humana. El modelo a seguir es la misma naturaleza, la realidad tal cual se le percibe, aun cuando ésta sea violenta o desagradable. A la representación de lo bello se agrega la de otras categorías estéticas, las cuales cobran singularidad en el arte; de esta manera se observan obras que hacen referencia directa a lo feo, lo grotesco, lo cómico, pero también se sigue cultivando lo bello y se lleva a los extremos la idea de lo sublime.
 
Caravaggio y Velázquez, por ejemplo, nos presentan en sus obras, aún en aquellas donde tratan temas mitológicos o religiosos, a seres vivos, personajes reales extraídos del pueblo. Pueden dejar de lado los elementos contextuales que acompañan a los personajes supliéndolos con fondos neutros matizados por el juego de luces y sombras; sin embargo, la figura humana está tratada de manera realista, con detalle y aprovechando los recursos técnicos característicos de los artistas magistrales. Pijoán apuntó que “Caravaggio no rehúsa la luz: al contrario, intensifica sus efectos, pero no necesita que llegue del cielo azul o del paisaje lejano. (…) Todo lo pintoresco se ha desvanecido con el estilo nuevo; las figuras se destacan iluminadas violentamente sobre un fondo uniforme, silencioso, ahumado. En los cuadros de Caravaggio la vida, la naturaleza está concentrada dentro de la silueta, y lo que es capital e inmediato está inundado de luz. El mundo, el cosmos, no existe. Más que para hacer destacar aquel elemento, que es un personaje o grupo asilado del resto de la creación.” (Pijoán, 1957b: 10)
 
Michelangelo Caravaggio. El entierro de Cristo. 1602-1603
 
Este trato realista y efectista también se observa en las obras escultóricas barrocas. Gian Lorenzo Bernini, el más grande escultor barroco, tuvo como pretensión dar vida a la piedra; en ella se encuentran presentes, el dinamismo de la figura humana, el realismo e incluso el carácter de sus personajes. Simon Schama, historiador que admira profundamente el trabajo de Bernini, escribió que “De acuerdo con el escritor contemporáneo Filippo Baldinucci, a Bernini le gustaba jactarse de que en sus manos el mármol podría llegar a ser tan sensible como la cera y tan suave como la masa. El mármol de Bernini, en efecto, parece mutar en otras sustancias: en cuerda fibrosa, acero brillante, mechones de pelo. A través de la comprensión de la forma en que la luz podría golpear una superficie muy pulida, y cómo la profundidad de la incisión con un fino cincelado podría proporcionar sombra, incluso podría hacer que la piel de un personaje pareciera sudar…” (Schama, 2006)
Diego Velázquez. El triunfo de Baco o Los Borrachos. 1628-1629
 
El estilo barroco se extendió más allá del continente europeo; incluso, se ha arraigado en artistas contemporáneos que tratan de representar la figura humana con las cualidades de ese estilo: el realismo, el movimiento, la tensión e incluso su temperamento y espiritualidad. Se trata de un estilo que reconoce el sello individual de cada artista, pero que reproduce rasgos representativos en el cuidado del dibujo, la teatralidad en la composición y la depurada representación de la piel y los ropajes.
 
 
Referencias

Néret, Gilles, 2003. Miguel Ángel. 1475-1564. México: Editorial Numen.
Panofsky, Erwin, 1987.  El significado en las Artes Visuales. Madrid: Alianza Forma.
Pijoán, José, 1957a. “Bernini”. Tomo XVI: Arte Barroco en Francia, Italia y Alemania. 1957. PP. 35-52. En SUMMA ARTIS. Historia general del Arte. Antología. Selección de textos de Miguel Cabañas Bravo. Tomo VII. Arte de los Siglos XVII y XVIII en Europa. Madrid: Espasa Calpe. 2004.
-----------------, 1957b. “Caravaggio”. Tomo XVI: Arte Barroco en Francia, Italia y Alemania. 1957. PP. 9-34. En SUMMA ARTIS. Historia general del Arte. Antología. Selección de textos de Miguel Cabañas Bravo. Tomo VII. Arte de los Siglos XVII y XVIII en Europa. Madrid: Espasa Calpe. 2004.
-----------------, 1952. “Durero”. Tomo XV: El Arte del Renacimiento en el norte y el centro de Europa. 1952. PP. 181-192. En SUMMA ARTIS. Historia general del Arte. Antología. Selección de textos de Miguel Cabañas Bravo. Tomo V. La Época del Renacimiento en Europa. Madrid: Espasa Calpe. 2004.
Schama, Simon, 2006. “Cuando la piedra volvió a la vida”. Artículo publicado en el periódico The Guardian (http://www.guardian.co.uk/artanddesign/2006/sep/16/art).
Zöllneer, Frank, 2003. Leonardo Da Vinci. 1452-1519, México: Editorial Numen.

 

miércoles, 2 de abril de 2014

El Arte del Renacimiento

Leonardo Da Vinci. Autorretrato. El hombre del Vitrubio

Hermosillo Sonora, Abril 1 de 2014.

Raymond Bayer, en su Historia de la estética (2011), brinda una magnífica visión del cambio ideológico que surge con el Renacimiento, particularmente lo que sucede durante el Quattrocento italiano, del cual apunta:
 
“Al rigor fijo de la tradición le suceden, en los albores del Quattrocento, los tanteos de la inteligencia. La tranquila y beata certidumbre de los últimos giottistas se esfumó. Se vive en Florencia una aventura de la ciencia, una sed de descubrimientos que conduce todo aquello que tenía que ver en la creación artística directamente del arcaísmo al clasicismo. Y este surgimiento de descubrimientos constituye la juventud misma y la fisonomía del nuevo siglo. Tales hallazgos acompañarán en Florencia la fuerte tendencia hacia un naturalismo sui géneris que revelará características propias.
Al llegar a su fin el giottismo, desaparece la pintura espontáneamente cristiana. Los objetivos del arte se hacen autónomos, el arte se independiza y se convierte en laico, como puede verse en Masaccio. De aquí nace la pintura que representa figuras por ellas mismas. Se requiera la enseñanza de los maestros pintores, no ya de los teólogos. Los papas no tardarán en favorecer una pintura que tomará a la religión como mero pretexto. La predicación cede la pintura a la estética. Suele citarse a Perugino (1446-1524), quien jamás quiso creer en la inmortalidad del alma, y a Leonardo (1452-1519), quien deseó recibir la instrucción de la fe católica apenas en su lecho de muerte.
El gusto por el mundo sensible es decisivo. El universo material, de ahora en adelante, inspira amor por sí mismo y ya no como lenguaje simbólico. A esto se debe la primera conquista de Florencia: el cuerpo y la figura humanos.” (Bayer, 2011: 101)
 
El artista, surge independiente, con su individualidad, personalidad e intereses estéticos propios. Su labor es motivo de contrato, tanto por religiosos como por civiles. El mecenazgo propicia el desarrollo de los talleres en donde los aprendices reciben la lección de los artistas. La creación artística es resultado de la conjugación de la imaginación, la memoria y el razonamiento: sus temas son la naturaleza y el realismo, si bien se incorporan alguna dosis de idealismo y las creencias religiosas aún poderosas en la mente de la población. La incredulidad, investigación, contrastación, inventiva, etc. son los métodos que dan rumbo a la labor de los artistas del renacimiento. Se busca explicar por métodos racionales y mediante la experimentación aplicar los nuevos conocimientos.
 
Andrea del Verrocchio. Retrato de Lorenzo El Magnífico

Con la aparición de la clase burguesa también surge la cuantificación y medición de todo lo que rodea y tiene que ver con el hombre. Es fundamental cuantificar las ganancias, los costos, mercancías, y sus ventas. Hay que medir los territorios de los que son propietarios, distancias a recorrer en la movilización de las mercancías, pesar tanto insumos como productos, evaluar desempeños de los proceso, instrumentos e incluso de la acción humano.
 
La duda respecto a los actos de fe, de los pecados originales y otras creencias, ritos y explicaciones dogmáticas plantea explicaciones basadas en los hechos y la certeza de los fenómenos concretos. Qué produce las enfermedades, por qué los problemas con los cultivos, qué es lo que explica el cambio climático o el movimiento de los astros de su posición en la bóveda celeste, o bien de qué manera se explica el vuelo de las aves, o cómo levantar edificios o murallas que sirvan tanto de cobijo como de seguridad ante el acoso de invasores. Preguntas que requieren de respuestas, y respuestas que han de ser útiles para la vida humana en todos sus campos de manifestación, esto es lo que surge con el Renacimiento.
 
Por ello, en el plano político se vuelve necesario cambiar el esquema segmentado de la organización feudal por otro centralizado basado en el poder de un monarca fuerte, basado en leyes y capaz de movilizar a la población en torno a la idea del Estado nación emergente.
 
A partir del Siglo XV, opera una revolución tecnológica, con grandes inventos como la brújula, imprescindible para los nuevos descubrimientos y colonizaciones en ámbitos ultramarinos; el telescopio que ubica al hombre en su pequeñez frente al universo y que le permite conocer a la distancia más de su propio mundo, cambiando su visión geocentrista por otra donde el sol asume el papel relevante.
 
En lo militar, el uso de la pólvora propicia una revolución en estrategias y en el dominio de la guerra, plantea, además, la generación de nuevas armas bélicas. La cultura escrita antes restringida a los monasterios, será exponenciada con la creación de la imprenta por Gutenberg, permitiendo el acceso a mayores segmentos de la población, volviéndose secular y propiciando la creación de instituciones educativas.
 
Museo Gutenberg, Alemania. Réplica de la Imprenta de Gutenberg

Al concluir el siglo XIII algunos artistas tomaron conciencia del legado dejado por Grecia. Se le tenía como una de las épocas más importantes del arte occidental por la estética que fue desarrollada, donde el interés por la perfección y el cuidado de las obras que se habían conservado o recuperado dejaban claro que representaban un mejor ejemplo que el que podía desprenderse de las obras medievales, poco interesadas en el cuidado, composición, proporción y perspectiva tanto en la pintura como en la escultura.

A lo largo de dos siglos, el interés por recuperar los ideales de la cultura helenística se constituirá en un proceso lento, pero cuidado, en el que se hilan desarrollos estéticos, conceptuales y técnicos sobre el arte. Este entramado inicia, como preámbulo, con Giotto, y culmina con las manifestaciones manieristas iniciadas en los trabajos de Miguel Ángel Buonarroti.
 
Giotto di Bondone. Maestà di Ognissanti (c. 1310)

Giotto di Bondone (1267-1337) es considerado el antecesor del Renacimiento. Se reconocen en sus pinturas el trato tridimensional de sus composiciones, el manejo de expresiones faciales, de sombras y de sus drapeados. Dio pie al denominado Proto-Renacimiento representado por artistas como Duccio Bonnsegna, Simnoe Martini, los hermanos Pietro y Ambrogio Lorenzetti.
 
La reconfiguración del Arte, en particular la pintura y la escultura, ocurre en Italia. El Renacimiento, según Giorgio Vasari, representa el nuevo nacimiento del arte antiguo; con él se renueva la cultura de la antigüedad clásica, y se pretende superar la “edad oscura” que significa la Edad Media.
 
Para analizar este importante periodo de la historia del Arte, los especialistas han precisado dos grandes periodos de análisis: el Primer Renacimiento o Renacimiento del Quattrocento que comprende el siglo XV, y el Segundo Renacimiento, conocido también como Alto Renacimiento o Renacimiento del Cinquecento, el cual comprende de fines del siglo XV a las primeras décadas del siglo XVI.
 
Durante el Quattrocento italiano se inicia la distinción respecto al Gótico, dándose mayor importancia a lo figurativo, la perspectiva y la proporción del cuerpo humano. La plenitud del Renacimiento se encontrará en el Cinquecento.
 
Michelangelo Buonarroti. Pietà. 1498-1499

Con el propósito de contar con una visión general de estos dos momentos del Renacimiento, en el siguiente cuadro comparativo se presentan los rasgos característicos de cada uno de ellos.


Cuadro comparativo entre la pintura del primer y el segundo Renacimiento
Característica
Primer Renacimiento o Quattrocento
Segundo Renacimiento o Cinquecento
Periodo
Siglo XV
Fines del Siglo XV y principios del Siglo XVI
Artistas
Tommaso di ser Giovanni di Mone Cassai Masaccio (1401-1428)
Fra Angelico (1387-1455)
Paolo Uccello (1397-1475)
Filippo Lippi (1406-1469)
Sandro Botticelli (1445-1510)
 Domenico Ghirlandaio (1449-1494)
Andrea Mantegna (1431-1506)
Piero della Francesca (1415-1492)
Leonardo Da Vinci (1452-1519)
Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564)
Rafael de Sanzio (1483-1520)
 
Estilo
§ Se distingue del Gótico, introduce la perspectiva y la proporción humana.
§ Inicia la recuperación del ideal clásico.
§ Incluyen temas religiosos e introducen la alegoría, la mitología y el retrato.
§ Inicia el análisis científico de la perspectiva y el espacio tridimensional.
§ Se abandona la rigidez gótica y se trabaja la figura humana.
§ Empieza a incluirse la naturaleza como fondo de las composiciones.
§ Se introducen los desnudos.
§ Etapa culminante de la pintura renacentista, denominada Clasicismo.
§ Los pintores asimilan las novedades y la experimentación cuatrocentistas y las llevan a niveles más amplios y creativos.
§ Aparecen los grandes maestros, cuyo trabajo será modelo a los artistas durante siglos.
§ El primer maestro es Leonardo, artista multidisciplinar, intelectual y obsesionado con la perfección.
§ Aportó innovaciones como el sfumato o claroscuro, la delicada gradación de la luz que otorga a sus pinturas una gran naturalidad, a la vez que ayuda a crear espacio, así como la importancia que da al paisaje en sus composiciones (el doble paisaje para ambientar y crear perspectivas)
§ Desarrolla el estudio científico en sus composiciones e incluye el simbolismo y misterio en sus obras.
§ El otro gran genio de este periodo es Miguel Ángel, el más grande escultor que trascendió en el campo de la pintura y la arquitectura.
§ El hombre es centro de las esculturas y pinturas  
§ Hace un uso depurado de las proporciones y el manejo anatómico de los cuerpos desnudos.
§ Los frescos de la Capilla Sixtina, además de su valor estético, dejan ver su visión del mundo y externan su atormentado mundo interior.
§ Rafael de Sanzio, según Vasari, completa la triada de genios del Clasismo.
§ Su pintura se interesa en la grazia o belleza equilibrada o serena.
§ Muerto muy joven, sus madonas incorporan las innovaciones de Leonardo en cuanto a composición y manejo del claroscuro.
§ Sus últimas obras influyen en el surgimiento del manierismo.
§ A partir de la tercera década del siglo XVI surge el Manierismo, contando con reconocidos pintores como Pontormo, Bronzino, Salviati y Parmigianino. En esta perspectiva, pero con un estilo más clásico se encuentran Corregio, Andrea del Sarto y Sebastiano del Piombo.
§ En Venecia se desarrollará una escuela cuyo interés será el color y el retrato. Artistas representativos son Giovani Bellini y Giorgione como precursores, Tiziano como el gran artista de esta escuela, y TIntoretto, Veronese y Palma el Viejo, quienes en la última etapa profundizarán en el manejo del color y la luz, y pasarán del manierismo al barroco.
Lugares
Florencia
Padua
Venecia
Umbría
Florencia
Roma
Venecia