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martes, 9 de marzo de 2021

El estudio de las Artes Plásticas en México y en Sonora

Torso femenino. Pintura al Pastel. AOA
 

Hermosillo, Sonora a 9 de marzo de 2021.

Fragmento del primer capítulo del libro Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Sonora. Colección “La Mirada del Búho” No. 6. Departamento de Desarrollo y Producción Editorial de la Universidad de Sonora. Universidad de Sonora, México, 2020. ISBN de la Colección: 978-607-518-130-1; ISBN: 978-607-518-364-0.

En su Conferencia pronunciada en la Universidad de Edimburgo en 1931, el reconocido filósofo y crítico de arte inglés Herbert Read (2010) reflexionó en torno al derrotero del estudio del Arte y en particular acerca de los programas universitarios de aquellos años. Destacaba la ventaja de las universidades alemanas sobre las inglesas en cuanto a los estudios de Doctorado en Historia del Arte. Así también, reflexionaba sobre dos problemas relativos al estudio del arte: ¿cómo influye el estudio del arte en la vida práctica del estudiante?, y ¿qué efecto que tiene sobre la función adecuada del arte en la educación? Insistió que el estudio del Arte universitario debe ser vocacional.

Recuperando la experiencia alemana, la educación de la Cátedra de Bellas Artes, planteó el erudito inglés, habría de comprender 3 métodos: primero, partir de la actividad subjetiva de apreciación del arte: que es la estética propiamente hablando; segundo, es puramente objetivo: se ocupa de la obra de arte misma: técnicas anatomía de la forma, etc. Se refiere a la Ciencia general del Arte; y, el tercero es el Método histórico.

Herbert Read. Grabado sobre papel. Edgar Holloway. 1934

Haciendo énfasis en el desarrollo de una formación integral de los estudiantes desde el nivel preescolar, donde los cursos de Artes jugarían un papel fundamental, Read concluyó que los estudios universitarios fundados en la estética tienen un campo experimental limitado; y que la enseñanza erudita del arte (Historia y Teoría del Arte) haya propiciado que cada año egresaran estudiantes cuya profesión no es absorbida por la sociedad, convirtiéndose en un profesionista carente de adaptabilidad social y carente de un científico profesional económicamente justificado.

Con el fin de desarrollar y adiestrar los hábitos de aprensión artística estética, considera que la apreciación de las Bellas Artes es el método más objetivo, más práctico e infinitamente el más valioso, puesto que: 1) existe la significación de las bellas artes en la cultura general de una nación, y 2) existe en las bellas artes una cualidad especial que no sólo explica esa importancia, sino que nos permite aprehenderla en forma peculiarmente directa.

La educación artística en nuestro país, por su parte, tiene antecedentes longevos; se remontan a fines del siglo XVIII, cuando en 1781 se funda la Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España. De esta manera se dio respuesta a las autoridades de Casa de Moneda en Nueva España de formar con grabadores para apuntalar la producción y acuñación de moneda.  Auspiciada por el Estado, la naciente academia inició cursos de las Tres Nobles Artes de San Carlos: arquitectura, pintura y escultura. 

Academia de San Carlos

Los acontecimientos que ocurrieron a lo largo del Siglo XIX tuvieron repercusiones en la normalidad con la que pudo haberse dado la vida académica de esta institución. Destacan en un principio las aportaciones del escultor y arquitecto Manuel Tolsá y a fines de ese siglo la presencia del pintor José María Velasco.

Es en el siglo XX cuando se incorpora a la Universidad Nacional Autónoma de México como Escuela Nacional de Bellas Artes. Para el año de 1929 se divide en la Escuela Nacional de Arquitectura y Escuela Central de Artes Plásticas, convirtiéndose cuatro años después en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Será en 1970 cuando por iniciativa de reconocidos profesores se proponen los estudios de la Licenciatura en Comunicación Gráfica, la cual se formalizó en 1975. 

Durante los noventa, esta carrera cambió de nombre y plan de estudios, pasando a ser la Licenciatura en Diseño y Comunicación Visual. En 2014 se crea la Facultad de Artes y Diseño, que cubre el espacio de la antigua Escuela Nacional de Artes Plásticas: la Facultad contempla cuatro licenciaturas (Artes Visuales, Arte y Diseño, Diseño y Comunicación Visual, y Cinematografía) y cursos de posgrado.

Escuela Nacional de Artes Plásticas

La otra gran institución de enseñanza de Arte en nuestro país es la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG), La Esmeralda, una universidad incorporada al Instituto Nacional de Bellas Artes. Originalmente sus servicios educativos consistían en talleres gratuitos y abiertos a todo el público. La fundación en 1927 de la Escuela libre de Escultura y Talla Directa en el Exconvento de la Merced es el primer antecedente de esta universidad. En la década de los treinta, la escuela se cambió al Callejón de la Esmeralda.

En 1943 se desarrolló el primer plan de estudios aprobado por la Secretaría de Educación Pública, y se dio reconocimiento oficial como Escuela de Artes. Posteriormente, se estructuró un Plan Profesional de Pintor, Escultor y Grabador, el cual cambió en 1984 a la Licenciatura en Artes Plásticas con acentuación en Pintura, Escultura y Grabado.

En 2007 entró en vigor el Plan de estudios de la Licenciatura en Artes Plásticas y Visuales, con el objetivo de «formar profesionales en la producción de las artes plásticas y visuales con capacidad para desarrollar un lenguaje con sustento conceptual acorde a su momento histórico y cultural, el cual les permita integrarse a circuitos de formación, difusión y circulación de las artes plásticas y visuales.» (La Esmeralda. Plan de Estudios, 2007: 3)

El Plan (2007: 23) contemplaba que el egresado se asumiría como un «…productor visual que desarrolle un discurso que en su construcción vincule con elocuencia la investigación teórico conceptual con las habilidades del manejo plástico-visuales.» Además, se propuso que el ejercicio de la producción visual constituiría parte fundamental de su formación, por lo que tendría que contar «…con las herramientas teóricas y prácticas que le permitan incursionar en el campo profesional, confrontándolo ante los diversos circuitos de circulación del arte, así como en la continuidad con estudios superiores ligados a las artes plásticas y visuales.»

La Esmeralda

Diez años después, se replanteó el plan de estudios como Licenciatura en Artes Visuales, definiendo su objetivo general en el sentido de «Formar profesionales capaces de realizar una intervención creativa y consecuente en la sociedad desde las artes visuales, con sustento conceptual acorde a su momento histórico y cultural, dispuestos a integrarse a circuitos de formación, difusión y circulación de las artes y de la cultura en la sociedad y afectar positivamente el desarrollo de las mismas.» (La Esmeralda. Plan de Estudios, 2017: 7)

Por su parte, el perfil de egreso, en comparación con el definido en el plan anterior, se complejizó, agregándose elementos relativos a competencias emocionales, de expresión y comunicación, así como de trabajo colaborativo; desde esta perspectiva, se concibió en considerar que los egresados de esta institución

«…tendrán la capacidad de incidir de forma creativa, con conciencia y visión en diversos campos de la sociedad. Deben contar con las herramientas teóricas y prácticas dentro del campo de las artes visuales además de contar con una inteligencia emocional y creativa desarrollada para permitirles concebir y llevar a cabo soluciones innovadoras tanto en su propio quehacer como en su incursión en el campo profesional. Esto implica que sepan articulares por escrito, verbalmente y por medio de la producción. Demostrará que tiene la capacidad de crear y aprovechar oportunidades profesionales, idear y gestionar proyectos, formar equipo y saber resolver conflictos, Deben egresar con la capacidad de ser agentes de cambio creativos y responsables con respecto a la sociedad de la que forman parte.» (La Esmeralda. Plan de Estudios, 2017: 45)

En Sonora, los antecedentes de las acciones de formación artística se remontan al año de 1950, cuando se funda Escuela de Dibujo de Artes Plásticas, que posteriormente se convertiría en la Academia de Artes Plásticas, a la par de la Academia de Arte Dramático, la Academia de Danza y la Academia de Música.

A partir de 1991, con la creación de la Ley 4 Orgánica de la Universidad de Sonora, se crea la División de Humanidades y Bellas Artes, integrada por los Departamentos de Letras y Lingüística, y de Bellas Artes; paralelamente se dio un proceso de nivelación de la planta de profesores, pasando algunos de ellos a realizar estudios de secundaria y preparatoria abierta, y, posteriormente, realizar estudios profesionales, con base en un convenio de colaboración suscrito con la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Primera sede de la Licenciatura en Artes Plásticas al interior del campus de la Universidad de Sonora

En 1997 se aprobó el Plan de Estudios de la Licenciatura en Artes. En él se contemplaron cuatro áreas de formación artística: Artes Plásticas, Danza, Música y Teatro. Como objetivo de la Licenciatura se propuso «…formar profesionales ejecutantes capaces de transmitir y generar conocimientos relativos al área de su especialidad, con sólida formación teórica, metodológica y práctica que les permita incorporarse al mercado de trabajo regional, nacional e internacional con alto nivel de competitividad.» (Licenciatura en Artes. Plan de Estudios, 1997: 2) De acuerdo con esta orientación formativa, al concluir sus estudios con duración de diez semestres, los ejecutantes profesionales de las Artes Plásticas recibirían los títulos de Pintor, Grabador o Escultor.

En el diagnóstico para elaborar el Plan de Estudios de la Licenciatura en Artes Plásticas de 2008, se apuntó que entre las consideraciones que se asumieron al formular el Plan 1997, se planteó que

«…la enseñanza de las artes se constituye como una necesidad vital para el desarrollo de la sociedad y de cada uno de los individuos que la conforman, a través de las artes se promueve el desarrollo de la sensibilidad, la percepción, el sentido estético, la imaginación, la creatividad, la comunicación y la capacidad de emocionarse, por lo que el arte, es un elemento que integra y define al ser humano.» (Licenciatura en Artes Plásticas. Plan de Estudios, 2008: 7)

De allí que entre los objetivos específicos del Plan se propuso formar profesionales de las artes visuales con los conocimientos teóricos y del oficio para comprender y producir obras plásticas, mediante el manejo de un lenguaje plástico que les permita integrarse establecer comunicación con el entorno social.

Durante el ciclo escolar 2008-2 se reformó el plan de estudios enmarcándolo en las disposiciones del nuevo modelo educativo de la Universidad y transformando el programa a Licenciatura en Artes Plásticas, con las especialidades de pintura, escultura y grabado.

Esta propuesta consolidó la perspectiva formativa iniciada diez años antes. El objetivo general del Plan de estudios, sin precisar el término de ejecutante profesional, reafirmó la intención de impulsar la formación de capacidades tanto teóricas como prácticas para el desarrollo profesional de los egresados; se definió en términos de:

«Formar profesionales de las artes plásticas: Capaces de desempeñarse en las funciones de creación, enseñanza, capaces de contribuir a la formación de artistas plásticos y el conocimiento artístico. Con el dominio de las herramientas suficientes para poder trasmitir de manera adecuada sus conocimientos artísticos.» (Licenciatura en Artes Plásticas. Plan de Estudios, 2008: 18)

Sede de la Licenciatura Artes Plásticas de la Universidad de Sonora

En esta propuesta se fue más allá (Licenciatura en Artes Plásticas. Plan de Estudios, 2008: 18-19), enriqueciendo los intereses del estudio de este programa educativo en términos de la creación plástica, de la habilitación de los egresados para su enseñanza, o bien para llevar a cabo trabajos de investigación, participar en la gestión del arte y la cultura, incluso en la promoción y capacitación de los estudiantes para incursionar en estudios de posgrado.

Resulta relevante el énfasis que este Plan hace en términos comportamentales, pues incorpora entre sus objetivos particulares el «Fomentar en el estudiante actitudes que lo lleven a ejercer la profesión de manera responsable, reflexiva, tolerante y bajo un estricto apego ético.» (Licenciatura en Artes Plásticas. Plan de Estudios, 2008: 18)

Al proponer el perfil de egreso se sumó a estas intenciones del Plan de estudios el compromiso social del artista plástico, en cuanto que se le considera como «…un profesional creativo que hace uso adecuado de las herramientas y materiales específicos de su profesión, con gran sensibilidad para comunicarse a través de la práctica artística y con bases para transferir conocimientos. Tiene la capacidad para resolver los problemas planteados por el entorno económico y social.» (Licenciatura en Artes Plásticas. Plan de Estudios, 2008: 19) Definido así el perfil de egreso, se reitera el interés que se tiene en cuanto a la función profesional como transmisor de conocimientos, es decir, un profesional con capacidades para las labores académicas.


Referencias:

Escuela Nacional de Pintura y Escultura "La Esmeralda": http://www.esmeralda.edu.mx/

Facultad de Artes y Diseños, UNAM: http://www.fad.unam.mx/

Ley Número 4 Orgánica de la Universidad de Sonora. 26 de noviembre de 1991.

Plan de Estudios de la Licenciatura en Artes Plásticas 1997.

Plan de Estudios de la Licenciatura en Artes Plásticas 2008.

Plan de Estudios de la Licenciatura en Artes Plásticas y Visuales. Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda". 2007 y 2017.

Read, Herbert. 2010. Educación por el Arte. Barcelona: Paidós Educador.

 

jueves, 29 de octubre de 2020

Presentación del Libro Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plástica de la Universidad de Sonora

 

 
Hermosillo, Sonora a 29 de octubre de 2020.

 

Como parte del programa de los Festejos por el 78 Aniversario de la Universidad de Sonora, se presentó el libro Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plástica de la Universidad de Sonora, volumen 6 de la Colección la Mirada del Búho de esa Universidad. A continuación, se presentan las palabras del autor de la obra y los comentarios hechos por el profesor José Jesús Manuel Vargas.

 

Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plástica de la Universidad de Sonora

Por Arturo Ordaz Alvarez 

Quiero expresar mi agradecimiento a los organizadores del evento de presentación de esta obra y aprovechar el momento para expresar el reconocimiento a la labor editorial de la Universidad, en particular al Dr. Rodolfo Basurto Alvarez, Director de Vinculación y Difusión, al Comité editorial de la Colección la Mirada del Búho, el Mtro. Alejandro Aguirre Hernández, Coordinador de Vinculación, quien pautó los esfuerzos editoriales en la primera etapa del desarrollo de la obra, así como a la Mtra. Marianna Lyubarets, Coordinadora de Fomento Editorial, quien fue la responsable de coordinar el trabajo editorial en la etapa final de la publicación de la obra.

Por supuesto, este reconocimiento quiero hacerlo al personal que hizo posible la concreción de la obra; por su profesional y comprometida labor en la parte operativa. Así, me es grato recordar y agradecer el trabajo de corrección de estilo de la profesora Norma Beatriz Salguero Castro, sumando al reconocimiento por su profesionalismo, su paciencia y capacidad de orientación para que pudiera comprender la relevancia de sus recomendaciones para mejorar la presentación de la obra. De igual manera, manifiesto mi agradecimiento por su trabajo en la corrección de galeras a Sheila Abelí Corrales Martínez y a María Guadalupe Meneses Tarazón por su excelente trabajo en el diseño de interiores. Asimismo, mi gratitud al personal del área de Diseño quienes colaboraron en la definición de la portada.

Antes de hablar del libro, quiero reconocer los magníficos comentarios realizados por quienes me antecedieron en el uso de la palabra. A mis profesores de la Licenciatura en Artes Plásticas, les agradezco la fineza de sus palabras. Muchas gracias maestra Marcela, muchas gracias maestro José Jesús Manuel por estar presentes en este evento.

El libro Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plástica de la Universidad de Sonora constituye el volumen número 6 de la Colección la Mirada del Búho. Esta colección es un interesante proyecto editorial de la Universidad de Sonora mediante el cual podemos conocer más de cerca la fructífera labor académica que nuestra alma mater viene realizando a favor de nuestro estado y nuestro país por ya 78 años.

El Objetivo General del libro que hoy se comenta se propuso en los siguientes términos: la obra plantea estudiar el camino seguido por la enseñanza de la escultura en las aulas y talleres de la Universidad de Sonora.

Se planteó realizar un análisis de carácter curricular en relación a los contenidos y prácticas de docencia instrumentadas en la formación de escultores; con ello se pretendió la identificación y análisis de indicadores de la eficiencia del plan de estudios, así como del desempeño profesional de los egresados.

Así también, por otra parte, el interés de la investigación en la que se sustenta esta obra planteó estudiar la orientación formativa del programa, así como de las perspectivas artísticas y estéticas prevalecientes en el proceso de enseñanza-aprendizaje y las inclinaciones cultivadas por los escultores egresados del programa.

Esto desde la perspectiva del trabajo investigativo.

Desde un lado más personal, el propósito de este trabajo fue expresar mi agradecimiento a este espacio de formación de nuestra Universidad con el cual he estado en contacto desde la muy temprana edad de los 18 años, cuando ingresé a los talleres de la entonces Academia de Artes Plásticas de la Universidad, y en donde, de manera paralela a mis estudios profesionales en el campo de la Economía, pude iniciar una formación integral como la que nos ofrece la Universidad de Sonora.

De igual manera, este esfuerzo se planteó como objetivo el reconocer los esfuerzos que desde el año 1950 se han venido realizando en el ámbito de las artes plásticas por una prestigiada planta docente. Claro, en este interés, también está el de reconocer a los profesores que han dado lustre a nuestra universidad en otros ámbitos del arte, como en la danza, la música, el teatro.

La estrategia del trabajo investigativo se visualizó a partir de los componentes que intervienen en la labor educativa: el estudiante, el profesorado y el plan de estudios.

De hecho, la estructura del contenido del libro quedó definida en cuatro capítulos. Primero, la atención se centró en El estudio de las Artes Plásticas, donde se reflexiona, grosso modo, acerca del Arte y la educación artística, y sobre esfuerzos realizados en nuestro país en materia de impulsar el estudio de las Artes Plásticas.

A partir de esta contextualización, se propuso el segundo capítulo acera de La Universidad de Sonora y el estudio de las Artes Plásticas. El interés de esta parte del libo se centra, primero, en el análisis de los compromisos fundamentales de la Universidad y una aproximación a la definición del Proceso Enseñanza-Aprendizaje. Con base en ello, en un segundo momento, se revisa el origen y desarrollo de la Academia de Artes Plásticas y los primeros proyectos académicos engendrados en este espacio educativo; el capítulo concluye con la reflexión sobre las dos propuestas curriculares que han dictado el rumbo de la formación profesional en Artes Plásticas en la Universidad de Sonora. Hay que recordar que el proyecto de la Licenciatura en Artes en nuestra Universidad fue aprobado por los órganos colegiados de la misma en 1997.

Para analizar a la planta docente, se decidió que en el tercer capítulo denominado Propuestas estéticas de los profesores de Escultura, se pudiera hacer un recorrido, si bien sucinto, por los académicos a cargo de la enseñanza de la escultura desde el inicio de la Academia y, posteriormente de quienes enseñan en el nivel profesional. Esto dibujó un hilo generacional de profesores, desde los fundadores Francisco Castillo Blanco y José Balderrama Luque, quienes dejaron huella sensible en las primeras generaciones en la Academia; los profesores que sentaron bases de madurez y producción artística en la escultura, los profesores Mario Enrique Rodríguez Zazueta y Ciro Sotelo Cruz; luego el profesor Alfredo Velarde González, promotor incansable de la profesionalización universitaria de la enseñanza de la escultura; hasta el maestro Hugo Darío Ruiz Rosas, cabeza de la nueva generación de profesores egresados del mismo programa de Licenciatura de nuestra Universidad.

Con el fin de presentar una muestra de la obra escultórica de estos docentes, se decidió acudir a la obra que los profesores nos ofrecen en diferentes recintos universitarios y en los espacios del campus universitario.

El cuarto y último capítulo se dedica a Los estudiantes de la Licenciatura de Artes Plásticas. Las fuentes de información de este capítulo se centraron en el levantamiento de una encuesta, con base en una muestra, de estudiantes egresados de la especialidad de escultura. Se aprovechó, también la revisión documental de los diversos estudios realizados por la Dirección de Planeación de la Universidad. En este punto, se analizan los antecedentes vocacionales de esta población estudiantil, su opinión acerca de la formación del profesional de las Artes Plásticas que brinda la universidad, acerca del plan de estudios, las condiciones en las que se lleva a cabo su formación y, por supuesto, sobre el desempeño de sus profesores; también se hace un estudio de diversos indicadores de la eficiencia terminal del programa educativo y sobre la opinión de empleadores y la incrustación de los egresados en el mercado laboral.

Esto es lo que presento en este trabajo. Espero que los lectores puedan encontrar en él referencias del trabajo que hacemos en la Universidad de Sonora. Que tengan también, una visión complementaria acerca de la labor cultural y artística que surgen de las aulas y talleres universitarios.

Para concluir, como lo hago en las primeras páginas del libro, quiero manifestar mi agradecimiento por su apoyo y amistad a los profesores a Alfredo Velarde González, Rosa Angélica Santana Corrales y Ana Marcela García Figueroa. Un agradecimiento que en su persona resume el que expreso a las diferentes generaciones de profesores de las diferentes academias, danza, música, teatro, artes plásticas, quienes han dado prestigio y enriquecido la presencia de la universidad en nuestra entidad, en el país y más allá de nuestras fronteras.

 

Arturo Ordaz Alvarez 


Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Sonora

Apuntes para comentar el libro

Por José de Jesús Manuel Vargas Escobedo

 

Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Sonora es el título que la colección La Mirada del Búho ha publicado y que, su autor, Arturo Ordaz Álvarez, con gran gentileza me invitó a comentar.

 

Yo no soy experto en artes plásticas, mi formación es en las artes escénicas y en las humanidades. He sido docente en la Licenciatura en Artes plásticas cuando Arturo cursó la licenciatura; imparto materias cuyo contenido se relaciona más con la reflexión sobre el quehacer artístico desde dimensiones antropológicas, sociológicas y filosóficas; y con el vínculo posible del artista plástico con el teatro y la danza, por ello, creo que lo pertinente para justificar mi participación en el comentario de este libro debe darse desde ese emplazamiento.

 

Transitar por setenta años de historia, de cualquier espacio social, es tarea titánica y es lo que ha logrado Arturo, llevando al lector por una travesía que va desde la fundación de la Academia de Artes Plásticas, la aprobación, en 1997, de la oferta educativa a nivel licenciatura y su consolidación hasta nuestros días.  

 

No es sólo la dimensión histórica, que por sí misma tendría gran valor, como memoria, la que define el texto. De manera preponderante encontramos una visión pedagógica que discurre sobre la estructura y contenidos curriculares de la carrera, pero va más allá al involucrar estudios de seguimiento y valoración del impacto que nuestros egresados han tenido en la vida cultural del Estado de Sonora.  

 

En el libro se hace, también, un merecido reconocimiento a los pilares de la escultura sonorense, nos da a conocer a quienes gestaron los primeros proyectos académicos, a quienes produciendo obra artística y ejerciendo la docencia, tomaron las riendas de la formación de las nuevas generaciones como: 

Francisco Castillo Blanco, Higinio Blat, José Balderrama Luque, Enrique Rodríguez Zazueta, Ciro Sotelo, Vincent P. Rascón, Alfredo Velarde González y, el actual coordinador del programa, Hugo Darío Ruiz Rosas. 

 

Se infiere del recorrido y los datos ofrecidos por Ordaz que la Universidad de Sonora aporta, a través de la Licenciatura en Artes Plásticas y, particularmente, en el área de especialización en escultura, un espacio donde los artistas en formación ensayan la sugerencia de Pablo Picasso: “Aprende las reglas como un profesional para poder romperlas como un artista.”

 

Se infiere, también, que el aporte de la sociedad en recursos económicos para la formación de escultores, en nuestra institución, está plenamente justificado y que, inclusive, debiera incrementarse. 

 

Destaco la visión humanista del autor. Más allá de las consideraciones de orden técnico y metodológico Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Sonora es, además de memoria y reflexión, construcción de la identidad.  

 

Las implicaciones de los datos presentados me llevan a afirmar que somos Búhos en el sentido exacto de las prácticas totémicas, somos una comunidad que ya no se concibe sin el atributo de la promoción de las artes, la formación profesional de artistas y docentes, la generación de obras y prácticas culturales que desbordan el campus. Además de la vocación de servir a la comunidad con perspectiva social. Ésta es la impronta identitaria construida durante los setenta años relatados. 

 

La Universidad de Sonora, en un sentido laico, se ha convertido en el corazón espiritual de la vida sonorense. Todo evento artístico relevante, en la vida cultural del Estado, tiene la participación de egresados en cualquiera de las especialidades de nuestro Departamento de Bellas Artes. La escultura, como se demuestra en la investigación de Ordaz, es un botón de muestra. 

 

Concluyo mi participación con las palabras del autor, palabras con las que cierra el libro y responde a la pregunta derivada del título: 

 

Para la Universidad de Sonora, significa un programa académico con índices importantes de eficiencia terminal, pero lo más importante es que por décadas su comunidad universitaria ha sido un importante puntal generador del prestigio que ha acumulado. 

 


José de Jesús Manuel Vargas Escobedo





jueves, 11 de junio de 2020

La Universidad de Sonora y el estudio de las Artes Plásticas. La Academia de Artes Plásticas

Edificio del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora. Primera sede de los Talleres de Artes Plásticas. AOA.

Hermosillo Sonora a 11 de junio de 2020.

Fragmento del segundo capítulo del libro Escultura sonorense. Aportaciones de la Licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Sonora. Colección “La Mirada del Búho” No. 6. Departamento de Desarrollo y Producción Editorial de la Universidad de Sonora. Universidad de Sonora, México, 2020. ISBN de la Colección: 978-607-518-130-1; ISBN: 978-607-518-364-0. Pp. 23-35.

Los compromisos fundamentales de la Universidad

El propósito de este capítulo es reflexionar acerca del proceso de enseñanza-aprendizaje profesional en el campo de las artes plásticas en la Universidad de Sonora. Se considera que el estudio profesional requiere de la sistematización de los productos del proceso investigativo, los cuales sustentan el proceso creativo, y éste, a su vez, es fuente para inspirar nuevas ideas o para comprobarlas mediante la praxis.
            Desde sus orígenes, la Universidad de Sonora ha luchado por hacer efectivos los principios de libertad de cátedra y de investigación, el respeto a todas las expresiones del pensamiento humano y el aliento a la creatividad y el análisis crítico y constructivo.
            En la Ley Orgánica No. 4 de la Universidad de Sonora han sido consignados sus compromisos fundamentales. En su artículo cuarto quedó consignada su naturaleza y esbozadas sus nobles tareas:
«La Universidad de Sonora es una institución autónoma de servicio público, con personalidad jurídica y capacidad para autogobernarse, elaborar sus propios estatutos, reglamentos y demás aspectos normativos, así como para adquirir y administrar sus bienes y recursos. Es una institución de educación superior y ejercerá la libertad de enseñanza, investigación y difusión de la cultura; aplicará sus recursos con sujeción a la normatividad relativa y, en general, cumplirá con las atribuciones que esta ley, el estatuto general y los demás reglamentos le confieran.»

Por su parte, en el artículo quinto se precisan como objetivos universitarios la «…preservación, creación y difusión de la cultura científica, tecnológica y humanística en beneficio de la sociedad.» En ese sentido, se propone en este precepto:
§ La formación y capacitación de profesionales, científicos y técnicos,
§ La formación integral del individuo, fomentando la conciencia de solidaridad y justicia,
§ Impulsar y desarrollar la investigación humanística, científica y tecnológica,
§ Dar cumplimiento a sus funciones sustantivas en congruencia con el desarrollo científico y tecnológico,
§ Fomentar los valores de la cultura nacional, así como el estudio de los derechos y deberes fundamentales del hombre, para fortalecer la independencia, la soberanía y el desarrollo del país y la entidad,
§ Crear, difundir y fomentar las manifestaciones artísticas y culturales,
§ Impulsar actividades extracurriculares que permitan los beneficios de la cultura y el saber a los que carecen de oportunidad para obtenerlos, y
§ Contribuir a la planeación y desarrollo interinstitucional de la educación media y superior.

De esta manera, las actividades sustantivas de la Universidad, expresadas en sus programas académicos, como sus actividades adjetivas o logísticas, deben orientarse bajo estos objetivos y disposiciones. Docencia, investigación y divulgación se constituyen en los componentes básicos del sistema de enseñanza-aprendizaje de la Universidad, su integración e interacción hacen posible el cumplimiento de sus tareas fundamentales.
Todo ello en los términos previstos por el marco institucional que rige en el país y en el estado; teniendo en cuenta el contexto local, regional, nacional e internacional en el que se adscribe la Universidad; y considerando la satisfacción de las necesidades del desarrollo y bienestar del estado de Sonora y del país.


Profesor Ciro Sotelo Cruz. Escultor y Ceramista. 
Trabajando en los talleres ubicados en el Edificio del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora.


El Proceso Enseñanza-Aprendizaje

El aprendizaje profesional puede ser alcanzado en el ámbito académico o bien de manera autodidacta. En este trabajo se pone atención al que se desarrolla en aulas y talleres de educación formal, asumiéndose que en ellos dicho proceso ocurre «…metódicamente y de manera completa, breve y eficaz.» (Acha, 2011: 61). En esta perspectiva, entonces, se concibe que el aprendizaje profesional se liga a tres funciones básicas: la docencia, investigación y divulgación del conocimiento y la cultura.
            Se considera que el aprendizaje profesional es un proceso de transformación de quienes participan en él. Se asume que el estudiante es el focus del ejercicio educativo, se pretende que haga suyos conocimientos, habilidades y actitudes como resultado del proceso enseñanza-aprendizaje; por su parte, el profesor organiza y pone en práctica una serie de estrategias de enseñanza-aprendizaje mediante las cuales presenta a sus estudiantes los contenidos de la disciplina con la que ambos están comprometidos; a su vez, el centro educativo propicia las condiciones que permiten que ocurra dicho proceso, desde la definición del modelo educativo y los planes y programas de estudio como las condiciones materiales que permiten la concreción de dicha tarea.
            Durante el proceso de enseñanza-aprendizaje (E-A) el estudiante madura en el conocimiento acerca de los sistemas teóricos, desarrolla aptitudes en el manejo de estrategias, métodos, técnicas y herramientas con las cuales aprehende y puede incidir en sus objetos de estudio, y al mismo tiempo asume un marco axiológico que modula su comportamiento como profesional de su disciplina.
            En el caso del profesor, investiga para fundamentar, estructurar y darle vida al programa del curso a su cargo; durante el proceso (E-A) le toca, además, observar, evaluar y auto-evaluarse en cuanto al desarrollo y resultados de dicho proceso; él mismo manifiesta cambios en tanto que madura su dominio de los contenidos del curso, así como perfecciona la manera en que interactúa con el estudiante para lograr los fines educativos.
            Al centro educativo le toca, desde una perspectiva institucional, planear, organizar, dirigir y controlar y evaluar; así moviliza los recursos de diversa índole que propician el proceso, detecta insuficiencias, fallas, omisiones, etc. y corrige lo necesario para lograr sus fines como organización educativa y ante la sociedad. El instrumento por antonomasia que brinda la institución educativa al proceso (E-A) es el Plan de Estudios de la carrera que oferta. Para concretarlo y presentarlo a los estudiantes contrata la planta académica profesional del campo de conocimiento y dispone de los medios materiales para apoyar la labor educativa.
            La educación profesional en el campo de la artes, consigna el profesor Juan Acha (2004: 24-34), tiene como propósito la educación de la sensorialidad, la sensibilidad, la mentalidad y la creatividad de los estudiantes, lo cual implica, respectivamente: el manejo de las técnicas, instrumentos y procedimientos de su especialidad; el análisis, comprensión y aplicación de las categorías estéticas en su trabajo de creación artística; el estudio, investigación, producción y aplicación de conocimiento teórico, tanto artístico como histórico, sociológico, psicológico y de otros campos con los que se interactúe; así como la experimentación creativa en la que se recreen todos los otros elementos para propiciar una formación integral del estudiante.
            El proceso de (E-A) profesional constituye un fenómeno dialéctico en el que, dentro de un ambiente de libertad y disciplina, se produce una relación permanente entre teoría y práctica, y en el que el estudiante de manera sistemática va conformando su formación profesional en la disciplina mediante la asunción de conocimientos, habilidades y pautas de comportamiento, pero también por conducto de la creación y recreación de los mismos.
            El aprendizaje profesional en el campo de las artes plásticas, al igual que en otros campos de conocimiento, requiere de la investigación: la sistematización de los productos del proceso investigativo da sustento al proceso creativo y a la conformación de conocimiento válido para las diferentes disciplinas; también, es fuente que inspira nuevas ideas o que proporciona los argumentos para comprobarlas mediante la praxis.
            En un sentido profundo, se asume que «El hombre se crea a sí mismo como creador» (Castoriadis, 2006: 30): fortalece su ser interno como su presencia social. A la investigación se le considera como elemento fundamental en la creación de conocimiento, pues, conforme «…progresa, la investigación corrige o hasta rechaza porciones del acervo del conocimiento…» (Bunge, 1969: 19). Por su parte, el proceso creativo se asume como origen y destino de la investigación.
            La investigación «…es un proceso de creación de conocimientos sobre la estructura, el funcionamiento o el cambio de una zona de la realidad.» (Briones: 1998: 17) En el aprendizaje profesional este proceso es básico, pues mediante el método sistematiza la estrategia que permitirá encontrar las respuestas a las interrogantes del investigador, solucionar los problemas reales y de estudio, aceptar o solucionar determinados preceptos teóricos o hechos concretos, en fin, genera nuevo conocimiento.
            Asumidas como funciones sustantivas de las instituciones de educación superior, la docencia, la investigación y la difusión del conocimiento y la cultura conforman una relación dinámica, compleja y de retroalimentación mutua. Una educación integral, de acuerdo con el profesor Acha (2004: 33), se concibe como un proceso complejo caracterizado por la pluralidad y la diversidad, y lejano de la unidimensionalidad y la simplicidad.
            En este sentido, Elliot W. Eisner (2004: 62-65) resalta la importancia de que el estudio de las Artes se sume al estudio de otras experiencias curriculares.
            Eisner propone que el estudio de las Artes integradas se organice en cuatro estructuras curriculares: A) para la comprensión de un periodo histórico y cultural concreto; B) para ayudar a los estudiantes a identificar similitudes y diferencias entre las distintas artes; C) para explorar un tema o idea fundamental a partir de las obras de arte y los trabajos de otros campos; y D) para la solución de problemas mediante varias disciplinas, entre ellas las Artes. 

El descanso. Obra del artista plástico Enrique Rodríguez Zazueta. 
Atrio del Edificio del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora. AOA.

            El autor destaca que lo importante es que en cualquier campo de conocimiento es fundamental comprender el contexto económico y político de la disciplina; en el mismo sentido es importante comprender cómo otros campos de estudio, como las Artes, pueden ser útiles en la comprensión y cognición de estas disciplinas.
            La creación artística requiere de un largo proceso de formación profesional, según lo apunta el profesor Acha (2011: 145-150); en este proceso se fomentan y desarrollan diversos componentes de la creación artística, como la concepción, la ejecución, la experimentación, la búsqueda de soluciones, la comprobación, la innovación, entre otros. En todos ellos el estudiante involucra el conocimiento y la experiencia, la memoria y la fantasía, así como el conocimiento lógico, crítico y dialéctico.
            En este proceso discurren artisticidad-cientificidad como una totalidad dialéctica en donde, la cientificidad refiere al grado de confianza o seguridad con el que se aceptan los resultados obtenidos por un investigador basado en los procedimientos utilizados para efectuar su estudio, cuyos criterios son de orden epistemológico como la objetividad, la validez, la fiabilidad o confiabilidad, y de orden social como los principios éticos y profesionales vinculados al quehacer científico.
            Por su parte, la artisticidad nos habla del camino que el artista recorre para llegar, por intermediación de la obra, al observador y suscitar su interpretación; es la materialización en la obra de aquellos aspectos que permiten que sea considerada como arte.
            En estos términos, se asume lo propuesto por Galvano Della Volpe, quien considera que lo «…específicamente artístico no se comprende en términos de expresión intuitiva del sujeto, tampoco en términos de recepción intuitiva por parte de los lectores y espectadores, el gusto no es una aceptación irracional sino una selección cualitativa, plenamente racional, de las obras, que en ese juicio -el de gusto- son comprendidas e interpretadas.» (Bozal, 1999: 182)


La Academia de Artes Plásticas y los primeros proyectos académicos

El programa académico de la Licenciatura en Artes Plásticas fue institucionalizado con su aprobación por parte del Colegio Académico en el año 1998. Con esta decisión se cumplió un anhelo del pueblo sonorense que surgió a la distancia de más de cinco décadas atrás con la misma fundación de la Universidad de Sonora.
            Originalmente, de manera elemental, la actividad artística, en los campos de la música y las artes pláticas, fue impulsada en el ámbito universitario (García, 1992: 24). Durante la primera década de vida universitaria, se promovieron diversos proyectos para dar impulso a la educación artística, pero no fueron concretados debido a las limitaciones presupuestales de la Universidad en esos años, o bien porque otras prioridades encabezaban la agenda de desarrollo de la institución.
            En esta primera etapa de la Universidad, sobresalen los esfuerzos de los profesores Francisco Castillo Blanco (1912-1973) e Higinio Blat (1893-1974) en el fomento de las artes plásticas en el campus universitario. En el año de 1948 el maestro Castillo Blanco propuso la creación de la Escuela Libre de Artes Plásticas, proyecto que sirvió de base para la aprobación, tres años más tarde, de la Academia Libre de Dibujo y Pintura propuesta por el pintor Higinio Blat (Moncada, 2005: 162).
            Según lo consigna el profesor Luis Enrique García (1992: 33), fue el 2 de enero de 1951 cuando abrió sus puertas la Academia, constituyéndose en la institución responsable de desarrollar y difundir el dibujo y la pintura, y años más adelante la escultura, el grabado y la cerámica. El proyecto de la Academia (García, 1992: 34), de manera incipiente se estableció un mecanismo para el ingreso y promoción de los estudiantes, el cual estaría en función de los conocimientos y aptitudes calificados técnicamente por el Director de la Academia. El Plan de estudios que se propuso se estructuró con los siguientes cursos:




En 1954 se aprueba como actividad de la Academia la de Escultura y Modelado a cargo del profesor empalmense José Balderrama Luque (1923-1992). Principia, entonces, la enseñanza formal de estos estudios, si bien ya desde fines de la década de los cuarenta el maestro Castillo Blanco había impartido las primeras enseñanzas de esta especialidad artística.
            En octubre de 1961, el profesor Héctor Martínez Arteche (1934-2011) asumió la dirección de la Academia; con él surge un nuevo proyecto para formalizar el estudio de las Artes Plásticas, en el que se reconoce que aún dista la profesionalización de las artes en la región, sin embargo, también se tiene conciencia de su importancia en el desarrollo cultural de Sonora. Con la creación de la Dirección de Bellas Artes, en 1962, también se reconoce la Academia de Artes Plásticas. Paulatinamente, a lo largo de dos décadas, se irá estructurando un currículo para los diversos talleres, brindando la oportunidad de cultivar una formación integral con duración de tres años en cada uno de ellos.
            Desde un principio el profesor Martínez Arteche se preocupó por la profesionalización de los estudios de la Academia. El profesor Luis Enrique García (1992: 39-40) nos recuerda que Martínez Arteche se preocupó por elaborar reglamentos y programas de estudio, definiendo como finalidades de la Academia:
a.  Prestar ayuda moral y material a los alumnos.
b. Gestionar becas a los que carezcan de recursos y que demuestren una capacidad sobresaliente.
c.  Contribuir a la orientación de las Artes Plásticas en el Estado, para el desarrollo y afirmación de la Escuela Plástica Nacional.
d. Preparar conferencias de tipo escolar y organizar cursos intensivos de especialización artística a cargo de distinguidos maestros huéspedes.
e. Presentar exposiciones periódicamente para estímulo de los estudiantes. Preparar el “Salón Anual de la Academia”:
f.  Gestionar la ejecución de decoraciones murales y escultóricas para encauzar una mejor preparación del alumno y el embellecimiento de la ciudad.
g. Crear un periódico mural, “Ilustración”, a cargo del Departamento de Grabado.

Durante la gestión del profesor Martínez Arteche se da un importante impulso a las exposiciones locales y foráneas. Se instituye como un evento fijo de fin de cursos El Salón de Pintura, Escultura, Grabado y Artesanías. De manera semestral, este evento se hará una tradición entre profesores y estudiantes; su convocatoria se hará con diversos nombres.
            Tras reiterados esfuerzos de los profesores Martínez Arteche y Balderrama Luque por aprobar oficialmente los planes de estudio de Pintura, Escultura, Dibujo, Grabado y Escenografía, en el periodo 1964-1965 se define la estructura organizativa de la Academia, la cual quedó constituida por:
§  El director de la Academia, con funciones de docente y como responsable del Salón de Exposiciones
§  Un maestro de escultura y modelado
§  Un maestro de dibujo constructivo
§  Un maestro de técnica escenográfica
§  Un auxiliar de la Academia, con funciones secretariales
§  Un ayudante del Salón de Exposiciones
§  Un modelo para dibujo de figura humana (García, 1992: 43-44)

El año 1962 resulta significativo para la vida institucional de las Academias de Artes, pues se crea la Dirección de Bellas Artes y se reconoce la labor docente de las Academias. Se desligan de la Dirección de Extensión Universitaria, sin embargo, poco es el avance en la profesionalización de los estudios en este ámbito.
            En ese tiempo Mario Moreno Zazueta, auxiliar del Taller de Dibujo y en la Sala de Exposiciones obtuvo una beca para realizar estudios en el Colegio de San Mateo, California, lugar donde conoce al destacado artista plástico Vincent P. Rascón (1923-2012), quien en lo sucesivo mantendrá una estrecha relación con las Academias de la Universidad, contribuyendo en calidad de docente en las áreas de grabado y cerámica, y mediante donaciones de material y equipo para los talleres. Posteriormente, una vez oficializada la Licenciatura en Artes, el profesor Rascón continuó su relación con los profesores y estudiantes universitarios hasta su deceso en 2012.
            El profesor Enrique Rodríguez Zazueta, originario de Empalme, será quien cubra la vacante dejada por el profesor Mario Moreno. El profesor Rodríguez asumirá labores docentes como de encargado del Salón de Exposiciones. En mayo de 1969 se suma a la planta docente el profesor Manuel Romo Rodríguez (1920-1992), el cual se hará cargo de los cursos de dibujo, grabado y paisaje. En diciembre de ese mismo año, se incorpora el profesor Ciro Sotelo Cruz (1936-2003), quien se hará cargo de los cursos de Escultura, Historia del Arte de la Arquitectura y la Escultura. Simultáneamente, el profesor Rodríguez se dedicará de manera exclusiva a labores docentes.
            Para 1970, apunta Luis Enrique García (1992: 46), el programa académico de la Academia quedará integrado por la siguiente planta docentes:



Sin contar con su formalización como instancia académica de la Universidad, pero con el interés de responder a las disposiciones universitarias, el Consejo Técnico de la Academia de Artes Plásticas propone un nuevo plan de estudios (Cuadro 3), el cual encontró inspiración en el Plan de Estudios de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
            Estos estudios se consideraron de nivel medio, pudiendo los estudiantes inscritos aspirar a una constancia como Pintor, Escultor o Grabador a quien cubriera satisfactoriamente seis semestres de estos estudios. Por otro lado, se estableció que se consideraría Fotograbador, Ceramista, Burilista, Diseñador, Cantero o Fundidor a quien cubriera los cursos de estas especialidades en cuatro semestres.
            En este mismo tiempo se ajustó el Reglamento del Salón de Exposiciones de la Academia de Artes Plásticas, estableciendo como permanentes las exposiciones de: «…el Salón de la Academia de Artes Plásticas, el Salón de Primavera, el Salón Anual de Fotografía y el Salón de Octubre.» (García, 1992: 51)

Durante el periodo de 1974-1978, se hace cargo de la dirección de la Academia el pintor Francisco Romero Meneses, quien continuó la labor de divulgación de la producción artística de los talleres, sumando esfuerzos y gestiones ante las instancias administrativas de la Universidad para mejorar las condiciones laborales del cuerpo docente.
            A partir de enero de 1979 asume la dirección de la Academia el profesor Manuel Romo Rodríguez. Durante su gestión, y ante el repunte de la inscripción en los diferentes talleres, se logró la aprobación presupuestal para incrementar horas frente a grupo y contratar nuevos profesores. En octubre de ese año se incorporan Alfredo Velarde González como profesor del Taller de Escultura, Gustavo Ozuna González profesor del Taller de Pintura, Adán Romero Valencia y Jorge Luis Llánez como responsables de Taller de Grabado y Serigrafía, María Eugenia Soto Cota como Coordinadora del Salón de Exposiciones y Jorge Origel Sández como ayudante en esas labores.
            Al año siguiente, en octubre de 1980, el relevo en la dirección de la Academia lo asumirá el escultor y ceramista Ciro Sotelo Cruz. Caracterizada esta etapa por una dinámica vida académica, se crean el Taller de Fotografía a cargo del profesor Carlos González, el Taller de Plástica Infantil bajo la coordinación de las profesoras Rosa Angélica Santana Corrales y Ruth Mayela Real Martínez.
            En enero de 1981, el rector Alfonso Castellanos Idiáquez otorgó la distinción como Maestro Honorario de la Academia al profesor Vincent P. Rascón, reconociéndose su vinculación y compromiso con los talleres de Artes Plásticas desde inicios de los sesenta.
            La labor de divulgación será un rasgo peculiar de la gestión del profesor Sotelo Cruz, llevándose a cabo exposiciones colectivas como particulares de los talleres que componen la Academia, así como exposiciones individuales de profesores, estudiantes y artistas invitados.
            La formación académica durante el periodo 1980-1983 se llevará a cabo siguiendo el Plan de estudios elaborado por los profesores de la Academia. Su oficialización tampoco se concreta en este tiempo, pero será la base para la formulación de un programa de estudios que se presentará ante las autoridades universitarias en abril de 1984.
            Cierto es que de las funciones universitarias en la Academia sólo se atienden la docencia y la difusión, pero de manera incipiente los profesores hacían esfuerzos por inducir a sus alumnos en la experimentación y el registro de los procesos de su práctica y los hallazgos de sus búsquedas. A manera de ejemplos se tienen los estudios escultóricos basados en formas cóncavas y convexas realizados por el profesor Enrique Rodríguez, o bien la interdisciplinariedad fomentada por el profesor Ciro Sotelo para incorporar temáticas de otras disciplinas en la creación de obras cerámicas.

 
Con entusiasmo y expectativa de que los estudios en Artes Plásticas puedan tener el reconocimiento oficial de la institución, en 1984 se hacen gestiones para formalizar el Plan de estudios de esta especialidad. El estudio incorporaba el análisis de la planta docente y la infraestructura necesarias para llevar a cabo la profesionalización del programa; se argumentó en el sentido de contar con un consolidado cuerpo de profesores en las diversas áreas de las artes plásticas, y que, con las adecuaciones necesarias, se podrían utilizar los espacios de los talleres de la Academia como sede de los cursos de las nuevas carreras.
            El proyecto incluía la formación de tres carreras de nivel de educación media superior: Maestro de Artes Plásticas, Maestro de Historia del Arte y Maestro de Plástica Infantil. Se buscaba con ello incidir en el desarrollo cultural y artístico de la entidad y el país, aportando en la formación de personal sólidamente preparado para asumir labores de docencia en las áreas de especialidad propuestas.
            La propuesta incluye una visión integral de la formación académica en asuntos de orden teórico como prácticos y buscando desarrollar con creatividad y visión crítica capacidades para la docencia, la investigación y la divulgación del conocimiento y el arte.



En 1986 abre sus puertas la Galería de Ciencias y Artes a cargo de la Secretaría General de la Universidad. El Salón de Exposiciones de la Academia cerró durante el periodo de 1984 a 1988, como resultado de un conflicto con la Coordinadora del Salón. El inmueble reabrirá en junio de 1988 con la autorización del rector Manuel Balcázar Meza. Con el impulso de profesores y estudiantes, recuperará su vitalidad a pesar de las deterioradas condiciones con las que se recibió después del receso.

Fauno. Terracota. Escultura de Arturo Ordaz Alvarez.

Referencias bibliográficas:

Acha, Juan (2004). Educación artística: escolar y profesional. Reimp. México: Editorial Trillas.
Acha, Juan (2011). Introducción a la creatividad artística. Reimp. México: Editorial Trillas.
Bozal, Valeriano (ed.) (1999). Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas. Volumen II. La balsa de la Medusa, 81. Madrid: Visor Dis., S. A.
Briones, Guillermo (1998). Métodos y Técnicas de Investigación para las Ciencias Sociales. México: Editorial Trillas.  
Bunge, Mario (1969). La investigación científica. Su estrategia y su filosofía. Colección Convivium. Barcelona: Editorial Ariel.
Castoriadis, Cornelius (2006). Figuras de lo pensable. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Eisner, Elliot W (2004). El arte y la creación de la mente: el papel de las artes visuales en la transformación de la conciencia. Barcelona; México: Editorial Paidós.
García, Luis Enrique (1992). Siete Notas para Bellas Artes. Hermosillo: Talleres Gráficos de la Universidad de Sonora.
Moncada Ochoa, Carlos (2005). Historia General de la Universidad de Sonora, I. El principio del principio 1938-1953. Hermosillo: Talleres Gráficos de la Universidad de Sonora.

Documentos oficiales:
Ley Número 4 Orgánica de la Universidad de Sonora. 26 de noviembre de 1991.
Nuevo Modelo Educativo de la Universidad de Sonora 2002.
Plan de Estudios de la Licenciatura en Artes Plásticas 2008.
Comité Interinstitucional para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES). Informe de Evaluación Diagnóstica. Licenciatura en Artes Plásticas. Universidad de Sonora. 2015.