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viernes, 8 de mayo de 2026

Natalicio de Hidalgo: 8 de mayo de 1753




Hermosillo, Sonora a 08 de mayo de 2026.  

Miguel Hidalgo y Costilla nació en la hacienda de Corralejo, en Pénjamo Guanajuato, el 8 de mayo de 1753.

Se formó en el Colegio de San Nicolás, en la entonces Valladolid, hoy Morelia, donde estudió filosofía y teología, institución de la que llegó a ser rector. Fue ordenado sacerdote y destacó por su pensamiento ilustrado y su interés en mejorar las condiciones sociales del pueblo. 

Hidalgo encabezó el inicio de la Independencia con el Grito de Dolores el 16 de septiembre de 1810, incitando a la rebelión contra el dominio español. Su liderazgo movilizó a amplios sectores populares.

Mientras intentaba reorganizar el movimiento insurgente en el norte de México, Hidalgo fue capturado el 21 de marzo de 1811 en Acatita de Baján, Coahuila, tras ser traicionado por Ignacio Elizondo.  Posteriormente fue trasladado a la ciudad de Chihuahua, donde se le siguió un proceso judicial tanto militar como eclesiástico. La sentencia de muerte fue dictada el 26 de julio de 1811, y el 29 de julio, fue degradado de su condición sacerdotal para poder ejecutar legalmente la pena. 

Hidalgo fue fusilado el 30 de julio de 1811 en el patio del antiguo Colegio de los Jesuitas, hoy Palacio de Gobierno de Chihuahua.

En 1870 fue publicado en México El libro rojo, 1520‑1867 por los escritores liberales Vicente Riva Palacio y Manuel Payno, con la colaboración de Juan A. Mateos y Rafael Martínez de la Torre. Su primera edición apareció bajo el sello de Díaz de León y White, en el contexto posterior a la Restauración de la República. La obra reúne relatos históricos sobre episodios violentos desde la Conquista hasta el fusilamiento de Maximiliano.

A continuación, se presenta el capítulo Hidalgo de la autoría de Vicente Riva Palacio. Este documento se retomó del tomo II de la edición de 1905 a cargo de Ángel Pola. Se han respetado la redacción de dicha edición, al igual que su ortografía.

 

HIDALGO


¿Quién era Hidalgo? ¿de dónde venía? ¿en dónde había nacido? ¿qué hizo hasta el año de 1810?

¿Qué nos importa? Quédese el’ estéril trabajo de averiguar todos esos pormenores al historiador ó al biógrafo que pretendan enlazar la vida de un heroe con ese vulgar tejido de las cosas comunes.

Hidalgo es una ráfaga de luz en nuestra historia, y la luz no tiene más origen que Dios.

El rayo, antes de estallar, es nada; pero de esa nada brotó también el mundo.

Hidalgo no tiene más que esta descripción: Hidalgo era Hidalgo.

Nació para el mundo y para la historia la noche del 15 de Septiembre de 1810.

Pero en esa noche nació también un pueblo.

El hombre y el pueblo fueron gemelos: no más que el hombre debía dar su sangre para conservar la vida del pueblo.

Y entonces el pueblo no preguntó ni anciano sacerdote: ¿Quién eres? ¿de dónde vienes? ¿cuál es tu raza?

—«Sígueme»—gritó Hidalgo.

—«Guía»—contestó el pueblo.

El porvenir era negro como las sombras de la noche en un abismo.

Encendióse la antorcha, y su rojiza luz reflejó sobre un mar de bayonetas, y sobre ese mar de bayonetas dotaban el pendón de España y el estandarte del Santo Oficio.

Del otro lado estaba la libertad.

El hombre anciano y el pueblo niño no vacilaron.

Para atravesar aquel océano de peligros, al pueblo le bastaba tener fe y constancia; tarde ó temprano su triunfo era seguro.

El hombre necesitaba ser un héroe, casi un dios, su sacrificio era inevitable.

Sólo podía iniciar el pensamiento. En aquella empresa, la esperanza sólo era una temeridad.

Acometerla era el sublime suicidio del patriota.

El hombre que tal hizo merece tener altares—los griegos le hubieran colocado entre las constelaciones.

Por eso entre nosotros Hidalgo simboliza la gloria y la virtud.

La virtud ciñó su frente con la corona de plata de la vejez.

La gloria le rodeó con su aureola de oro.

Entonces la eternidad le recibió en sus brazos. 

-- o --

Hay proyectos inmensos, que por más que el hombre los madure al fuego de la meditación, siempre brotan informes.

Porque una inteligencia, una voluntad, un sólo corazón, no pueden desarrollar ese pensamiento.

Porque el iniciador arroja nada más el germen que debe fecundarse y brotar y florecer en el cerebro y en el corazón de un pueblo entero.

Porque aquel germen debe convertirse en un árbol gigantesco que necesita para vivir de la savia que sólo una nación entera puede darle.

Estas son las revoluciones.

Germen que se desprende, con la palabra, de la inteligencia del escogido.

Arbol que cubre con sus ramas á cien generaciones, cuyas raíces están en el pasado, cuya fronda crece siempre con el porvenir.

-- o --

México había olvidado ya, que en un tiempo había sido nación independiente; los hijos oían á sus padres hablar del rey de España, como rey de los padres de sus padres.

El hábito de la obediencia era perfecto.

Dios había ungido ú los reyes; ellos representaban al Altísimo sobre la tierra; el derecho divino era la liase de diamante del trono; para llegar á las puertas del cielo era preciso llevar el título de lealtad en el vasallaje; los reyes no eran hombres, eran el eslabón entre Dios y los pueblos; atentar contra los reyes, era atentar contra Dios, por eso la majestad era sagrada.

La obediencia era, pues, una parte de la religión.

Pero la religión no se circunscribía entonces al consejo y á la amenaza; no eran las penas de la vida futura ni los goces del cielo el premio ó el castigo del pecador, no; entonces la Iglesia dejaba que Dios juzgase y castigase más allá de la tumba, pero ella tenía sobre la tierra sus tribunales.

El Santo Oficio velaba por la religión, y la obediencia al rey era parte de la religión.

Leyes, costumbres, religión, todo estaba en favor de los reyes.

¿Cómo romper de un sólo golpe aquella muralla de acero?

-- o --

La historia de la Independencia de México puede representarse con tres grandes figuras.

Hidalgo, el héroe del arrojo y del valor.

Morelos, el genio militar y político.

Guerrero, el modelo de la constancia y la abnegación.

Quizá ningún hombre haya acometido una empresa más grande con menos elementos que Hidalgo.

¡Ser el primero! ¡ser el primero y en una empresa de tanta magnitud y de tanto peligro!

Cuando un hombre se reconcentra en sí mismo, y cuando medita en todo lo que quiere decir «ser el primero,» entonces es cuando comprende la suma de valor y de abnegación que han necesitado poseer los grandes «iniciadores» de las grandes ideas.

Entonces, al sentir ese desconsolante calosfrío del pavor, que nace, no más, ante la idea del peligro, entonces puede calcularse cuál sería este peligro, entonces se mide la grandeza del espíritu de los héroes.

Colón al pretender la unión de un nuevo mundo á la corona de España, tenía la fe de la ciencia y el apoyo de dos monarcas. —Hidalgo al querer la libertad de México, no contaba más que con la fe del patriotismo.

Colón buscó la gloria, Hidalgo el patíbulo; el uno fió su ventura á las encrespadas ondas de un mar desconocido; el otro se entregó á merced del proceloso mar, de un pueblo para él también desconocido.

Hidalgo comprendió que la religión fulminaría los rayos del anatema contra su empresa; que el rey lanzaría sobre él sus batallones; que los ricos y los nobles se unirían en su contra; que los plebeyos, espantados, escandalizados, ignorantes, huirían de él; que el confesonario se tornaría en oficina de policía; que el clero y la inquisición no dormirían un solo instante; que la calumnia tronaría contra él en las tribunas, en los púlpitos y en las cátedras; todo lo comprendió, y sin embargo, en un rincón de Guanajuato, en el Pueblo de Dolores proclamó la independencia.

-- o --

Dolores es, en la geografía, una pequeña ciudad del Estado de Guanajuato.

Dolores, en la historia, es la cuna de un Pueblo.

El pedernal de donde brotó la chispa que debía encender la hoguera.

La roca herida por la vara del justo, de donde nació el torrente que ahogó á la tiranía.

Al pisar por la primera vez un mexicano aquella tierra de santos recuerdos para la patria, siente latir con más violencia su corazón.

Al llegar frente á la modesta casa que ocupaba el patriarca de la independencia; al penetrar en aquellas habitaciones; al encontrarse en la estancia, que en solitarios paseos midió tantas veces el respetable anciano, se siente casi la necesidad de arrodillarse.

Instintivamente los hombres se descubren allí con veneración, y alzan el rostro como buscando el cielo, y las miradas se fijan en aquel techo, en cuyas humildes vigas tuvo mil veces clavados sus ojos el virtuoso sacerdote, mientras la idea de la esclavitud de su patria calcinaba su cerebro.

¡Cuántos días de congoja, ¡cuántas noches de insomnio! ¡cuántas horas de tribulación!

Aquellos muros guardaron el secreto del héroe, ahogaron los suspiros del hombre, se estremecieron con el grito del caudillo.

Aquella pobre casa, tan pequeña, podía contener en su recinto todo el ejército de Hidalgo en la noche del 15 de Septiembre de 1810.

Y sin embargo, con sólo eso se iba á derribar un trono, á libertar un pueblo, á fundar una nación.

Hernán Cortés fué un gran capitán, porque con un puñado de valientes conquistó el imperio de Moctezuma.

Hidalgo, con un puñado también de valientes, proclamó la libertad de ese mismo imperio, por eso fué un héroe.

La superstición y la superioridad de las armas aseguraron el triunfo de Cortés.

El fanatismo y la superioridad de las armas anunciaron la derrota de Hidalgo.

Pero uno y otro triunfaron; Cortés plantó el pendón de Carlos V en el palacio de Moctezuma.

Hidalgo murió en la lucha, pero sus soldados arrancaron ese pendón, y México fue libre.

-- o --

Hidalgo pasó como un meteoro, y se hundió en la tumba, pero el fulgor que esparció en su rápida carrera, no se extinguió. —Unas cuantas fechas bastan para recordar esa historia cuyos pormenores viven en la memoria de todos.

Hidalgo proclamó la independencia el 15 de Septiembre, el 28 del mismo mes entró vencedor en Guanajuato. Triunfó en las Cruces el 29 de Octubre, y en Aculco el 7 de Noviembre.

El 30 de Julio de 1811 moría en Chihuahua en un patíbulo.

Para hablar de Hidalgo, para escribir su biografía, sería preciso escribir la historia de la independencia.

Débiles para tamaña carga, apenas podemos dedicarle un pequeño homenaje de admiración y gratitud, y creeríamos ofender su memoria, si para honrarle quisiéramos recordar, si fué buen rector de un colegio ó si introdujo el cultivo de la morera.

-- o --

Hidalgo es grande porque concibió un gran proyecto, porque acometió una empresa gigantesca, porque luchó contra el fanatismo religioso que apoyaba el supuesto derecho del rey de España, contra los hábitos coloniales arraigados con el transcurso de tres siglos, contra el poder de la metrópoli que podía poner millares de hombres sobre las armas.

Hidalgo es héroe porque comprendió que su empresa se realizaría, pero que él no vería nunca la tierra de promisión.

Hidalgo será siempre en nuestra historia una de las más hermosas figuras, y á medida que el tiempo nos vaya separando más y más de él, se irá destacando más luminosa sobre el cielo de nuestra patria, y para nosotros llegará un día en que su nombre sea una religión.

Vicente Riva Palacio. 

 








sábado, 14 de febrero de 2026

Vicente Guerrero, símbolo de resistencia y justicia social


Hermosillo, Sonora a 14 de febrero de 2026. 
 

Vicente Ramón Guerrero Saldaña, nació el 10 de agosto de 1782 en Tixtla, en la entonces Intendencia de México, es una de las figuras más emblemáticas de la historia nacional. De origen indígena nahua y afrodescendiente, su vida representa la lucha por la libertad, la justicia y la igualdad en un país marcado por profundas desigualdades sociales desde la época colonial.

Guerrero se destacó como uno de los principales líderes insurgentes durante la Guerra de Independencia de México, especialmente en la etapa de resistencia entre 1816 y 1821. En un momento en que el movimiento parecía debilitado, su persistencia mantuvo viva la causa independentista en el sur del país. Su liderazgo y convicción resultaron fundamentales para el desenlace del conflicto. Un momento clave de su trayectoria fue el histórico Abrazo de Acatempan en 1821, mediante el cual pactó con Agustín de Iturbide la unión de fuerzas insurgentes y realistas, dando origen al Ejército Trigarante y culminando con la consumación de la Independencia el 27 de septiembre de ese mismo año.

Tras la independencia, Guerrero continuó formando parte activa de la vida política de la nueva nación. Participó en el gobierno provisional y ocupó el cargo de ministro de Guerra y Marina. En 1829 asumió la presidencia de México en un contexto político complejo, aunque su mandato fue breve. Durante ese periodo destacó por su firme compromiso con la justicia social, evidenciado en la abolición definitiva de la esclavitud, una de sus acciones más trascendentes y progresistas.

Su gobierno enfrentó fuertes oposiciones que culminaron en un golpe de Estado encabezado por el entonces vicepresidente Anastasio Bustamante. Guerrero regresó a la lucha armada, manteniéndose en resistencia hasta su captura en 1831. Fue juzgado por una corte marcial y fusilado el 14 de febrero de ese año, en un proceso que posteriormente sería declarado inconstitucional.

A pesar de su trágico final, Vicente Guerrero permanece como un símbolo de lucha, dignidad y compromiso con los sectores más desfavorecidos. En reconocimiento a su legado, fue declarado Benemérito de la Patria en 1833 y el estado de Guerrero lleva su nombre. Su vida sigue siendo referente de resistencia y de la búsqueda de un México más justo e igualitario.

Para recordar al prócer independentista en el aniversario de su fallecimiento, se ha recuperado el capítulo titulado Guerrero escrito por Manuel Payno, escritor y político liberal, quien ocupó cargos como Ministro de Hacienda y diputado federal. El fragmento que aquí se presenta procede del tomo II de la edición de 1905, preparada por Ángel Pola. Se ha decidido conservar tanto la redacción original como la ortografía propias de dicha edición.

Es importante mencionar que en el año de 1870 se dio a conocer en México la obra El libro rojo, 1520‑1867, elaborada por los escritores liberales Vicente Riva Palacio y Manuel Payno, con la participación de Juan A. Mateos y Rafael Martínez de la Torre. Esta publicación tuvo su primera edición bajo la casa editorial Díaz de León y White, en un periodo que siguió a la Restauración de la República. El libro compila una serie de narraciones históricas centradas en hechos violentos ocurridos desde la época de la Conquista hasta la ejecución de Maximiliano.

 

GUERRERO

I

Si Mina fué la tempestad y el rayo que hizo temblar al virrey en la silla dorada, Guerrero fué la luz de la independencia. Encendida siempre en las ásperas y ricas montabas del Sur, los mexicanos siempre tuvieron un punto adonde dirigirse, una esperanza que invocar y un representante que abogase siempre por la causa justa, pero al parecer perdida, por las victorias de las armas españolas. Si Guerrero hubiese sido uno de esos romanos que desde la obscuridad del campo se solían elevar hasta la gloria de la República, tácito le habría consagrado un envidiable escrito como el que le dedicó á Julio Agrícola.

II

No vamos á escribir la biografía de Guerrero. Su vida fué un tejido de aventuras y una serie de rasgos heroicos, que están íntimamente unidos con nuestra guerra de once años. Sería necesario escribir la historia entera, pues Guerrero tuvo la fortuna de sobrevivir á su obra, y la desgracia de ser jefe de la República y de morir á manos de sus mismos compatriotas.

Nació Guerrero por los años 1783, en Tixtla. Su familia era de pobres labradores, restos escapados de la conquista, y que desde esos tiempos quizá buscaron una poca de libertad en las montañas del Sur. Los años primeros de Guerrero se pasaron en la fatiga y en el trabajo. ¿Qué educación, qué literatura, qué ciencias podían penetrar en esas apartadas montañas y en la casa rústica del campesino? El hombre era natural, el árbol con la corteza, la flor con todo y las espinas, el oro con el cuarzo. Pero la alma era en efecto de oro, y la aptitud moral, la inspiración de lo bueno, bastó para conducirle por el camino de la gloria y de la honra hasta los grados superiores de la milicia y hasta el primer puesto de la República.

III

En 1810, como todo el mundo sabe, Hidalgo proclamó la Independencia en Dolores. En 1811 ya encontramos que Guerrero había seguido la inspiración patriótica, figuraba como capitán, y servía á las órdenes inmediatas de D. Hermenegildo Galeana.

El hombre caminaba por una senda derecha, y con rapidez. En Febrero de 1812, Guerrero ya mandaba fuerzas no despreciables, ya se ponía frente á frente con los jefes españoles, ya alcanzaba en Izúcar una victoria sobre las tropas regulares que mandaba el brigadier Llano; ya, en fin, sin saber quizá entonces ni escribir en el papel, había, sin embargo, escrito su nombre en el libro misterioso de la posteridad. Esto es lo que se llama genio. Mientras menos son los elementos primitivos, mientras más inculta es la educación, mientras más obscura es la personalidad, más mérito y más gloria refleja en el que abre las puertas de la sociedad, y grita á los tiranos con la justicia en el corazón y con la espada en la mano: Aquí estoy.

En 1814, Guerrero había hecho una laboriosa campaña en el Sur de Puebla, había militado á las órdenes del gran Morelos, había pasado muchas aventuras y peligros, y era ya por fin uno de los jefes de la Independencia; pero se hallaba en una singular situación. —Los azares de la guerra y la envidia de sus enemigos, le habían dejado reducido á un soldado asistente, á un fusil sin llave y á dos escopetas. Con estas terribles fuerzas emprendió una tercera campaña. ¡Es singular! Todos esos hombres, es fuerza que tengan algo del Hidalgo de la Mancha en el cerebro. Un sabio, en vez de lo que hizo Guerrero, entierra las escopetas, despide al soldado y se encierra en su casa.

Sin embargo, salió á los pocos días de su situación, de una manera inesperada.

Se presentó por el rumbo una fuerza española al mando de Don José de la Peña, de cosa de 700 á 800 hombres. En cuanto lo supo, imaginó que la Providencia le deparaba un armamento y un material de guerra, tal cual se lo había figurado.

En lo más silencioso y negro de la noche, recorrió el pueblo de Papalotla, despertó á los indígenas, los armó con palos; esas armas son fáciles de encontrar; y un puñado de hombres medio desnudos atravesó en silencio las humildes chozas del pueblecillo hasta la orilla del río. Allí, Guerrero dió el ejemplo, y todos se arrojaron al agua, y aquel cardumen de extraños peces dió en la orilla opuesta sin haber hecho el menor ruido. El campamento del enemigo estaba á poca distancia. Guerrero cae sobre él, y los soldados de España son despertados á garrotazos, quedando algunos muertos, otros atarantados, y los más, presas del pánico, pues no acertaban ni á concebir, como tan de repente tenían á los enemigos encima. Cuando amaneció el día, Guerrero, como lo había pensado, era dueño de 400 fusiles y de un abundante material de guerra.

IV

En la larga campaña que hizo Guerrero en el Sur, habría necesidad de llenar un volumen si nos pusiéramos á referir todos los rasgos de su valor personal. Citaremos, sin embargo, otro, quizá más notable que el anterior.

Un día llegó con una corta fuerza al pueblo de Jacomatlán, y observando que un alto cerro dominaba la población, prefirió ocupar esa posición militar, como lo hizo en efecto, estableciendo su campamento. La tropa estaba cansada; en su larga marcha por las asperezas, se había mantenido con raíces y frutas silvestres, y además, tenían necesidad de bañarse, pues las enfermedades comenzaban á desarrollarse entre aquel puñado de valientes.

Guerrero no pudo desentenderse de estas necesidades, y así, accedió á las súplicas de la tropa, y les permitió que pasasen al pueblo á proveerse de algunos víveres para surtir el campamento, donde pensaba permanecer una ó dos semanas, y los que se hallaban enfermos, se bañasen en un arroyo que a la sazón tenía una hermosa corriente de agua. La tropa, pues, descendió del cerro, se diseminó entre las casas del pueblo, y otra parte de ella se dirigió al arroyuelo. Guerrero quedó solo con el tambor de órdenes y el centinela que cuidaba el armamento.

Así, á las seis de la tarde y cuando Guerrero dormitaba en el recodo de una peña que le había proporcionado alguna sombra, un muchachuelo llegó casi sin aliento.

—Señor, el enemigo ha entrado al pueblo y está matando y haciendo prisioneros á los soldados y á todas las gentes.

Guerrero da un salto, monta en su caballo que tenía ensillado, deja al centinela con orden de dejarse matar antes de entregar las armas, monta á la grupa al tambor, armado de un fusil, y se lanza á todo escape por aquellos breñales.

Pero en vez de huir, como el tambor lo había pensado, Guerrero entra á las calles del pueblo. El tambor se apea y comienza á tirar de balazos sobre los enemigos. Guerrero, con espada en mano, se lanza sobre ellos, y asustados de la intrepidez de un hombre que se atreve solo y tan denodadamente á pelear, dejan el botín que estaban recogiendo, sueltan á los prisioneros y huyen. Guerrero reúne entonces á los soldados, y con algunas armas que los españoles habían dejado tiradas, los persigue y los derrota completamente.

Guerrero había peleado contra 400 hombres mandados por un jefe valiente que se llamaba D. Félix Lamadrid.

En pocos días se encontraron dos veces Guerrero y Lamadrid en el campo de batalla, y en Xonacatlán la lucha fué á la bayoneta y cuerpo á cuerpo, como en las guerras de la antigüedad. Guerrero, aunque con fuerzas inferiores, salió siempre vencedor.

Después de estas campañas, Guerrero había aumentado mucho sus tropas, porque su nombre, su fortuna y su trato amable le granjeaban amigos por todas partes. Tenía, pues, necesidad de vestuario, de municiones, de armamento y de multitud de otras cosas necesarias para tener en orden y en servicio á su gente. No tenía más arbitrio sino proveerse a costa de sus enemigos.

Sin dar cuenta á nadie de su designio, se dirigió con mucho sigilo al cerro del Alumbre, y allí, al parecer, permaneció ocioso y sin objeto durante muchos días. Una noche puso en movimiento su tropa y la situó convenientemente en la cañada del Naranjo. Una madrugada salió personalmente de Acatlán, á la cabeza de una fuerza, toda decidida y valiente, y antes de que amaneciera el día sorprendió un rico convoy que Don Saturnino Samaniego conducía de Oaxaca para lzúcar, haciendo huir al jefe y á los soldados, que escaparon.

Samaniego se reunió en lzúcar con Lamadrid, el eterno antagonista de Guerrero, y volvieron juntos á la carga, atacándole furiosamente en Chinantla. La acción duró desde que rompió el día hasta muy entrada la noche; pero Guerrero quedó vencedor, y Lamadrid y Samaniego, llenos de rabia, huyeron, dejando en el campo cuantos pertrechos y equipajes tenían.

Guerrero, que al día siguiente examinó todo el botín, volviéndose á sus soldados, les dijo: “nuestros almacenes están ya bien provistos, y nuestros enemigos nos traen los efectos hasta la puerta de nuestra casa, y ni aun el flete tenemos que pagar.’’

V

El amor propio de Lamadrid se hallaba excitado al más alto punto; así que buscó nuevos encuentros con Guerrero; pero en todas ocasiones salió derrotado, teniendo á veces que huir, á uña de caballo, como suele decirse.

Los últimos sucesos de esta especie de desafío á muerte entre el jefe español y el caudillo insurgente, fueron en los años de 1815 y 1816. Lamadrid estaba en la orilla izquierda del río Xiputla, y Guerrero llegó y ocupó la derecha. Desde las dos orillas, las tropas se estuvieron tiroteando y prodigando durante dos días toda clase de improperios. Guerrero, en una noche obscura pasó el río, dió furiosamente sobre el campo enemigo y destrozó á su rival. En Piaxtla y Huamuxtitlán, corrió una suerte igualmente adversa Lamadrid, á mediados de 1816.

La prisión y muerte de Morelos, y el indulto á que se acogieron algunos jefes notables, arruinó por ese tiempo la causa de la Independencia. Guerrero era ya un hombre forjado en la guerra y en las fatigas, atrevido para las sorpresas é impetuoso para el ataque. El gobierno español conoció su importancia, y llamó al padre de nuestro héroe, le puso un indulto amplio y completo en la mano, facultándole para que hiciese á su hijo todo género de promesas, ya de empleos, ya de dinero.

El anciano se encaminó hacia el rumbo donde creía encontrar á su belicoso hijo, hasta que al fin dió con él.

Abrazó Guerrero con efusión al autor de sus días; pero así que se enteró de su misión, tomó la mano del anciano, la besó respetuosamente, y acaso la humedeció con una lágrima; recibió el papel en que estaba escrito su perdón, quedó un rato pensativo, y después le dobló y le entregó tristemente á su padre.

—He jurado que mi vida sería de mi patria; y no sería el digno hijo de un hombre honrado, si no cumpliera mi palabra.

El viejo abrazó á su hijo, le bendijo y se retiró silencioso, tomando de nuevo el camino, para poner en conocimiento del virrey el mal éxito de su comisión.

En el año de 1817 Mina desembarcó en Soto la Marina, y en pocos días hizo la brillante campaña de que hemos dado idea en nuestro anterior artículo; pero una vez fusilado este caudillo, el desaliento más completo se apoderó del ánimo de los mexicanos.

Un párrafo de la biografía del general Guerrero, que escribió el Sr. Lafragua, pinta perfectamente este período, y da una idea de cuánta era la energía moral del caudillo del Sur.

«La muerte de Morelos, Matamoros y Mina; la prisión de Bravo y Rayón, y el indulto de Terán y otros jefes, habían derramado el desaliento y el pavor en toda la Nueva España, que aunque más cercana que nunca a la libertad, gemía más que nunca atada á la metrópoli.

«Un hombre solo quedó en pie, en medio de tantas ruinas: una voz sola se oyó en medio de aquel silencio. Don Vicente Guerrero, abandonado de la fortuna muchas veces, traicionado por algunos de los suyos, sin dinero, sin armas, sin elementos de ninguna especie, se presenta en ese período de disolución, como el único mantenedor de la santa causa de la Independencia.

«Solo, sin rival en esa época de luto, Guerrero, manteniendo entre las montañas aquella chispa del casi apagado incendio de Dolores, trabajaba sin tregua al poder colonial, cuyos 8angrientos himnos de victoria eran frecuentemente interrumpidos por el eco amenazador de los cañones del Sur.

«Lindero de dos edades, Guerrero era el recuerdo de la generación que acababa, y la esperanza de la que iba á nacer.»


VI

En el año de 1820, Guerrero era ya un general habituado á la metralla, familiarizado con Ja sangre de las batallas, heredero legítimo del valor, de la constancia y del genio militar del gran Morelos. Triunfante, al fin, aunque lleno de cicatrices, levantaba la cabeza como los colosos de los Andes, para anunciar á las Américas la buena nueva de la Independencia.

Fué en ese año cuando pudo conocerse la grandeza de su alma y la elevación del carácter del hombre oscuro que vió la luz en un pobre pueblecillo de las montañas.

Nombrado D. Agustín Iturbide comandante del Sur, salió de México el 16 de Noviembre de 1820, resuelto á proclamar la Independencia. El general español Armijo atacaba Guerrero; y éste, recobrando su buena estrella, salía siempre triunfante como años antes del desgraciado Lamadrid.

Iturbide creyó que era necesario contar de todas maneras con un hombre de tanta importancia, y le dirigió una carta realmente diplomática. Guerrero le escribió otra llena de franqueza, que se resumía en estas palabras: «Libertad, Independencia ó Muerte.»

Esta correspondencia dió por resultado una entrevista de los dos caudillos en el pueblo de «Acatempan.» Se hablaron, se explicaron, se dieron un sincero y estrecho abrazo. A pocos meses la sangrienta lucha había cesado, la Independencia estaba consumada, México tenía un Gobierno Nacional.

Guerrero en la campaña había sido valiente. En Acatempan fué grande; se inscribió, por la generosa inspiración de su alma, en catálogo de los hombres ilustres de Plutarco. Entregó el mando de las fuerzas á Iturbide, y puso el sello con este acto raro de confianza, de modestia y de abnegación, á la Independencia de su patria.

VII

El destino de algunos hombres ilustres, es como el de ciertos astros brillantes que recorren la bóveda del cielo, y parece que al amanecer el día se hunden y mueren en un horizonte sangriento.

Hemos sólo, á grandes rasgos, apuntado las cualidades militares de Guerrero. Los partidos trataron de manchar con mil calumnias y cuentos malévolos este gran carácter que en lo familiar era sencillo como un niño, consecuente con sus amigos, humilde en la prosperidad, generoso con los enemigos, grande y noble con la patria. Llegó feliz á los linderos de la independencia, y tuvo la fortuna de ver á la patria libre, pero no dichosa. Apenas terminó la lucha de independencia, cuando comenzó la guerra civil que todavía no cesa. Guerrero fue arrastrado en sus muchas y tenebrosas combinaciones. Herido y abandonado en una barranca, en Enero de 1823, por defender el principio republicano, vuelve á aparecer en la escena en 1828. La elección presidencial fue uno de los acontecimientos más notables de esa época, y en la cual los partidos trabajaron y combatieron terriblemente, divididos y perfectamente marcados por los ritos masónicos escoceses y yorkino.

Don Manuel Gómez Pedraza, que era el caudillo de los escoceses, salió electo legalmente presidente de la joven y turbulenta República. El partido yorkino no se dió por vencido ni por derrotado, apeló á las armas y colocó en la presidencia á su jefe, que era el general Guerrero, el cual entró á funcionar con este alto carácter en Abril de 1829.

En esa época los españoles invadieron á Tampico. Santa-Anna y Terán triunfaron, y la Independencia se consolidó; pero la segundad del país exigía un ejército cerca de la costa, y se estableció un cantón en Jalapa, á las órdenes del general D. Anastasio Bustamante, que era vicepresidente.

Bustamante se pronunció contra Guerrero, con las tropas que mandaba. ¡Extrañas anomalías de la historia, y funestas inconsecuencias de las Repúblicas! Guerrero, que había sido capaz de hacer la independencia, fué declarado incapaz por el congreso; Bustamante entró á gobernar, y el caudillo del Sur volvió desengañado, triste, enfermo de sus heridas, á sus montañas del Sur, donde tuvo que

tomar las armas para defenderse de la venganza y de la negra y ponzoñosa saña de sus enemigos.

VIII

Ninguna fuerza pudo vencer á Guerrero en las montañas, en tiempo de la colonia; ningunas fueron bastantes tampoco en tiempo de la República. Fué necesario apelar á la más negra y la más odiosa de las traiciones. «La historia de México tiene algunas páginas oscuras.» Esta es negra; y ni los años, ni el polvo del olvido, serán bastantes para borrarla.

A principios del año de 1831 se hallaba fondeado en la hermosa bahía de Acapulco el bergantín genovés «Colombo.» Era su capitán Francesco Picaluga, amigo íntimo de Guerrero y quizá de toda su confianza. Un día apareció un magnífico banquete preparado á bordo del bergantín. Guerrero fué convidado, y sin recelo ni sombra de desconfianza pasó a bordo. La comida fué alegre y espléndida; y concluida, los convidados salieron sobrecubierta á respirar las brisas de la magnífica bahía. Picaluga, con una sangre fría que honraría á Judas, declaró á su huésped que estaba preso, levó las anclas y se dió á la vela, dirigiéndose al puerto de Huatulco, donde entregó á Guerrero por sesenta mil pesos que le había dado el traidor y feroz ministro de la Guerra, D. José Antonio Facio. Guerrero fué conducido por el capitán D. Miguel González á Oaxaca, y juzgado en consejo de guerra ordinario.

El caudillo de la Independencia, el mantenedor del fuego sagrado de la libertad, el hombre que tenía destrozado su cuerpo por las balas y las lanzas españolas, fué condenado á muerte por unos miserables oficiales subalternos, y fusilado en el pueblo de Cuilapa el 14 de Febrero de 1831.

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Picaluga fué declarado enemigo de la patria, y condenado á muerte por el almirantazgo de Génova, en 28 de Julio de 1836; pero bergantín y capitán desaparecieron como si un monstruo del Océano los hubiera devorado. La existencia de Picaluga es en efecto un misterio. Unos dicen que se le ha visto años después en las calles de México; otros que se hizo mahometano y vive en un serrallo de Turquía, y otros aseguran que varios mexicanos le han visto en un convento de la Tierra Santa, con una larga barba y un tosco sayal, haciendo una vida de penitencia para expiar en esta tierra el horrendo crimen que cometió, y que el Señor misericordioso pueda á la hora de su muerte abrirle las puertas del cielo.

Manuel Payno.

Decreto de Abolición de la Esclavitud del 15 de septiembre de 1829 por el Presidente Vicente Guerrero



viernes, 15 de septiembre de 2023

Las fiestas patrias de septiembre y los valores cívicos nacionales


Don Miguel Hidalgo y Costilla. Siglo XIX. Óleo sobre tela

Hermosillo, Sonora a 15 de septiembre de 2023. 


Septiembre, el mes patrio

Los mexicanos consideramos el mes de septiembre es el mes patrio. Durante treinta días celebramos diferentes eventos de la historia nacional que sirven de referencia a nuestra identificación como mexicanos y la constitución de México como país libre y soberano.

Diferentes eventos históricos y cívicos son los que conmemoramos en el mes de septiembre. Así, por ejemplo, se puede recordar que el día 6 de septiembre se conmemora la publicación en 1860 del conjunto de Leyes de Reforma promovidas por los liberales mexicanos encabezados por Benito Juárez. De igual manera, nos resulta una fecha significativa el 13 de septiembre, cuando recordamos la gesta heroica de la defensa de Chapultepec por los cadetes del Colegio Militar en 1847. Cabe recordar que también conmemoramos que el 15 de septiembre de 1854 fue interpretado por primera vez nuestro Himno Nacional, de la autoría de los insignes Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó.

Sin duda, los festejos patrios se vinculan al inicio y consumación de la lucha libertaria del México Independiente. Cada 15 y 16 de septiembre conmemoramos, primero, el Grito de Independencia del cura Miguel Hidalgo en Dolores en el estado de Guanajuato, y al día siguiente el aniversario del inicio de la lucha de independencia, la cual se prolongó por 11 años, hasta el 27 de septiembre de 1821, fecha en la que también evocamos la Consumación de la Independencia Nacional. Además, el 30 se septiembre de cada año recordamos el natalicio en 1765 del jefe independentista y uno de los padres fundadores de nuestra Nación, Don José María Morelos y Pavón.


Fechas significativas

A estas efemérides cívicas hoy en día hemos sumado fechas significativas en la vida actual del país, tales como el primer Congreso paritario en la historia del país, el cual tomó posesión el primero de septiembre de 2018; el día Internacional de la Mujer Indígena que se celebra el 5 de septiembre; de igual manera conmemoramos el 15 de septiembre el día Internacional de la Democracia, y el 21 de septiembre el día Internacional de la Paz.

Por otra parte, también en nuestra historia reciente nos han marcado momentos críticos como los sismos de 1985 y 2017, que coincidentemente se produjeron el 19 de septiembre dejando cuantiosos daños en pérdidas humanas y materiales en el centro del país. En el mismo sentido, recordamos con tristeza y malestar los sucesos violentos en los que desaparecieron los 43 estudiantes normalista de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014.

Encuentro entre Hidalgo y Morelos en Indaparapeo. Óleo sobre tela por Rafael Gallegos Luna. 1953

Principios de libertad, soberanía y justicia

El movimiento de Independencia representa la gesta que forjó nuestra Nación. De ella derivan principios y valores que forman parte de la cultura cívica que compartimos los mexicanos.

Por ejemplo, como resultado de la arenga de Hidalgo en el llamado Grito de Independencia, se tiene la proclama de octubre de 1810 donde vierte sus reflexiones acerca de la libertad política-ideológica de su movimiento revolucionario, así como de la libertad mercantil-económica fundamental para el futuro del país ya independiente. Asimismo, el bando publicado en la ciudad de Valladolid el 19 de octubre de 1810, dispuso la abolición de la esclavitud, principio fundamental de libertad, igualdad y justicia.

De igual manera, para la definición del gobierno y su papel ante la sociedad, son las prescripciones que Hidalgo plantea en su Proclama a la Nación Americana del 21 de noviembre de 1810, donde propone que, para alcanzar la felicidad del reino, hay que retirar el mando y el poder a los europeos, y luchar contra todo gobierno arbitrario y tirano.

Don José María Morelos y Pavón. Anónimo. Óleo sobre tela. S. XIX

En esta línea de ideas en Los Sentimientos de la Nación propuestos en Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813 por el Generalísimo Morelos, se define que “…la soberanía dimana inmediatamente el pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes, dividiendo los poderes de ella en: legislativo, ejecutivo y judiciario, eligiendo las provincias sus vocales y éstos a los demás que deben ser sujetos sabios y de probidad.”

Documento fundamental en el que también se consigna que “…la patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el gobierno, abatiendo el tiránico, substituyendo el liberal, y echando fuera de nuestro suelo al enemigo español, que tantos se han declarado contra esta Nación.”

Y en relación con la idea del Estado de derecho leemos: “…como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.”

Al igual que su maestro, Hidalgo, Morelos reitera la abolición de la esclavitud, sentenciando “Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.” Disposición que reafirmó el 5 de octubre de 1813 en su Abolición de la Esclavitud proclamada en Chilpancingo, la cual acompañó un mes después, el 8 de noviembre, con la firma del Acta solemne de la declaración de la Independencia de la América Septentrional.

Todos estos principios fueron el preámbulo y sustento del posterior Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana que fue sancionado en Apatzingán el 22 de octubre de 1814. Documento que inaugura la tradición constitucionalista en nuestro país y en el que se establecen, entre otros asuntos relevantes, los principios constitucionales de la religión, la soberanía, de los ciudadanos, de la ley, de la igualdad, seguridad, propiedad y libertad de los ciudadanos, y de las obligaciones de los ciudadanos. Así también, se define la forma de gobierno y las facultades de los componentes del Supremo Gobierno.

Las aspiraciones de los mexicanos por constituir un sistema sociopolítico y normativo que permita la convivencia colectiva, el bienestar y desarrollo de quienes vivimos en este país, se han venido configurando con el transcurrir de los años con la concurrencia de voluntades. Son el motivo del cambio social en el país, el cual se origina, precisamente, en septiembre de 1810.

Los Sentimientos de la Nación


jueves, 15 de septiembre de 2022

Sobre la independencia de México

Dn. Miguel Hidalgo y Costilla. 1865. Por Joaquín Ramírez.


Hermosillo, Sonora a 15 de septiembre de 2022.

La Independencia de nuestro país es uno de los momentos históricos más trascendentes y que han marcado el derrotero que hemos seguido desde hace más de doscientos años.

Es un punto de inflexión en el que se transita a la integración del país como una nación independiente y soberana. Después de 300 años de presencia del dominio español, se dieron los primeros esfuerzos para la formación de un país que vivía, en ese entonces graves problemas de toda índole, con una sociedad polarizada y la mayoría de la población en condiciones de grave pobreza. El reto en esos momentos fue construir la nación desde sus cimientos.

Este acontecimiento permitió que los mexicanos pudiésemos, paulatinamente, configurar una identidad como integrantes de este país. Que ciertamente viviría situaciones críticas durante el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo pasado, lo que abonó a ese sentido de identidad nacional en el grueso de los mexicanos.

Precisamente es en el mes de septiembre cuando estos sentimientos se reavivan con mayor vehemencia y júbilo a lo largo de todo el país; incluso, más allá de sus fronteras se observa cómo nuestros conciudadanos en el extranjero celebran este sentido de mexicanidad con motivo de nuestras Fiestas Patrias.

Cabe recordar que el momento crucial de estas celebraciones ocurre cada 16 de septiembre, fecha en la que el cura Miguel Hidalgo y Costilla arengó a los pobladores de Dolores Hidalgo, Guanajuato, a rebelarse contra la opresión del régimen español. Este evento es el que detonó el inicio de una gesta independentista que culminó once años después, cuando en 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante hizo su entrada triunfal en la ciudad de México.

Roberto Cueva del Río. Los Constituyentes. 1950.

En este periodo histórico, destaca el primer congreso independentista conocido como Congreso de Chilpancingo o de Anáhuac, el cual fue convocado en 1813 por José María Morelos y Pavón, y en el cual expuso en el magnífico documento Sentimientos de la Nación, el anhelo de los mexicanos en relación con la independencia de la nación, el reconocimiento de la soberanía popular, la necesidad de respetar los derechos humanos y de libertad de la población, así como la conformación de un gobierno estructurado en tres poderes estatales.

De igual manera tiene un relevante significado el pacto de Vicente Guerrero Saldaña con el oficial realista Agustín de Iturbide en Acatempan, Guerrero, y la posterior firma del Plan de Iguala o de Las Tres Garantías en febrero de 1821, en donde se declaró la independencia y soberanía del país.

Vicente Guerrero. Por Leandro Izaguirre. Siglo XIX.

Cabe señalar respecto al origen de la llamada ceremonia del Grito de Dolores, el momento culminante de estas celebraciones patrias, paradójicamente fue el entonces presidente Antonio López de Santa Anna quien instituyó en 1845 la conmemoración de esta ceremonia para recordar a Hidalgo y a los héroes de la independencia. Es paradójico este hecho dado el desprestigio de este personaje y el daño que hizo a la soberanía del país. También, es curioso advertir que las celebraciones que inician la noche del 15 de septiembre derivan, precisamente, del interés de ese gobernante en sumar el festejo de su cumpleaños al de la celebración del inicio de aquella gesta heroica.

Ahora bien, los mexicanos tenemos presente en este mes de septiembre otros hechos significativos ocurridos a lo largo de nuestra historia. Así, se recuerda que el 6 de septiembre de 1860, el presidente Benito Juárez instauró la Leyes de Reforma, el 9 de septiembre celebramos el natalicio de la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez, y el 13 de septiembre se recuerda la gesta de los llamados Niños Héroes en el Castillo de Chapultepec.

Dentro de las efemérides nacionales, también se tiene como fechas importantes el natalicio de Ricardo Flores Magón el 16 de septiembre de 1873, así como el natalicio del prócer José María Morelos y Pavón, el 30 de septiembre en Valladolid, hoy reconocida como Morelia. De allí lo significativo que resulta el mes de septiembre para los mexicanos, pues conmemoramos a personajes y momentos de nuestra historia nacional ocurridos a lo largo de poco más de dos siglos.

José María Morelos y Pavón. Por Petronilo Monroy. 1865.

La Independencia junto con la etapa de la Reforma y, posteriormente, la Revolución mexicana, son los momentos significativos que han dado orientación ideológica a los mexicanos. La actualidad de los mexicanos se entiende a partir del legado derivado de estos tres movimientos sociales.