sábado, 7 de enero de 2017

La búsqueda del conocimiento y el desarrollo de la libertad en Karl Popper


 
Hermosillo, Sonora a 7 de Enero de 2017.

Proemio

Este trabajo tiene el propósito de revisar los rasgos fundamentales en la propuesta filosófica y el compromiso con el desarrollo social del filósofo vienés Karl Popper. La amplia y valiosa aportación de Popper a la cultura contemporánea brinda la posibilidad de reflexionar sobre temas y problemas de índole diversa en los campos de la política, el arte, la historia de la filosofía y la filosofía misma.

Reconocido por su fuerte crítica a las filosofías basadas en el historicismo, el determinismo y los totalitarismos, su propia filosofía política refleja la manera en que entiende y comprende a la realidad, rechazando las soluciones finales y sustentando su forma de ver a la sociedad y a la naturaleza en términos de lo que llamó la “ingeniería social gradual”, susceptible de ser analizada a través de un “método crítico”: “La  ciencia, el conocimiento científico (apunta Popper), es siempre hipotético: es conocimiento por conjetura. Y el método de la ciencia es el método crítico: el método de la búsqueda y eliminación de errores al servicio de la verdad.” (El conocimiento y la configuración de la realidad, 1989)

Reconocido mundialmente por su obra La sociedad abierta y sus enemigos (1945), en donde se pronuncia en contra de los autoritarismos y en favor de una cultura librepensadora y de una sociedad y política consecuente con la democracia liberal. Esta propuesta en el campo de la política no se sustrae a su postura como científico, pues en ella se reflejan sus ideas y la forma en que concibe al conocimiento y la manera de buscarlo, esto es así, ya que, como señala J. G. Merquior (Liberalismo viejo y nuevo, 1991), Popper es “sobre todo un epistemólogo, un teórico de la ciencia y de la evolución, tanto natural como humana.”


El fundamento en la razón

Popper se reconoce como un entusiasta de la filosofía de los clásicos griegos, particularmente de las ideas de Sócrates y Jenófanes, de quienes resalta su concepción y actitud en cuanto al conocimiento, al reconocer la falibilidad del conocimiento humano, su relatividad y la posibilidad de llegar a equívocos y necesarios reencauzamientos racionales en el camino a la verdad. (Sobre el conocimiento y la ignorancia, 1979)

Sócrates
 
En este sentido, todo progreso en la búsqueda de la verdad, de acuerdo con Popper, puede resumirse en dos tesis derivadas de los escritos de Jenófanes: primero, la no-existencia del criterio de verdad, pues aunque se alcance la verdad, nunca se tendrá la certeza de ello; la segunda tesis plantea que lo que sí existe es un criterio racional de progreso en la búsqueda de la verdad, y por tanto un criterio de progreso científico. (Ibíd.) La ciencia, por lo tanto, se asume como una actividad crítica, soportada en la racionalidad y cuyo interés es siempre la búsqueda de la verdad - en aproximaciones sucesivas -.

Jenófanes
 
La razón sustenta a Popper en todo desarrollo científico. Las luces de la Ilustración también alimentan su propuesta filosófica: aunque señala limitantes en el pensamiento de Immanuel Kant, reconoce al filósofo alemán como el primero en comprender la forma de creación del conocimiento por el intelecto humano, cuando éste reflexiona en su “Crítica de la razón pura” sobre las exactas predicciones de la teoría de Newton. Este conocimiento científico no es resultado del método experimental o inductivo, es producto del intelecto de Newton, que lleva implicado que la experiencia del hombre sea “producto del procesamiento activo y la interpretación de los datos de los sentidos por nuestro aparato cognitivo, especialmente por nuestro intelecto.” (Ibíd.)

En Kant, Popper reconoce su racionalismo crítico. Pondera el Principio de Autonomía (Immanuel Kant: el filósofo de la Ilustración, 1954) que Kant desarrolla en el ámbito de la ética del conocimiento de la moral: “Este principio manifiesta la convicción de que nunca debemos aceptar el imperativo de una autoridad, por elevada que sea, como base de la ética. Pues cuando nos enfrentamos al imperativo de una autoridad, siempre nos compete a nosotros juzgar, críticamente, si es no moralmente permisible obedecer.” (Acerca de las llamadas fuentes del conocimiento, 1979) Aunque este principio no tiene correspondencia en la filosofía de la ciencia de Kant, pues limita su actitud racionalista crítica al reconocer la autoridad de Newton en el campo de la cosmología y la veracidad de su teoría, Popper destaca la aceptación de la ética Kantiana a la posibilidad de crítica y de que se puede incurrir en el error, como sustentos de la razón: de que no existen fuentes últimas del conocimiento y de que la refutación abre camino al conocimiento de verdades.

El conocimiento es, por lo tanto, un conocimiento hipotético, por conjeturas contrastadas con la realidad. Por ello, Popper concluye que no tiene sentido buscar la certeza, mas sí la verdad - a través de la búsqueda constante y la eliminación de los errores -. Al igual que Kant, quien asume que la verdad es la correspondencia del conocimiento con su objeto, Popper dice algo parecido: “una teoría o enunciado es verdadero si lo que dice corresponde a la realidad” (El conocimiento y la configuración de la realidad, 1989), y agrega tres observaciones:
1.     Todo enunciado formulado sin ambigüedad es verdadero o falso; y si es falso, su negación es verdadera.
2.     Por ello existen tantos enunciados verdaderos como falsos.
3.     Cada enunciado no ambiguo semejante (incluso si no sabemos que es verdadero) o es verdadero o tiene una negación verdadera. De esto también se sigue que es erróneo identificar la verdad con una verdad definida o cierta. Hay que distinguir tajantemente entre verdad y certeza. (Ibíd.)

Immanuel Kant. Busto de Johann Gottfried Schadow
 
 
El acercamiento a la realidad

La realidad se conoce poco, el conocimiento sobre ella no puede ser total, no puede ser absoluto. Los temas que se pueden desprender de la realidad son inagotables, pues su naturaleza cambiante y vasta no permite el conocimiento pleno y cierto; el acercamiento a la realidad, si se quiere conocerla con verdad, implica por principio la asunción de una actitud crítica y racional, confiando en el progreso de la búsqueda de la verdad entre conjeturas, percepción de errores, retroalimentación con base a ellos y objetivación de postulados que, a su vez, habrán de ser pauta para nuevas conjeturas. La ciencia, por lo tanto, consiste en la búsqueda de la verdad, de acercamiento constante a través del proceso en el que sometemos a crítica nuestras propias hipótesis, descubrimos nuestros errores y procuramos su eliminación.

Desde el punto de vista intelectual, la realidad puede ser analizada en sus diversas manifestaciones; para ello es útil la misma construcción de marcos conceptuales mediante los cuales pueda ser sistematizado dicho esfuerzo. Popper propone una configuración de la realidad en la que diferentes mecanismos interactúan en un proceso constante de retroalimentación entre las diferentes expresiones de la realidad, y en donde se actúa utilizando el método de ensayo y error. La realidad se configura por la interacción de tres mundos:
“Denomino mundo 1 (dice Popper) al mundo de las cosas materiales, el mundo descrito por la física y la astronomía, por la química y la biología. Denomino mundo 2 al mundo de nuestras experiencias subjetivas personales, de nuestras esperanzas y metas, de nuestros goces y nuestros pesares, y de nuestras alegrías, de nuestros procesos de pensamiento en sentido subjetivo; el mundo que intenta describir y explicar la psicología. Y denomino mundo 3 al mundo de los productos de la mente humana, los productos de nuestra acción mental y, sobre todo, al mundo de nuestro lenguaje específicamente humano, de nuestros contenidos intelectuales objetivos, tanto hablados como escritos; y también al mundo de la tecnología y del arte. Con esta distinción entre tres mundos no he introducido más que una terminología.” (Los libros y las ideas, 1982)


La labor del científico y el compromiso social

Es interesante el agudo análisis que Popper realiza sobre el método de Karl Marx. Si bien desarrolla una aguda crítica al historicismo marxista y refuta varias de sus profecías no verificadas por la realidad, Popper reconoce que Marx desarrolló una propuesta verdaderamente humanista a través de su pensamiento y acción. Dice, se trata de una tentativa honesta de aplicar los métodos racionales a los problemas más urgentes de la sociedad. (La sociedad abierta y sus enemigos, 1945, Cap. 13)

Ejemplifica con él el papel del verdadero científico social, el que basa su trabajo en la prueba y el error, sustento del progreso científico. Reconoce que si bien Marx probó y erró en sus principales conceptos, tal prueba no fue en vano, pues ello sirvió para “abrir los ojos y aguzar la vista de muchas maneras”.

Marx el científico se caracterizó, según Popper, por su sinceridad, su amplitud de criterio, su sentido de los hechos, su desconfianza de las meras palabras y de la verbosidad moralizante. Y lo más importante, tal vez, Marx movido por el deseo de ayudar a los oprimidos, orientó sus esfuerzos a contrastar sus ideas no sólo contra otras conjeturas, sino ante los hechos: su método científico, utilizado en la práctica, debería de ser un medio apropiado para fomentar el progreso de la humanidad; con ello, su labor no se abocaba solamente a “interpretar el mundo de diversas maneras, sino que también procuraba cambiarlo” (la número once de las Tesis sobre Feuerbach).
 
Marx. Fragmento de la Cabeza Monumental por Lev Kerbel
 


El conocimiento y la conducción del gobierno

Popper se remite a uno de los principios fundamentales de Sócrates (quien en su opinión es uno de los grandes filósofos de todos los tiempos), el intelectualismo moral, definido como la identificación de la bondad con la sabiduría, que advierte que nadie actúa contra lo que le dicta su conocimiento y que es la falta de conocimiento la causa de todos los errores morales. Con esto, también plantea que las virtudes morales pueden ser enseñadas y que ellas no presuponen ninguna facultad moral específica, aparte de la inteligencia humana universal.

Reconoce que Sócrates fue capaz de criticar, pero a la vez de asumir la autocrítica, esto lo llevó en la práctica a asumir una justicia igualitaria e individualista: de esa manera, advierte, para Sócrates el gobierno podrá ser asumido no necesariamente por el más sabio, pues la naturaleza de la sabiduría consistía, según el  filósofo griego, en la comprensión de lo poco que sabe cada uno, y quienes no saben esto no saben nada en absoluto: como filósofo que reconocía la igualdad y la esencia del individuo, sabía que todos los individuos pueden aprender, y por lo tanto mejorar sus formas de actuación ante sus semejantes.

Dado que no es nada fácil aprender, este proceso requiere de una buena dosis de libertad. Destaca Popper que la filosofía de Sócrates se sustenta en una buena dosis de antiautoritarismo, pues el aprendizaje dogmático, si bien puede ocurrir, no genera los mismos frutos que aquel que se basa en un método en el que se saca a luz lo que los discípulos llevan dentro de sí, enseñándolos de liberarse de prejuicios y a dominar el ejercicio de la autocrítica, con la convicción de que la verdad no se alcanza fácilmente. Hay que enseñarles a tomar decisiones y confiar, con sentido crítico en sus propios juicios y conocimientos. (Ibíd., Cap. 7)
 
Sócrates

 
 La ingeniería social y el cambio gradual

Contrario a Platón, quien según Popper desarrolló lo que puede llamarse una ingeniería utópica como programa político, el cual describe que todo acto racional debe obedecer a cierto propósito, es decir su racionalidad ocurre en cuanto se persigue un objetivo consciente y que consecuentemente determina los medios de acuerdo con ese fin, el filósofo vienés opone su ingeniería social parcial o gradual: supone que un individuo, en su ejemplo el político, puede o no definir un objetivo a alcanzar, pero de lo que sí deberá estar consciente es que tal fin, la perfección o la felicidad, es algo remoto, y que cada generación de la humanidad tienen un derecho a la búsqueda de ese fin: en lugar de encaminar los esfuerzos para alcanzar el bien final, habría que desarrollar un método para buscar y combatir los males que aquejan a la sociedad.

En este sentido, agrega Popper, vale la pena establecer las condiciones en que la sociedad pueda enfrentar sus problemas y satisfacer sus necesidades; las instituciones proveen tales condiciones, pues a través de ellas se definen transacciones entre los miembros de la sociedad para la búsqueda de un  mundo mejor. (Ibíd., Cap. 9)

La gran empresa del utopista de conseguir el objetivo último deriva en absolutos y en totalitarismos; la labor del ingeniero social es la de planificar racionalmente el desarrollo de la sociedad, con base en el conocimiento y en la experiencia, sustituyendo la gran escala por los experimentos sociales parciales, a través del cambio gradual:
“no es razonable suponer que una completa reconstrucción de nuestro mundo social haya de llevarnos de inmediato a un sistema practicable. Debemos esperar, más bien, en razón de nuestra falta de experiencia, la comisión de muchos errores que sólo podrán ser eliminados mediante un largo y laborioso proceso de pequeños ajustes; en otras palabras, mediante ese método racional de la ingeniería gradual cuya aplicación venimos definiendo. Pero aquellos a quienes no les agrada este método por no considerarlo lo bastante radical, tendrían en este caso que volver a borrar la sociedad recién construida a fin de comenzar nuevamente sobre un lienzo limpio; y puesto que la nueva tentativa – por iguales razones – no habrá de conducir tampoco a la perfección se verían obligados a repetir interminablemente este proceso sin llegar nunca a ninguna parte.” (Ibíd.)

E incluso, agregamos, a imponerse sobre las voluntades de los miembros de la sociedad para imponer el “modelo feliz” de sociedad que se pretende alcanzar, derivando en autoritarismos que vayan en contra del ejercicio de la libertad del individuo.


A manera de conclusión: la sociedad abierta y la necesaria libertad

Al definir a la sociedad abierta, Popper afirmó que los valores en los que ésta se basa son la libertad, la igualdad, la humanidad y la razonabilidad, y, a la vez, que está a favor de las instituciones. Resalta Enrique Suárez-Iñiguez (De los clásicos políticos, 1993) que la idea de la sociedad abierta “pone énfasis en los individuos y en su afán por liberarse de la tutela de la autoridad absoluta, del hábito, de la tradición y el prejuicio y por sustituirlos por la crítica racional, la libertad y la humanidad.”

La sociedad abierta se asocia a la democracia, forma de vida en la que se establecen las condiciones, mediante las instituciones, de convivir en colectivo, discutir los asuntos públicos racionalmente y llevar a cabo cambios en la misma sociedad sin irrupciones violentas.
 
Popper no entiende a la democracia como algo tan vago, dice, como “el gobierno del pueblo” o “el gobierno de la mayoría”, sino que la asume como “un conjunto de instituciones (entre ellas, especialmente, las elecciones generales, es decir, el derecho del pueblo de arrojar del poder a sus gobernantes) que permitan el control público de los magistrados y su remoción por parte del pueblo, y que le permitan obtener las reformas deseadas sin empleo de la violencia, aun contra la voluntad de los gobernantes.” (La sociedad abierta y sus enemigos, Cap. 19)
 
 
Se considera demócrata no porque la mayoría tenga la razón siempre, sino porque reconoce que las tradiciones, las instituciones, democráticas son las menos malas que conoce el hombre. En la democracia es posible ejercer la libertad de pensamiento y de discusión; a su vez, estas representan valores que en la práctica son importantes en la búsqueda de la verdad, si consideramos que en esta labor se exige, al menos, imaginación, ensayo y error, y el descubrimiento gradual de nuestros prejuicios mediante la imaginación, la prueba y el error, y la discusión crítica. Y agrega, “El liberal no sueña con un perfecto acuerdo en las opiniones; sólo desea la mutua fertilización de las opiniones y el consiguiente desarrollo de las ideas. Aun cuando resolvamos un problema con universal satisfacción, al resolverlo creamos muchos nuevos problemas acerca de los cuales es probable que discrepemos. Y esto no es de lamentarse.” (La opinión pública y los principios liberales, 1954)
 
En la búsqueda del conocimiento y en el proceso de humanización, el camino a seguir lo finca en la preservación de la sociedad abierta. Advierte que si queremos seguir siendo humanos, entonces sólo habrá un camino, el de la sociedad abierta: el hombre debe proseguir hacia lo desconocido, lo incierto y lo inestable sirviéndose de la razón de que pueda disponer, para procurar la seguridad y libertad a que aspira.

La enseñanza de las Artes. Apuntes sobre Elliot W. Eisner

 

Hermosillo, Sonora a 7 de Enero de 2017.

Este trabajo resume algunos puntos del capítulo 2. Concepciones y versiones de la enseñanza de las Artes. Una manera de ver también es una manera de no ver, de la obra de Elliot W. Eisner (EUA, 1933-2014), El arte y la creación de la mente: el papel de las artes visuales en la transformación de la conciencia. Barcelona; México: Paidós, 2004.


Preámbulo

En su escrito, Eisner plantea que en las Artes, no existen concepciones únicas sobre los objetivos y contenidos que se enseñan. Los especialistas de cada disciplina son los responsables de su definición, pero deben tener en cuenta el destinatario de esa enseñanza, en especial cuando los estudiantes son de otros campos disciplinarios. Por lo general, las estrategias de enseñanza son mezcladas para su aprovechamiento en el aula.

Elliot W. Eisner (1933-2014)

 
Enseñanza del arte basada en las disciplinas (EABD)

Se trata de una de las concepciones más relevantes en el estudio de las artes plásticas. Fue propuesta por Jerome Bruner (EUA, 1915-2016) dentro de sus estudios sobre el currículo y la estructura de las disciplinas. Se le considera un enfoque exhaustivo que aborda cómo se crea el arte, la apreciación de sus cualidades, su ubicación histórica y cultural, y la ponderación de sus méritos estéticos. Se encamina a la consecución de 4 objetivos: 1) que los alumnos desarrollen la imaginación y adquieran aptitudes como ejecutares de un arte de calidad; 2) que aprendan a observar estéticamente y poder explicar las cualidades del arte; que comprendan el contexto histórico y cultural en que se lleva a cabo la obra de arte; y 4) que comprendan, desde una perspectiva estética, los valores que ofrece el arte.

Jerome Bruner (1915-2016)

 
Cultura Visual

Esta concepción plantea el uso de las artes para fomentar una cultura visual en la enseñanza, como una nueva manera de descodificar ideas y valores y una nueva mentalidad. Se trata de una respuesta a la concentración del poder en el manejo de los medios de comunicación y de los mensajes que en ellos se transmiten. Se propone que las Artes sean estudiadas de manera crítica para comprender cómo los mensajes transmitidos por los medios influyen en las personas, y cómo proteger sus derechos de estos influjos.

De esta suerte, es que se propone aprender a leer los mensajes visuales como textos en los que se incorporan significados político-ideológicos al igual que comprender los valores y condiciones de vida de una sociedad multicultural. Según F. Graeme Chalmers (New Zealand), puede considerarse como un forma de etnología o antropología cultural, que integre, además de las ideas de psicólogos acerca de los hemisferios cerebrales, los valores culturales de la sociedad; propone que Arte se estudie en su contexto social y cultural, considerando, de esta manera, los impactos que el multiculturalismo, el posmodernismo y el feminismo han provocado en la manera de leer las imágenes visuales en el mundo actual.

F. Graeme Chalmers
 

Resolución creativa de problemas

Surge en al campo del diseño, teniendo como referente el programa educativo alemán de la Bauhus (Casa de la Construcción estatal. 1919-32) que fue impulsado por   arquitectos, diseñadores y artistas como Walter Gropius, Lászlo Moholy Nagy y Wassily Kandinsky. El objetivo de esta escuela era “abordar problemas de trascendencia social con métodos técnicamente eficaces y estéticamente satisfactorios” mediante el uso de máquinas que permitieran crear una estética limpia.

Este programa académico buscaba que sus estudiantes encontrasen soluciones creativas a los problemas, yendo más allá de las respuestas convencionales; además, privilegiaba que la respuesta o producto diseñado tuviese calidad estética, cuidando así forma y funcionalidad. Se educaba en el diseño industrial y arquitectónico con la idea que el alumno aprendiese tareas concretas, el manejo de materiales y métodos para la solución de problemas de interés social en sus diferentes ámbitos. Creatividad, inventiva y solución sistemática de problemas fueron temas centrales de esta formación, fomentando en los estudiantes una formación de diseñadores comprometidos socialmente y capacitados intelectual, estética y técnicamente.

Walter Gropius (1883-1969)
 
 
Expresión personal creativa

Este enfoque tiene su origen en los trabajos del austriaco Viktor Lowenfeld y del británico Herbert Read, los cuales estuvieron influidos por el contexto de la Segunda Guerra Mundial. De allí, señalaban, que este conflicto iniciado por Alemania se debió en buena medida a que el sistema educativo de este país había suprimido el impulso natural del hombre a expresar su creatividad, colocando por encima de ella prácticas agresivas y represivas que formaron a la juventud de ese tiempo. Lowenfeld y Read proponen que las Artes configuran un proceso emancipador del espíritu y la creación. Lowenfeld considera que el arte brinda beneficios terapéuticos, pues la actividad creativa ayuda a descargar tensiones, ayuda a desarrollar libertad y flexibilidad en la solución de situaciones, y propicia el desarrollo y crecimiento de la personalidad. Read agrega que el papel del enseñante es de cuidador, guía, inspirador y partero psíquico, y es la educación artística un medio para que se dé la autoexpresión del estudiante, algo que no se puede enseñar.

Viktor Lowenfeld (1903-1960)

Teniendo como referentes a Carl Jung y Sigmund Freud, Read opinaba, a partir del primero, que el arte se capta, más que se enseña y aprende; siguiendo al segundo, Lowenfeld planteaba que el arte corrige prácticas represivas de la enseñanza; en suma, consideraban que el arte es un medio para el desarrollo del ser humano, bajo la idea de que el impulso artístico reside en el inconsciente y que el maestro no debe interferir en ese proceso natural sino ayudar a que florezca. A diferencia de la educación de la Bauhaus centrada en la solución de problemas mediante la actividad creativa, estos estudiosos de la educación fomentaron la actividad creativa y la fantasía como experiencia personal de los niños (como un proceso interno, más que determinado por los aspectos externos al estudiante).
 
Herbert Read (1893-1968)
 

 
La educación artística como preparación para el mundo laboral

Se trata de un enfoque pragmático con base en el campo laboral y el desarrollo de aptitudes y actitudes que incrementen la competitividad profesional y productiva en el mundo contemporáneo. El estudio de las Artes se considera un valor agregado a la formación profesional, pues “desarrolla la iniciativa y la creatividad, estimula la imaginación, fomenta el orgullo por la destreza, desarrolla la capacidad de planificación y, en algunos campos artísticos, ayuda a los niños a aprender a cooperar.”

Empleadores consideran que junto a los beneficios de la formación convencional que ofrecen la lectura, escritura y matemáticas, más que nunca es necesario que se aprovechen los beneficios que brinda el estudio de las Artes en relación con procesos cotidianos del mundo del trabajo como “la capacidad de asignar recursos, de trabajar con éxito con otras personas, de encontrar, analizar y comunicar información, de manejar sistemas cada vez más complejos con componentes que no parecen guardar relación entre sí y, por último, de usar las tecnologías.”


Las Artes y del desarrollo cognitivo

Este enfoque destaca los efectos cognitivos del trabajo artístico en la enseñanza, en lo relativo las percepciones complejas y sutiles que se desprenden de “observar sutilezas entre relaciones cualitativas, concebir posibilidades imaginativas, interpretar los significados metafóricos que muestran las obras, aprovechar oportunidades imprevistas en el curso del propio trabajo”, entre otros aspectos. El filósofo alemán Rudolf Arnheim (1904-2007) reflexionó que la percepción es una actividad cognitiva que considera, además de la percepción sensorial, la memoria, el pensamiento y el aprendizaje, la percepción visual la cual, a su vez, produce un pensamiento visual, además del  lenguaje sobre lo visual.

Rudolf Arnheim (1904-2007)

También el psicólogo alemán Ulric Neisser (1928-2012) consideraba que la percepción es un evento cognitivo; por su parte el psicólogo suizo Jean Piaget (1896-1980) concluyó que lo cognitivo y lo afectivo son procesos de pensamiento inseparables. El mismo Eisner respalda estos argumentos señalando que “todas las formas de conciencia son eventos cognitivos; es indudable que las artes, que se basan en actos de diferenciación perceptiva, satisfacen este criterio cognitivo.” En otro  contexto, el filósofo Nelson Goodman, al analizar la relación de las Artes con el proceso de indagación del conocimiento, advirtió que lejos de la concepción del arte como algo contemplativo, pasivo, inmediatista e impoluto, se trata de una experiencia estética dinámica, que reclama discernimiento, discriminaciones sutiles, identificación de sistemas simbólicos, interpretación de la obra y reorganización del mundo en función de esa obra y de la obra en relación con el mundo; considera que la actitud estética es “inquieta, inquisitiva, comprobatoria; no es tanto una actitud como una acción: la de crear y recrear.”

Ulric Neisser (1928-2012)

Concluye Eisner que las actividades artísticas son adecuadas para fomentar el desarrollo cognitivo en los términos señalados por las concepciones revisadas; lo que se requiere, entonces, son programas educativos de gran calidad, cuyo currículo enfatice las formas de cognición y comprensión que se desea desarrollar, de manera similar al enfoque de la Bauhaus enfocado a la formación de diseñadores para abordar problemas específicos de este tiempo y lugar. El uso de las Artes para mejorar el rendimiento escolar. Esta concepción, vinculada al enfoque cognitivo, propone mejorar el rendimiento escolar incluyendo la educación artística en las escuelas, considerando entre los argumentos que se esgrimen: que existe una relación directa entre la presencia de estos cursos y el desempeño escolar y el efecto “Mozart” que relaciona la música clásica con el rendimiento escolar; aunque el mismo Eisner reflexiona con escepticismo en cuanto la correlación de estos aspectos.
 
Jean Piaget (1896-1980)
 

Artes integradas

Esta concepción también propone la importancia de que el estudio de las Artes se sume al estudio de otras experiencias curriculares. Se propone que el estudio de las Artes integradas se organice en cuatro estructuras curriculares: A) para la comprensión de un periodo histórico y cultural concreto; B) para ayudar a los estudiantes a identificar similitudes y diferencias entre las distintas artes; C) para explorar un tema o idea fundamental a partir de las obras de arte y los trabajos de otros campos; y D) para la solución de problemas mediante varias disciplinas, entre ellas las Artes.
 
Eisner reflexiona que el convencimiento de la integración de las Artes en otros currículos varía te tiempo en tiempo y de lugar en lugar; sin embargo destaca que lo importante de lo revisado es que en cualquier campo de conocimiento es fundamental comprender el contexto económico y político de la disciplina; en el mismo sentido es importante comprender cómo otros campos de estudio, como las Artes, pueden ser útiles en la comprensión y cognición de estas disciplinas. Concluye que los objetivos disciplinarios dependen del contexto de la época al igual que de los conceptos educativos y de la naturaleza humana que se tienen en la didáctica; valorando todo esto con apertura, flexibilidad y congruencia para aprovechar las distintas concepciones didácticas.

Nelson Goodman (1906-1998)
 
 
Algunos principios para guiar la práctica

En este apartado Eisner ofrece su concepción acerca de la educación artística, considerando 5 principios: 1) Identificar lo que las Artes tienen de distintivo a fin de justificar su presencia en otras disciplinas. El valor intrínseco de las artes plásticas es que permiten ver –estéticamente- aspectos del mundo que no se ven en otras disciplinas. 2) Los programas de educación artística deben promover el desarrollo de la inteligencia artística (talento, capacidad intelectual para la creación y percepción artística: la inteligencia humana adopta muchas formas, sirviendo a fines sociales y culturales específicos). 3) Comprender el papel de las Artes en la cultura, ayudando a crear y experimentar características estéticas de las imágenes y comprender su función cultural. 4) Ayudar a reconocer lo personal, distintivo y único del creador y sus obras. Destaca en ello cómo el especialista en Artes es un observador de las sutilezas. 5) Enseñar a observar el mundo y la vida cotidiana como una multiplicidad dinámica de formas de experiencia estética.

jueves, 15 de diciembre de 2016

El estudio de la Administración Pública en el umbral del siglo XXI

 
Hermosillo, Sonora a 15 de Diciembre de 2016.


Presentación

La propuesta neoliberal, impulsada desde la década de los setenta, tiene como sustento la idea de permear a la acción gubernamental con un espíritu emprendedor propio del que se aplica en la administración privada; si bien, éste no se trata de un tema novedoso, pues desde los orígenes de la escuela ortodoxa norteamericana se apeló a la incorporación de las ideas y prácticas del ámbito de los negocios privados al interior de las oficinas gubernamentales.

Con la globalización y la regionalización de la economía mundial, el proyecto neoliberal se propuso la redefinición del perfil y papel de la sociedad, el mercado, la administración pública y el Estado, con el fin de homogeneizar estructuras, procesos, funciones y comportamientos propicios al nuevo entorno internacional. En esta perspectiva, los argumentos disciplinarios se volcaron al análisis y reproducción de propuestas acerca de la privatización y simplificación de procesos, el servicio al cliente, la calidad de los bienes y servicios producidos, la mejora regulatoria, el aprovechamiento de la cibernética en la toma de decisiones, la visión estratégica como rectora de la acción del gobierno, la agenciación, la eficientización económica de las oficinas gubernamentales, en fin, la implantación del espíritu empresarial como motor de los programas y proyectos del gobierno.

Este trabajo tiene como referente una investigación del autor en donde estudia el desarrollo disciplinario de la Administración Pública, desde la segunda mitad del siglo XX y las primeras dos décadas del actual siglo. En él se reflexiona sobre el derrotero seguido en  el estudio de la Administración Pública, además, revisa enfoques contemporáneos distintos que explican el rol de las instancias gubernamentales en la atención de los problemas sociales y su compromiso para instituir un buen gobierno en el contexto de una sociedad democrática.

 
El estudio de la Administración Pública: dos perspectivas

El estudio de la Administración Pública en el mundo moderno ocurre a partir de los trabajos del francés Charles-Jean Baptiste Bonnin. En 1808 este intelectual, precisó que la Ciencia de la Administración es aquella disciplina cuyo propósito central es el estudio de las materias relativas a la administración, de la administración pública, es decir del gobierno en acción frente a la sociedad; en su trabajo de sistematización del estudio de la administración (Bonnin, 2004), propuso clasificar el análisis dividiéndolo en administración pública y administraciones especiales (ramas de la primera).

Charles-Jean Baptiste Bonnin

Atrás del pensamiento de Bonnin se encuentran las ideas de los Enciclopedistas de la Ilustración francesa del siglo XVIII, tales como Diderot, d’Alambert, Montesquie, Quesnay, Rousseau, Turgot y Voltaire, entre otros. Pero, con seguridad, aunque es un crítico de Johann Heinrich Gottlob Von Justi, Bonnin recogió la rica experiencia y el desarrollo teórico de los cultivadores de la llamada Ciencia de la Policía, nombre con el cual se conocía a la Ciencia de la Administración durante los gobiernos monárquicos absolutos previos a la Revolución Francesa, particularmente del centro europeo. Es precisamente este trascendental suceso histórico y social el que enmarca la obra de Bonnin; al definirse como el punto de inflexión para el surgimiento y posterior desarrollo de la sociedad y el Estado moderno, la Revolución planteó a Bonnin la conveniencia de formular un código administrativo que diera cuenta y permitiese mejorar la marcha de los mecanismos de operación del aparato gubernamental conforme a la idea de un régimen republicano, liberal, igualitario y fraterno como se propuso en la Revolución.

Los fundamentos de la administración pública, según Bonnin, los encontramos en la sociabilidad del hombre. Precisamente, los vínculos que forjan los hombres con su interactuación son la respuesta que han encontrado para atender las necesidades que de manera individual no podrían solventar. De ahí la importancia de comprender los principios de la Ciencia de la Administración en el sentido de que la administración es resultado de la asociación de los hombres, de la vida en comunidad; que el propósito fundamental de existir de esa administración es el bienestar de la sociedad, la conservación de la comunidad; por lo tanto,  que en la acción de la administración se materializa el gobierno de la comunidad; y que esta acción administrativa responde al provecho social y público mediante la ejecución de las leyes de interés general.

En 1887 se publicó en el Political Science Quarterly, el famoso “Estudio de la Administración Pública” de Woodrow Wilson. Considerada la obra fundacional del estudio de la Administración, en general, y de la Administración Pública, en particular, en los Estados Unidos, su impacto, sin duda, ha prevalecido hasta nuestros días. Ya al definir el objeto de estudio de la Administración trasladó el estudio de la relación entre gobernantes y gobernados, y la acción de los primeros encaminada al beneficio de los segundos, a la manera en que ocurre la acción gubernamental ponderada en términos de resultados. Apuntó Wilson que «El objeto del estudio administrativo es descubrir, en primer lugar, lo que el gobierno puede hacer adecuadamente y con éxito, y, en segundo lugar, cómo puede hacer estas cosas adecuadas con la mayor eficiencia posible y al menor costo posible, ya sea de dinero o de energía (Wilson, 1887: 197)

Woodrow Wilson

Wilson reconoció a la administración como el último fruto del estudio de la Ciencia Política. La concibió como «…la parte más obvia del gobierno; es el gobierno en acción; es el ejecutivo, el operativo, la cara más visible del gobierno en acción…» (Wilson, 1887: 198) Para fines del siglo XIX, observó Wilson, este objeto de estudio se había transformado,  aumentado su tamaño y haciendo sentir su presencia en gran parte de los ámbitos de la vida social. La preocupación del autor norteamericano era sistematizar y dar formalidad a esa acción y purificar y reforzar su estructura organizacional de manera que pudiera cumplir con sus deberes de manera escrupulosa.

Considerando que el campo de la administración es un ámbito de trabajo, de negocios, plantea que debe estar exento de la urgencia y distensión que se vive en la política. Si bien, para Wilson la administración no es sólo técnica y métodos de cálculo, pues ella constituye parte de la vida política, y está conectada, de manera permanente, con los principios superiores de la política.  Wilson, sin embargo, no pone a discusión que el objeto de estudio administrativo es «…rescatar a los métodos ejecutivos de la confusión y el elevado costo de la experimentación empírica y colocarlos sobre bases profundamente establecidas en principios estables.» (Wilson, 1887: 210)

Hombre de su tiempo, propone la racionalidad científica como sustento de la acción administrativa, alejando a ésta de los contratiempos y dificultades que suceden en la esfera política. Basándose en las ideas forjadas en el viejo continente, en particular las de Gasper Bluntschli, Wilson advierte que la política sustancia la acción del Estado comprometido con asuntos relevantes y universales, en tanto que la administración lleva a cabo su acción en la atención de asuntos particulares y concretos que concretan el interés de la política. 

Estas consideraciones de la ortodoxia norteamericana sobre la distinción de la política y la administración llevaron posteriormente a proponer la dicotomía política-administración  presente en argumentaciones disciplinarias y de la vida profesional de los servidores públicos a lo largo de todo el siglo XX y extendiéndose hasta los umbrales del XXI. Si bien Wilson, al final de su artículo, reconoció a la política como la piedra de toque para la teoría administrativa, puntualizando que la ciencia administrativa de su país tendría que basarse en los principios que la policy democrática tiene muy arraigados en su corazón (Wilson, 1887: 220).

 
La perspectiva empresarial en el estudio de la Administración Pública

A mediados del siglo pasado, Dwight Waldo (1948) señalaba que el utilitarismo había tenido gran influencia en los primeros estudios sobre la Administración Pública en su país; incluso, argumentaba Waldo, si bien en su tiempo él y otros insistían en diferenciar a la administración pública de la privada, y por consecuencia en su trato teórico,
«…en general, la ideología y los procedimientos de los negocios siguen siendo aceptados, consciente o inconscientemente, como buenos. Incluso aquellos miembros de la comunidad de la Administración Pública que desean ampliar el control del sector de los negocios en nombre de un mayor bienestar general se hallan dispuestos, por lo general, a aceptar los mecanismos y métodos -y el espíritu, más de lo que creen- de la comunidad de los negocios en la que están insertos.»  (Waldo, 1948:42).

En los cimientos de la ortodoxia norteamericana se reconoce el influjo de las ideas y métodos del sector empresarial. En paralelo con el desarrollo de las primeras aportaciones al estudio de la Administración Pública, el movimiento de la administración científica (scientific management), también preocupado por la aplicación y desarrollo de la racionalidad de la ciencia en el estudio administrativo y por la productividad en la industria y el comercio, aportó un conjunto de principios y mecanismos encaminados a sistematizar su comprensión y empleo; esta coincidencia de intereses propició que las ideas y estrategias del mundo de los negocios fuesen asimilados de manera natural en el ámbito gubernamental, bajo la consigna de que lo que ha resultado conveniente en una corporación privada puede, también, resultar benéfico en las oficinas del gobierno.

Dwight Waldo
 
Según Waldo (1948: 47-48), compartir el espíritu del positivismo, que pondera a la ciencia y tecnología como motor del progreso social, llevó a sumar esfuerzos en pos de los intereses de la humanidad. En este sentido, la Administración Pública, basada en la Ciencia Política, adquirió su identidad sobre una base científica, objetiva; por su parte, el movimiento de la administración científica se propuso colocar la vida económica del ser humano sobre fundamentos científicos. Con la identificación de leyes y principios científicos se pretendió eliminar la improvisación e incertidumbre. Sin embargo, la introducción acrítica de los fundamentos empresariales en el ámbito del gobierno ha creado confusión en la definición epistemológica de la Administración Pública como en su comprensión ontológica.


La Nueva Administración Pública y los Modelos de Gestión

La crisis mundial de la década de los setenta, reflejó el desgaste del modelo de desarrollo Keynesiano y del Estado del Bienestar y desarrollista sustentado en una fuerte y amplia intervención estatal en la economía. 

La realidad que se presentaba entonces estaba integrada por la combinación de inflación con desempleo, además del estancamiento de las economías y la agudización de las tensiones económicas internacionales debidas al alza incontrolable del precio de los energéticos y el mal manejo de la deuda externa de los Estados nacionales.

Para atender esta compleja situación, se propuso, además de resolver esta problemática, llevar a cabo «…una revisión de las fallas y excesos del Estado Benefactor, que a la postre se habían traducido en un burocratismo ineficiente, un Estado omnipresente y sobrerregulador de las condiciones del Mercado y, a la vez, en una institución financieramente deficitaria.» (Ordaz, 1999: 13) La salida a la crisis se basó en las prescripciones de los departamentos de economía y de negocios de la Escuela de Chicago. Las primeras medidas gubernamentales se aplicaron durante el gobierno de Margaret Thatcher en Gran Bretaña a principios de los ochenta y mediante una política similar en Estados Unidos por parte de la administración Reagan.

Con el resurgimiento de los principios del laissez faire se cuestionó fuertemente el tamaño y las funciones del Estado, recuperando para el Mercado su rol principal en la asignación de recursos. Este Proyecto Neoliberal se tradujo en amplios y drásticos procesos de privatización de empresas y servicios gubernamentales, en la descentralización de organismos y procesos administrativos y operativos del Estado, la simplificación y desregulación de mecanismos para facilitar la inversión y hacer más competitivos a los capitales y mercados, y una progresiva integración a la economía internacional mediante la configuración de bloques económicos regionales y el aprovechamiento de los avances científicos y tecnológicos en un contexto de globalización cada vez más complejo y cambiante.

 
En el ámbito del estudio de la Administración Pública diversos teóricos consideraron pertinente revisar los fundamentos y operación de la acción del gobierno. Bajo la propuesta de construir una Nueva Administración Pública, se puso atención a la manera de actuar del gobierno en contextos de democracia, de asumir la responsabilidad pública y ética en asuntos de equidad, así como atender las relaciones humanas y el proceso decisorio al interior de las organizaciones. 

Se agregó a estos intereses disciplinarios la discusión sobre la eficiencia y moral del cuadro administrativo en su desempeño al interior de los organismos del Estado, y también se  recuperó el tema de la cientificidad de la Administración Pública. En este sentido, se importó desde la Economía la Teoría de la Elección Pública y el Individualismo Metodológico, bajo el argumento de justificar «…la necesidad de existencia del gobierno en razón de su capacidad para llegar a la toma de decisiones colectivas y maximizar así el bienestar individual, (por lo cual es primordial)… generar los marcos de actuación de aquel y crear espacios acotados de actuación gubernamental que permitan en todo momento el control político de la sociedad.» (Ramírez y Ramírez, 2011: 80) De esta suerte, se buscaba fortalecer el carácter científico de la Administración Pública, alentar la colaboración al interior de las organizaciones y lograr un gobierno más democrático y eficiente.

La aplicación de los programas de corte Neoliberal se fortaleció con la institucionalización del llamado Consenso de Washington en 1989. Resultado de una conferencia convocada por el Instituto de Economía Internacional, organismo del Banco Mundial, este programa de reformas se concibió como necesario para promover la prosperidad de los países de América Latina; su objetivo fue definido en términos de  «…orientar a los gobiernos de países en desarrollo y a los organismos internacionales a la hora de valorar los avances en materia económica de los primeros al pedir ayuda a los segundos. » (Casilda, 2005: 3) La preocupación de Estados Unidos por sus intereses estratégicos y comerciales en la región llevó a la definición de 10 instrumentos de política económica que, en última instancia, le dieran seguridad de recibir el pago de intereses de la deuda exterior por parte de los países latinoamericanos.


Casilda (2005: 4-6) ha consignado que este programa macroeconómico consideró imprescindible la disciplina presupuestaria, para resolver los problemas de déficit presupuestario y deuda externa, así como un requisito para recibir préstamos por el Fondo Monetario y el Banco Mundial;  reorientar el gasto público, mediante la eliminación de subsidios y canalizándolo a las áreas sociales de sanidad, educación e infraestructura; impulsar una reforma fiscal, centrada en la instauración de una base impositiva íntegra y amplia, teniendo como referente principal la recaudación del impuesto a la renta; someter el tipo de interés a las condiciones del mercado, buscando que fuesen moderadamente positivos para evitar la evasión de capital, promover el ahorro interno y fomentar la inversión; de igual manera, se propuso que el tipo de cambio fuese determinado por el mercado, constituyéndose como un tipo de cambio real y competitivo.

Con relación al sector exterior, se planteó la Liberalización comercial, buscando fortalecer el mercado internacional globalizado; en el mismo sentido se promovió una política de apertura para la inversión extranjera directa, buscando liberalizar los flujos financieros y la movilidad de tecnología y experiencias entre países; consecuente con las medidas de austeridad y reforma de los años previos, el Consenso impulsó una política de privatizaciones, teniendo como argumento respaldar el saneamiento de las finanzas públicas; de igual manera se propició una política desreguladora con el propósito de fomentar la competencia en la región; finalmente, el Consenso se empeñó en establecer y garantizar los derechos de propiedad, fundamentales en la lógica del sistema capitalista.

Simultáneamente, en el terreno del estudio del gobierno, se promovió una nueva gerencia o manejo público, cuya tarea sería la de conformar un gobierno competitivo. La renovación del espíritu empresarial en las organizaciones estatales retomó un nuevo impulso (Ordaz, 2010: 41), pues se condujo con una visión más allá del tradicional Management, pasando a un gerenciamiento más del tipo Entrepreneurship acorde con los tiempos de la globalización, el cambio y la incertidumbre, llevando a pensar en la importancia de dar vida a un nuevo empresario de gobierno con carácter innovador. El interés por reducir el tamaño del Estado, presente en las primeras reformas, pasó a un segundo plano, pues lo importante, desde esta perspectiva, es la reinvención del gobierno que hace posible mejorar la eficiencia con la que atiende los asuntos públicos de su interés, como son la seguridad, la educación y la salud, mejorando sus prácticas y fungiendo como catalizador de la dinámica social.

 
Apunte final. Significados y reconsideraciones

Desde la década de los noventa, la nueva gestión pública promovió una nueva cultura organizacional al interior de las dependencias y entidades de gobierno. Hacia afuera del espacio gubernamental, la nueva gestión tuvo como tarea preparar las condiciones propicias para el desenvolvimiento de la globalización, dirigiendo sus servicios y productos hacia sus “clientelas”, en un marco de competencia y de eficiencia en su rendimiento que se consideraba necesario para trazar los puentes entre lo global y lo local. La nueva gestión asumió el compromiso de asegurar que la producción y distribuciones de insumos y productos -en proceso y finales- ocurriesen en un mercado competitivo en el que la desregulación y la mejora regulatoria produzcan las bases institucionales adecuadas para la competencia mundial.

La nueva gestión o manejo público implica, por lo tanto, un nuevo modelo o estrategia de gobierno, asociado a las políticas Neoliberales aplicadas de manera contundente en nuestro continente, y a las medidas propuestas por el Consenso de Washington que en su aplicación reafirmaron las medidas de ajuste y privatización y marginaron los propósitos que estableció en relación con la equidad y mejora de las condiciones de vida de la población.

Según lo plantea Omar Guerrero (2004: 53-69), los rasgos esenciales del nuevo manejo público se definieron en términos de: su Orientación al Cliente, considerando que al igual que estos operan en un mercado competitivo también deben hacerlo al exigir al gobierno los bienes y servicios que necesitan, cubriendo los estándares de calidad que dicha clientela espera de su relación con el gobierno; respaldándose en la Privatización como proceso de racionalización del tamaño y operación del Estado, y como un medio para reducir el déficit público, generar fuentes adicionales de ingresos al erario público, la apertura del espacio gubernamental a la competencia, y el establecimiento o ajuste del marco normativo para incentivar a la iniciativa privada y el mercado.


Se considera, agrega el Dr. Guerrero, al Mercado como el gran referente de la economía actual, pero, también, desde esta perspectiva, de la política y en particular para los organismos estatales, de manera que viabiliza las políticas de privatización, desregulación y mejora regulatoria, los incentivos para la competencia, la transparencia y rendición de cuentas, la eficientización organizativa y operativa de las dependencias y empresas públicas, así como el desarrollo de procesos y la medición de resultados, entre otros aspectos; el otro rasgo fundamental de este esquema es la Competencia, el proceso esencial característico del funcionamiento del sistema capitalista, cuyas consecuencias deseadas en el ámbito gubernamental son que, en la medida que ésta ocurra, se vean reflejadas en el incremento de la calidad de los servicios de sus proveedores y los que canalizan a sus clientes, y, también, que los costos de sus procesos se optimicen a medida que se busca su posicionamiento en el mercado o el reconocimiento de sus clientes.

Aun cuando los implementadores de las políticas neoliberales insistieron en este tiempo acerca de los beneficios que acarrearía su aplicación en países en desarrollo, el incremento de la pobreza y extrema pobreza, y las consecuencias asociadas a ellas, en todo el mundo dan cuenta de la cruel realidad que se vive. Bernardo Kliksberg ha denunciado que:
«La pobreza masiva constituye un escándalo en un mundo que ha alcanzado posibilidades excepcionales de producción de bienes y servicios. Los acelerados descubrimientos en biotecnología, genética, ciencias de los materiales, comunicaciones, y otros campos han disparado las potencialidades productivas. Sin embargo, no llegan a incidir en la vida cotidiana de los pobres y, por el contrario, su número crece (son 4,100 millones actualmente). Detrás de la pobreza hay una aguda desigualdad que la genera, la reproduce y la amplía.» (Kliksberg, 2001: 36)

La realidad ha evidenciado la crisis del pensamiento económico convencional sobre el cual se han postulado las medidas de reforma y ajustes. La compleja realidad ha demostrado que recetas homogéneas que privilegian planteamientos económicos no son suficientes en la medida que esta complejidad, exponenciada por el mismo proceso globalizador del sistema capitalista, exige un diagnóstico más preciso, multidimensional que incorpore el debate con los destinatarios de tales prescripciones. En esta reflexión se requieren, además de las soluciones técnicas, soluciones de diversa índole: sociales, políticas, culturales, económicas, de sustentabilidad ambiental, científicas y tecnológicas, de desarrollo institucional y formación de capacidades, de corte ético, de aliento a la democracia, la justicia y los derechos humanos, etc.

En la discusión disciplinaria sobre la revaloración del Estado y la administración como alternativa a los planteamientos de corte neoliberal y a las estrategias de la nueva gestión pública, se ha recuperado el sentido propuesto por el análisis y diseño de políticas públicas, en cuanto a los componentes que necesariamente deben considerarse en tales procesos: la racionalidad gubernamental y la publicidad como elemento que democratiza la acción pública, que provee información fundamental para la toma de decisiones y que brinda legitimidad al gobierno. Con base en ello, ante los graves problemas de inequidad, se ha considerado una perspectiva alternativa para el quehacer gubernamental, la gerencia social desde el gobierno, para que, mediante la integración social (construcción de capital humano, potenciación de capital social y generación de oportunidades) y la apertura de espacios de participación social hacia una democracia deliberativa, se generen soluciones integrales para enfrentar la pobreza y la desigualdad, y a sus problemas asociados. (Canudas y Lorenzelli, 2005: 5)


Más allá de la consideración moral en términos de legitimidad que representa la participación social, ésta se ha convertido en los últimos años en una estrategia para diseñar e instrumentar políticas  públicas de atención a los principales problemas que aquejan a la sociedad, para impulsar proyectos productivos de beneficio colectivo y para propiciar una nueva relación con el gobierno. Es un medio para la publicidad en la actuación del gobierno, una forma de expresión de la vida democrática y un espacio al que se debe atender durante todo esfuerzo de gobernabilidad democrática.

Estas reflexiones, incluso, han permeado a los organismos financieros internacionales. Por ejemplo, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha puesto atención a estos asuntos, buscando trascender las reformas impulsadas desde sus oficinas, y proponiendo replantear mediante mecanismos democráticos la gobernabilidad de los países de la región, focalizar esfuerzos para atender el problema de la pobreza y promover la inclusión social, impulsar la justicia hacia toda la población, mejorar las capacidades institucionales y administrativas de loa gobernantes y sus cuadros administrativos, y fomentar la gestión social como expresión de las tareas del gobierno ante los retos del desarrollo.

Instrumentos promovidos desde el enfoque de nueva gestión pública, como la gestión por resultados, se colocan y valoran ahora en el contexto en que se aplican, los países en vías de desarrollo, y se proponen como una alternativa para impulsar el bienestar y mejoramiento de las condiciones de vida de la población la gestión para resultados en el desarrollo de la región (García y García, 2010: 5). Si bien se le considera como un medio para combatir los efectos nocivos gestados en el seno del modelo tradicional burocrático, como el clientelismo, la corrupción, la opacidad y dilación administrativa, etc., se ve en este tipo de gestión un medio para imprimir mayor racionalidad a los sistemas administrativos, fomentar la democracia y la equidad social, así como hacer un mejor uso de los recursos de que dispone el Estado y condicionar su planeación, gestión, monitoreo y evaluación.

De esta manera se viene reflexionando que las acciones de carácter eminentemente técnico-administrativo, cuando se trata del gobierno, tienen consecuencias políticas, tanto de índole social como pública. Esto significa, desde otra perspectiva, que el Estado y sus organizaciones tienen como compromiso de desarrollar una gobernanza democrática. Es decir, como lo ha consignado Peters, si bien es importarte preocuparse de manera  «…funcional por la capacidad de tomar decisiones, también debieran preocuparse por la forma en que esas decisiones se toman. En particular, la democracia también debiera llegar a ser un estándar para la gobernanza.» (Peters, 2007: 5)

Como se ha planteado, a través del tiempo el estudio de la Administración Pública ha estado en contacto con las teorías, principios, métodos y herramientas del mundo de los negocios. El nuevo manejo público ha formado parte de las estrategias propuestas por el Neoliberalismo para configurar, primero, un Estado mínimo y funcionalmente limitado, y, posteriormente, impulsar un modelo de gestión alternativo al tradicional burocrático y conveniente con el proceso de apertura comercial y la globalización. Esta coincidencia de propósitos ha tenido consecuencias negativas, tanto en el plano del bienestar social y del mejoramiento de la calidad de vida de la población como en perversión del sentido vital del Estado mismo así como en  el cumplimiento de los compromisos funcionales de las instancias gubernamentales.

Se ha propuesto sumar esfuerzos para reconfigurar este estado de cosas y perfilar un Estado social inteligente (Kliksberg, 2010), considerando que éste y la administración pública tienen su origen en la sociabilidad del hombre, y que su razón de ser se desprende de su doble naturaleza, política y administrativa, para consolidarse como entidad política y pública y para atender las necesidades y expectativas sociales (Guerrero, 1981).  Lo cual lleva a pensar que, en un contexto relacional entre Estado y sociedad (Jessop, 2008), su estudio es multifactorial y no sólo determinado por criterios económicos, los que, a su vez, forman parte de este entramado de relaciones sociales que en su evolución interactúan con otros ámbitos como el social, el político, el institucional, el ambiental, el tecnológico, etc.


Finalmente, hay que resaltar que la asunción de modelos interpretativos y estrategias de acción gubernamental importadas de manera acrítica tendrán, en principio, resistencias e incluso rechazo en el ámbito de su aplicación. Si estos planteamientos son propios de otros contextos, su éxito se torna dudoso, toda vez que la misma receta no aplica igual a dos pacientes con características fisiológicas distintas, y de igual manera ocurre en el caso de los países si el traslado de estas políticas se da hacia un ámbito con rasgos regionales diferentes o incluso diametralmente opuestos. Más aún, si con su implementación atentan contra el desarrollo, bienestar social y calidad de vida de la población.

En nuestro contexto se han planteados caminos alternativos (CLAD, 2010) a la visión que se ha aplicado en los últimos años en nuestra región, el cual se fundó en un interés fuertemente economicista y una concepción minimalista del Estado. En un ámbito donde las desigualdades sociales son profundas, dicho modelo las acentuó. Cabría, entonces reflexionar y pugnar por opciones como estas otras que insisten por actuar en favor de la democratización de las instituciones políticas y la gestión gubernamental; apuntalar los procesos y sistemas de profesionalización de los servidores públicos -en todos sus niveles- con el fin de mejorar sus capacidades y alimentar su compromiso de servicio; modernizar al gobierno mediante el aprovechamiento de los avances científicos y tecnológicos, realizando acciones para su desburocratización y favoreciendo criterios de eficiencia, efectividad y democratización del Estado, con el compromiso de dar resultados para el desarrollo de la población; mejorar las capacidades estatales para replantear los patrones de gobernanza pública, mediante procesos de descentralización, coordinación, tejido de redes con organismos y grupos de la sociedad, orientar de manera racional la acción de gobierno sometiéndola al escrutinio público y haciendo efectivo el principio de responsabilidad de quienes no cumplan con sus compromisos o afecten los intereses de la sociedad; impulsar una ética pública, la cultura de la calidad en el servicio y los principios democráticos como una forma de mida y actuación de los gobernantes.

El significado etimológico de administración pública es servir al pueblo. Es imprescindible retomar y valorar el sentido de lo que hemos construido a través de los siglos.

 
Fuentes de Consulta:

Bonnin, Charles-Jean. 2004. Principios de administración pública, Compilador y Estudio introductorio de Omar Guerrero. México: Fondo de Cultura Económica.
Canudas, Rocío del Carmen y Marcos Lorenzelli. Coordinadores. 2005. Inclusión social una perspectiva para la reducción de la pobreza. Tegucigalpa, Honduras: Instituto Interamericano para el Desarrollo Social (INDES) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Casilda, Ramón. 2005. América Latina: Del Consenso de Washington a la Agenda del Desarrollo de Barcelona. Documento de Trabajo (DT) 10/2005. Madrid: Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos.
Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD). 2010. Gestión Pública Iberoamericana para el siglo XXI. Documento aprobado por la XL Reunión Ordinaria del Consejo Directivo del CLAD Santo Domingo, República Dominicana, 8-9 de noviembre de 2010.
García López, Roberto y Mauricio García. 2010. La gestión para resultados en el desarrollo. Avances y desafíos en América Latina y el Caribe. Oficina de Relaciones Exteriores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Guerrero, Omar. 1981. La Administración Pública del Estado Capitalista. Barcelona: Editorial Fontamara.
Guerrero, Omar. 2004. La nueva Gerencia Pública. Neoliberalismo en Administración Pública. México: Distribuciones Fontamara.
Jessop, Robert. 2008. El futuro del Estado capitalista. Madrid: Los Libros de la Catarata.
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Ordaz Alvarez Arturo. 1999. Los cambios en la Sociedad y el Estado Moderno y sus implicaciones en la Administración Pública. Colección Ensayos de Administración Pública No. 1, Primera Época. Hermosillo Sonora, México: Universidad de Sonora.
Peters, B. Guy. 2007. “Globalización, gobernanza y Estado: algunas proposiciones acerca del proceso de gobernar”. Publicado en la Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 39. (Oct. 2007). Caracas: CLAD. Documento presentado en el XI Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Ciudad de Guatemala, del 7 al 10 de noviembre de 2006. 
Ramírez, Edgar y Jesús Ramírez. 2011. “Génesis y desarrollo del concepto de Nueva Gestión Pública”. En Enrique Cabrero (Compilador), Administración Pública, México: Siglo XXI Editores/Escuela de Administración Pública del Distrito Federal. Pp. 60-108.
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Wilson, Woodrow. 1887. “The Study of Administration”. Political Science Quarterly, Vol. 2, No. 2 (Jun., 1887). New York: The Academy of Political Science. Pp. 197-222.